Antonio López, el pintor que sigue yendo en metro

Un ciclista interrumpe el trabajo de Antonio López para hacerse una foto con él en el documental.

El artista muestra su manera de trabajar y desgrana su filosofía vital en un documental que se acerca con respeto al maestro

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

En una de las primeras escenas de 'Antonio López. Apuntes del natural', un ciclista interrumpe el trabajo del maestro en un descampado a las afueras de Madrid para felicitarle campechano y hacerse una foto con él. Quizá no haya otro pintor español vivo más reconocido por el ciudadano de a pie, que venera a ese viejito que tarda años en terminar cuadros que parecen fotografías.

El director Nicolás Muñoz es hijo de los pintores realistas Lucio Muñoz y Amalia Avia. Conoce perfectamente la manera de trabajar de López (Tomelloso, Ciudad Real, 1936) y su filosofía vital. Después de que Víctor Erice siguiera en 1992 el proceso de pintar un membrillero en un filme reconocido de manera unánime como una obra maestra, 'El sol del membrillo', resulta una osadía tratarse de acercar a uno de los pintores españoles más cotizados. Muñoz lo hace con respeto y sin florituras en un documental de hora y media que este viernes llega a los cines y el domingo por la noche se estrenará en el programa 'Imprescindibles' de La 2.

«La condición que nos puso Antonio para rodar era 'sin prisa, sin agobiar'», cuenta el director. «Nos lo tomamos en serio. Rodábamos un día y podían pasar dos meses hasta que volvíamos a llamarlo y otros dos hasta que conseguíamos grabar». López aparece con su habitual desaliño al vestir, sin afeitar, inmerso en lienzos que capturan paisajes urbanos. Cuenta que prefiere los edificios anodinos, poco reconocibles, porque en ellos transcurre la vida de la gente.

Antonio López felicitado por sus admiradores en una exposición.
Antonio López felicitado por sus admiradores en una exposición.

También se le muestra en el taller-fundición donde modela sus esculturas como si fuera un obrero metalúrgico. Sentada y paciente, su mujer, la también pintora María Moreno, aparece en segundo plano.

Antonio López solo deja de pintar para dar clases a alumnos que solicitan embelesados un consejo del maestro. Para todos los curiosos, aunque sean impertinentes, tiene una palabra y un gesto de afecto. Sigue yendo en metro. «No sé si Antonio es rico, no lo creo, por más que cuesten sus cuadros, teniendo en cuenta que quizá no pinta más de uno al año», reflexiona Nicolás Muñoz. «No hay nada impostado en su forma de ser. Le da importancia a vender porque vive de ello y considera que el reconocimiento de los demás es el paso final de su trabajo. Ha vivido rodeado de artistas que él valora y que no han conseguido lo mismo».