Jonah, la bestia cansada

Edward Bunker, a la derecha, junto con John Voight en 'El tren del infierno'./
Edward Bunker, a la derecha, junto con John Voight en 'El tren del infierno'.

El delincuente, escritor y actor Edward Bunker interpreta en 'El tren del infierno' a un recluso incapaz de luchar por la libertad pero dispuesto a usar la extrema violencia por sus amigos

ÓSCAR B. DE OTÁLORA

Jonah ya está cansado para la libertad. Todavía puede destripar a un preso si debe vengar el intento de asesinato de un amigo pero no tiene fuerzas para escaparse de una prisión de alta seguridad, en medio del desierto helado de Alaska. Jonah, ya no resiste las palizas y como mucho mira por la ventana de la enfermería, después de que los guardianes le hayan dejado en silla de ruedas tras apalearlo, pensando en su compañero que huye a través de los glaciares. Si la libertad tiene un precio, Jonah no está dispuesto a pagarlo. En los fotogramas finales de la película el 'Tren del infierno', Jonah es la melancolía atrapada entre barrotes. En el exterior nieva.

'El tren del infierno', presentada en 1985, es un película extraña. Esta dirigida por Andrei Konchalovski -un buen director ruso ahora caído en desgracia- y con un guión en el que intervinieron desde el mítico Akira Kurosawa a Edward Bunker, un delincuente salvaje, redimido a través de la literatura y que en los años 80 se convirtió en un icono del cine de acción norteamericano. Precisamente, Jonah está interpretado por el propio Bunker, que en los siguientes años participaría en obras como el ya clásico 'Reservoir Dogs', de Tarantino, donde interpretaría al 'señor Azul'.

'El tren del infierno' es una historia sobre hombres convertidos en bestias. La sinopsis es muy sencilla. Dos presos se escapan de un cárcel de alta seguridad en Alaska y son perseguidos por un alcaide psicópata. En su fuga se esconden en un tren que, por distintas circunstancias, pierde la dirección y se convierte en un máquina fuera de control en las vías heladas. Los dos reclusos deberán intentar salvar su vida enfrentados a una locomotora imposible de controlar -un remedo de una bestia metálica sin lógica ni raciocinio- y al responsable de la cárcel, que ha desechado la posibilidad de detenerles y les persigue con el único objetivo de acabar con su vida. Es una historia con pocos actores. John Voight interpreta a Manny el preso más peligroso jamás retratado en el cine. En las primeras escenas confiesa que está en guerra contra el mundo y su rostro desfigurado por los golpes atestigua que esa frase es algo más que una declaración. Eric Roberts representa al pupilo inmaduro que escapa con él. Rebecca de Mornay, por su parte, es una inesperada pasajera que aparece en el tren y que refleja al único ser humano que aparece en la pantalla.

«No soy tal bestia»

Edward Bunker interpreta a Jonah, el último amigo que le queda al demente Manny. Es un preso de alrededor de 70 años de edad que reconoce que ya no sabe vivir fuera de prisión. Su imagen, con la cabeza rapada, enorme, el rostro desgastado por la vida, es el mejor reflejo de ese mundo que quería representar el director -y el propio Kurosawa- repleto de hombres que están más allá de cualquier piedad o sentimiento de compasión. El papel de Jonah, en este sentido, sirve para mostrar uno de los pocos rasgos que todavía hace parecer humano a Manny. Los dos dinosaurios se abrazan en el patio en reconocimiento de una camaradería de machos alfa. Cuando intentan matar a Manny, Jonah se sacrificará por él y dejará que los agentes le destrocen en el suelo a golpes de porra. Antes matará a quien ha intentado acabar con la vida de su compañero. La actitud de todos los personajes que aparecen en la película se resume en una frase del Ricardo III de Shakespeare que Bunker resumió para su primer libro y que cierra la película. No existe bestia tan feroz que no sienta alguna piedad. Yo no siento ninguna; luego no soy tal bestia.

'El tren del infierno' recibió tres candidaturas a los Oscar por el mejor actor, para John Voight; para el mejor actor secundario, para Eric Roberts, y para el mejor montaje, para Henry Richardson, aunque no se llevó ningún galardón. Voight, sin embargo, sí ganaría un Globo de Oro. La película también estuvo nominada a la Palma de Oro de Cannes.