Adiós a Larry Cohen, mito del cine independiente de género

Larry Cohen, en un documental./
Larry Cohen, en un documental.

'La serpiente voladora', '¡Estoy vivo!', 'In-Natural (The Stuff)', 'Maniac Cop' o 'El abogado del diablo' son algunas de las cintas que llevan su sello

Borja Crespo
BORJA CRESPO

Hubo un tiempo en el cual visitar el videoclub era un mundo de increíbles posibilidades para una generación marcada por el cine de género de los años 80. En los pasillos de los obsoletos establecimientos podías encontrar títulos extraños e ignotos, gracias a la avalancha de ediciones en formato VHS que, en muchas ocasiones, se saltaban a la torera los derechos de reproducción y copaban las estanterías ofreciendo un abanico de propuestas de toda índole, mezcladas entre sí, sin orden ni concierto. En las plataformas populares de entretenimiento en streaming actuales, excepto Filmin, no conviven igual el cine de serie B, el Z y el mainstream. En aquella época se gestó el término cinéfago, rematado en los 90, cuando la carátula de un filme de John Carpenter se ofrecía al lado de la última de Arnold Schwarzenegger, o una producción aparentemente casposa de llamativo título como 'La serpiente voladora'. Entonces, cuando el vocablo 'blockbuster' cogía vuelo, reinaban nombres como el de Larry Cohen (Manhattan, 1941-2019), un nombre indispensable del fantaterror, fallecido ayer domingo 24 de marzo en Los Ángeles a los 77 años. Los aficionados a una manera libre de entender el cine, sin presiones presupuestarias ni corsés creativos, están de luto. No siempre la rentabilidad económica inmediata ha estado por encima de la imaginación.

Con la marcha de Larry Cohen se va un símbolo del cine de explotación y la serie B, un cineasta básico a la hora de entender el cine fantástico más subterráneo, que goza de numerosos fieles curtidos en el videoclub. «Se ha ido un grande», comentaba ayer mismo el crítico Fausto Fernández en su perfil de Twitter. «Un autor que de verdad era cine independiente, y no la pose esa de indie. Hasta siempre, maestro». «Un cineasta realmente indie sin aditivos autorales», subrayaba también Ángel Sala en redes sociales, director del Festival Internacional de Cine de Sitges, donde el guionista y realizador malogrado fue a presentar su capítulo dentro de la antología 'Masters of Horror', 'Trayecto al infierno' (2005), con Fairuza Balk como protagonista, su último trabajo reconocido tras la cámara. Tras irrumpir en el medio audiovisual a finales de los años 60 con la serie de culto 'Los invasores' y titubear en sus comienzos con el blaxploitation, con títulos como 'Guerra en Harlem' o 'El padrino de Harlem' (1973), que escribía y dirigía, rodó su primera cult-movie reconocida, '¡Estoy vivo!' (1974), cuya portada, luciendo desafiante en el estuche VHS, provocó el efecto terror-fascinación en más de una infancia (y adolescencia). El relato macabro de un bebé deforme que nace con ganas de matar cuenta con dos secuelas ('Sigue vivo' ,1978, y 'It´s Alive 3: Island of the Alive', 1987) y un remake fallido de 2008, además de haber nutrido a numerosas cintas de género con una idea tan delirante como escalofriante (que algunos han relacionado con el aborto).

Carne de videoclub

El recién nacido mutante de '¡Estoy vivo!' funcionó en taquilla, entró en la historia del cine por la puerta de atrás. Es un buen ejemplo de una película desvergonzada vapuleada en las dichosas puntuaciones de usuarios de internet. No se entiende dentro de los parámetros del cine convencional, como tantas obras indispensables de género. Analizada en su contexto, nos muestra a un autor que emplea el terror y la serie B para reflejar metafóricamente problemas de su tiempo, extensibles a nuestros días. El mismísimo Roger Corman le produjo 'Demon' (1976), donde una serie de asesinatos por mandato divino apuntaban al Antiguo Testamento. 'La serpiente voladora' (1982), la joya de la corona en la sección de terror y fantasía de muchos videoclubs ochenteros, narraba cómo un dios azteca se encarna en una serpiente voladora que aterroriza Nueva York. Las escenas de animación en stop motion resultan entrañables como espectador libre de prejuicios. Los presupuestos ajustados no permitían a Cohen rematar los efectos especiales, aunque su sentido del humor excéntrico salva de la quema sus divertidos intentos de aterrorizar con mensaje a la platea, como la mítica 'In-Natural (The Stuff)' (1985), alegato anticonsumista de difícil digestión si no buscas algo más que un cine de factura técnica impecable (muchas veces carente de vida). Deudora de la genial 'La cosa' de Carpenter, y de un clásico indiscutible como 'La invasión de los ladrones de cuerpos', presenta a una sociedad zombificada por culpa de la compra masiva de un yogur de moda, con propiedades extrañas y terribles efectos secundarios tras su ingesta. Los estragos de la publicidad.

Larry Cohen, junto a Sharon Farrell, en el rodaje de '¡Está vivo!'.
Larry Cohen, junto a Sharon Farrell, en el rodaje de '¡Está vivo!'.

Cohen, estandarte del cine de horror y ciencia-ficción con tintes policiacos, firmó rarezas poco apreciadas como la comedia 'La bruja de mi madre' (1989), con Bette Davis y Barbara Carrera. 'Regreso a Salem's Lot' (1987), 'La ambulancia' (1990) y 'Hot City' (1996) asoman la cabeza en su peculiar filmografía, a la que hay que añadir sus interesantes aportaciones como guionista para otros directores, especialmente thrillers con elementos de terror cuando toca. La trilogía 'Maniac Cop' lleva su sello, a las órdenes de William Lustig, otro francotirador del celuloide de género. Lejos de estancarse, no siempre afrontó libretos con espíritu underground, con su particular visión del medio. A principios del nuevo siglo le dio por alimentar la intriga en historias donde los teléfonos móviles formaban parte de la trama. 'Última llamada' (2002) arrasó en la cartelera con Colin Farrell encabezando el reparto y Joel Schumacher a los mandos. 'Cellular' (2004), con Kim Basinger, incidía en el tema. 'Yo, el jurado' (1982), 'Best Seller' (1987), 'El abogado del diablo' (1993), de Sidney Lumet, o 'Captivity (Cautivos)' (2007), son también muestras del trabajo como juntaletras de un cineasta que lo mismo se hacía cargo del guión de 'El regreso de los siete magníficos' (1966) que rodaba 'The Private Files of J. Edgar Hoover' (1977) o algunos capítulos de 'V.I.P.', la serie de televisión de Pamela Anderson. A modo de homenaje, cabe reivindicar el documental 'King Cohen: The Wild World of Filmmaker Larry Cohen' (2016), de Steve Mitchell, con testimonios e imágenes de la vida y obra de un grande del séptimo arte sin complejos.