Mayores metidos en tallas de niños en Bizkaia

Virginia Martínez, diseñadora gráfica de 29 años, lleva una cazadora de Snoopy que se compró en la zona infantil de Zara./Manu Cecilio
Virginia Martínez, diseñadora gráfica de 29 años, lleva una cazadora de Snoopy que se compró en la zona infantil de Zara. / Manu Cecilio

Numerosos adultos vizcaínos, usuarios de la 'S', se visten en las secciones de pequeños con ropa que les sale «más barata y encima es tendencia total»

Luis Gómez
LUIS GÓMEZ

En uno de los episodios más divertidos de 'Sexo en Nueva York', la serie que desgranaba a finales de los noventa las andanzas en la cama de cuatro treintañeras, la fogosa Samantha Jones (Kim Cattrall) se disponía a consumar una nueva aventura sexual, pero finalmente terminó desistiendo del ligue de aquella noche, un tipo de baja estatura, al descubrir por causalidad que vestía chaquetas de la talla 'kids'. Aquel hecho le bajó la libido, pero dejó bien a las claras que tanto en Nueva York como en el resto del mundo (también Bilbao) hay muchos adultos, usuarios de la talla 'S', que no pasan de largo por las secciones de ropa de niños. Por varias razones, pero fundamentalmente porque estas prendas les caen como un guante y, además, son bastante más baratas. Son muchos los vizcaínos que ojean y acaban comprando la talla más grande (13/14) disponible para los pequeños. Cuatro de ellos explican las razones.

Virginia Martínez - Diseñadora gráfica, 29 años «Me da vergüenza entrar al probador»

A punto de entrar en la treintena como la cuadrilla de Carrie Bradshaw, esta diseñadora gráfica es una habitual de la «planta alta» de la 'flagship' de Zara de la Gran Vía. «Compro mucha ropa aquí y también mi madre», confiesa. Las dependientas la conocen de sobra y ella está encantada. «Es una ropa dulce, divertida, muy cuqui y encima bastante más económica que la de adultos», subraya. Mucho más de lo que la gente pueda pensar. «En algunos artículos puede llegar a suponer el doble», se felicita. Junto a Garbiñe, su ama, aprovechó la recta final de las rebajas de invierno para hacerse con cuatro camisetas. «Cada una me salió ... ¡3 euros!». Entre las prendas adquiridas destacaban unas con dibujos de perros dálmatas, uno de los modelos más vendidos de la pasada temporada. «Mi ama se compró también unas cuantas», recuerda.

Virginia usa la talla S. Así que la 13-14, la más grande en las colecciones de pequeños, le viene «de cine». Esta bilbaína no solo tira de ropa, también de calzado: zapatillas deportivas, botines... Ficha todo lo que puede. «Venden hasta la 38 y yo tengo la 37, así que perfecto», explica. Solo pone un pero, aunque en realidad son dos. Sigue pasando mucha vergüenza cada vez que advierte miradas indiscretas al entrar a los probadores y coincidir en la calle con niñas con la misma ropa que la suya. «Me da no sé qué ir como ellas. En cuanto las veo me cambio de acera», se sincera. Como contrapartida, Virginia es la envidia de muchas de sus amigas. «Algunas me preguntan '¿dónde te has comprado eso?', pero luego se llevan un chasco porque ellas no entran en estas tallas». Martínez lo tiene claro: «Seguiré comprando aquí porque son prendas de tendencia y moda total, con tantos motivos de leopardo».

María Varela - Enfermera, 41 años «Ni quiero ni visto como una niña»

Esta gallega afincada en la capital vizcaína desde hace 20 años frecuenta habitualmente las secciones de pequeños. Tira fundamentalmente de camisetas y sudaderas, «prendas básicas», de Zara y H&M. Lo hace no tanto por el dinero que se ahorra, «que tampoco es mucho» -«puede llegar a ser un 10% y un 20% más barata», especifica-, como por lo mucho que le gustan estos diseños. A veces, «mucho más que los de adultos», admite. Varela insiste en aclarar que ella no viste como una niña, sino que compra «en las secciones de niños, que es muy distinto. Lo hago desde siempre. Pero jamás se me ocurriría vestir como una niña».

También dice que no todas estas prendas le sientan bien. Se refiere, sobre todo, a los pantalones y, especialmente, los vaqueros. Cree que al diseñarse con «corte de niña no se adaptan al cuerpo de la mujer». Del mismo modo que ella se beneficia de lucir una 'S', asegura que hay chavalas que no entran en sus tallas estándares y deben comprar «las más pequeñas de los mayores».

Como Virginia, la semana pasada se compró dos jerséis, dos camisetas y un mono con las rebajas tocando la bocina. Se relame por el precio de las gangas que encontró.

Josu Gómez - Frutero, 41 años «Me ilusiona vestir igual que mi hijo»

No solo las mujeres son consumidoras de estas prendas. Hombres como Josu Gómez se dirigen a estas estanterías para hacerse «principalmente» con ropa de verano: polos, camisetas «y algún jersey fino. Las chaquetas no me valen», asegura. Tampoco los pantalones, ya que en vaqueros usa una 29. «No me entran». Las marcas que mejor le sientan a este frutero de Retuerto son Ralph Lauren y Tommy Hilfiger.

Una de las cosas que más le ilusiona a Josu es poder vestir ir «igual» que su hijo. «La ropa de niños es muy parecida a la nuestra, aunque más barata. Puede resultar petulante, pero es gracioso ir los dos igual». Como Virginia, tampoco advierte miradas curiosas, pero reconoce que le sigue dando «un poco de vergüenza» entrar a los probadores. El tiempo debe curarlo todo.

Dice que lleva casi la mitad de su vida consumiendo moda de críos. «Empecé a los veintitantos y aquí sigo». Al calzar un 39, no le queda también «más remedio» que frecuentar las secciones de los pequeños para encontrar buenos pares, ya que no dispone de una gran oferta. «Muchas marcas no tienen modelos por debajo de mi número. Es lo que tiene calzar un pie muy chiquitín», cuenta este frutero que disfruta de la bicicleta en sus ratos libres.

Pilar Rementeria - Ex jueza, 59 años «No hay diferencias en los diseños»

Jubilada por razones de salud, hace 15 años estaba mucho más delgada que ahora y era cliente habitual de Zara niños. Por pura necesidad. Las tallas que, en teoría, le correspondían por edad, le quedaba muy grandes. Compraba, como María, diseños desprovistos de connotaciones infantiles, pero nadie de su entorno advirtió que vistiera ropa de críos. «Era imposible. No había prácticamente diferencias porque los diseños eran muy parecidos». Durante mucho tiempo pobló su armario con básicos como camisas, pantalones y vestidos como los de las tallas «grandes, pero a mitad de precio».

Si ha dejado de hacerlo no es porque se haya cansado, sino por una razón de mayor peso. Ha ganado algunos kilos y ya no luce una talla «tan pequeña» como entonces. «Pero me pasé años y años comprando allí. ¡Qué felicidad comprar vestidos que me costaban 25 euros!», recuerda.

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