Psicología

Disciplina positiva o cómo educar a tus hijos con firmeza y cariño

Disciplina positiva o cómo educar a tus hijos con firmeza y cariño
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Este modelo educativo nos ayuda a comprender la conducta inadecuada de los niños y a tomar conciencia de nuestras prácticas como padres aplicando herramientas sociales de respeto mutuo

PAULA FERNÁNDEZ SOLÓRZANOSantander

Se escucha hablar mucho de este modelo educativo, pero ¿sabemos realmente en qué consiste la disciplina positiva? Por resumir, se trata de educar desde la amabilidad y la firmeza.

Esta metodología nos ayuda a comprender la conducta inadecuada de los niños, a entender su comportamiento, a tomar conciencia de nuestras prácticas educativas y a abordar de forma positiva sus actitudes. Eso sí, siempre de manera firme y respetuosa, tanto para el niño como para el adulto.

Se basa en el manejo de herramientas sociales como la comunicación, el amor, el entendimiento y la empatía que aplicaremos para entender el comportamiento de los pequeños y reconducirlo con respeto mutuo y de manera positiva.

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La disciplina positiva está diseñada para ayudarnos a convertirnos en adultos responsables, respetuosos y llenos de recursos. «Padres y maestros no pueden seguir funcionando como jefes, deben adquirir la habilidad de ser líderes democráticos», aseguró Rudolf Dreikurs en Social Equality the Challenge of Today.

Se trata de un método educativo que sirve para padres, maestros, personal de guarderías, personas que trabajan con jóvenes e, incluso, para aplicar en las relaciones de pareja. Reivindica que la disciplina debe ser enseñada y que al ejercerla se enseña.

Existen cinco pilares básicos en la disciplina positiva que son:

1. Propone actuar de forma amable y firme al mismo tiempo. Un comportamiento respetuoso y motivador, que apueste por el respeto mutuo.

2. Contribuye a que los niños se sientan importantes, sentidos y significativos. Implica, por tanto, vinculación saludable y conexión.

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3. Su objetivo es que resulte eficaz a largo plazo. Sin castigos. Una disciplina que enseñe no es ni permisiva ni punitiva. La disciplina positiva anima a enfocarse en soluciones, en lugar de en castigos. El castigo puede ser efectivo a corto plazo, pero tiene consecuencias negativas a largo plazo. Siempre existen alternativas a castigar a los pequeños.

4. Enseña habilidades para la vida y considera el error como oportunidad de aprendizaje. Implica valores como respeto, interés por los demás, participación, colaboración, responsabilidad, habilidad para resolver problemas fomentando el sentido de comunidad y 'conectando' con el niño… Así, una disciplina efectiva es la que busca las razones que hacen actuar a los niños de cierta manera y trabajar sobre esas razones para cambiar la creencia, en lugar de intentar cambiar solamente el comportamiento.

5. Ayuda a que los niños desarrollen sus capacidades, las fortalezas individuales y sean conscientes de ellas. Se busca que sea alentadora, en lugar de alabadora. Cuando alentamos, ponemos atención al esfuerzo y la mejoría, no simplemente al éxito. Esto fortalece la autoestima y estimula.

Pero, ¿es posible educar con cariño y firmeza a la vez? La respuesta es sí.

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Aquí compartimos unas breves pautas, de las más de 52 que aporta la disciplina positiva, que os ayudarán a iniciaros en este mundo. Recuerda siempre que estas herramientas hay que utilizarlas de manera flexible, porque no todos los niños son iguales.

-Céntrate en soluciones y no en las consecuencias.

-Involucra al niño en las soluciones. Olvidamos que los niños tienen recursos y, muchas veces, no les damos oportunidad de demostrarlo.

-Conoce quiénes son ellos. Métete en su mundo y trata de entender su punto de vista. Cuando tienes fe en él, es más fácil dejar de controlar, corregir y castigar.

-Supervisa. Que sientan acompañamiento a través de la confianza.

-Haz preguntas, no sermonees. Es más probable que el niño escuche después de ser escuchado.

-La rutina ayuda, evita desacuerdos y declina la lucha de poder.

-Aplica la 'R' de recuperación: reconocer, reconciliarse y resolver.

-Aprender a que la única conducta que puedes controlar es la tuya.

-Animar y motivar versus alabar y recompensar.

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Yo he comenzado a aplicarlo con mi hija India y me funciona bastante mejor de lo que me imaginaba, pero aún me queda mucho que aprender y, sobre todo, educarme a mí misma para poder transmitírselo a mi pequeña.

Una semana más, espero que este post os inspire y despierte el interés por esta corriente educativa. Os espero la semana que viene, mientras nos vemos en mi blog o por las redes sociales: Facebook, Twitter e Instagram.

¡Hasta pronto, familias!