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La historia de Moussa o cómo llevar 20 años al frente de una tienda de alfombras únicas y artesanales en el centro de Bilbao
Llegó a Bilbao con 15 años y hoy sigue emocionándose con cada pieza que selecciona. Desde su comercio de Colón de Larreategui, mantiene vivo un oficio que combina arte, cultura y tradición familiar
«Una alfombra es una obra de arte», dice convencido Moussa Bahraoui, que acaba de cumplir 20 años al frente de Alfombras Ámbar, ubicada ... en el número 50 de Colón de Larreategui. La tienda es uno de los pocos reductos en Bilbao donde se pueden comprar alfombras procedentes del norte de África, Asia y Europa, con piezas de Marruecos, Turquía, Pakistán, Afganistán y Egipto. El amor por las alfombras de Moussa, que ahora tiene 52 años, corre por sus venas desde su infancia, cuando en su Marrakech natal miraba fascinado cómo su abuelo entrelazaba hilos nudo a nudo, creando piezas que eran mucho más que alfombras: eran cultura, tradición y vida. También había heredado la pasión por el comercio, al que su familia se ha dedicado toda la vida, así que, de algún modo, siempre supo que su destino sería unir ambas pasiones.
Moussa llegó a Bilbao con tan solo 15 años. «Primero vino mi padre. También pasó un tiempo en Italia, pero al final esto le gustó más y decidió quedarse aquí. Después vinimos toda la familia», recuerda. Desde joven quiso seguir los pasos de su padre: trabajar con honestidad, atender a las personas y construir algo propio. En 2005 fundó su propia empresa de alfombras, que ha crecido junto a su familia durante más de dos décadas. También tuvieron una tienda en Tudela, pero finalmente la cerraron. Hoy tiene cuatro hijos: el mayor de 25, el siguiente de 21, y dos pequeños de 6 y 7 años. «Los mayores ya han terminado la universidad; se dedicarán a la Medicina y a la investigación. Mi mujer también ha estado trabajando conmigo, pero como nos vinieron dos pequeños de sorpresa, ahora se dedica a la familia», explica.
Para Moussa, cada alfombra tiene alma, porque está hecha a mano y lleva la huella de varias personas que aportan su arte y esfuerzo. Sus proveedores conocen su exigencia: saben que observa cada detalle, selecciona personalmente cada pieza y reorganiza continuamente su local. «No vendo cualquier cosa, lo más importante es que me guste a mí. Por eso selecciono cada alfombra yo mismo. Es fundamental la combinación de colores, el lavado, el nudo… Al final, una alfombra es un cuadro que vas a estar viendo durante muchos años en tu casa. Tiene que gustar de verdad, porque será parte del hogar».
Pruebas en casa
Por eso, Moussa busca siempre la satisfacción completa del comprador. «Tengo con ellos una relación directa y cercana. Voy con la furgoneta cargada de alfombras, para enseñarles diferentes colores, diseños y texturas hasta que la persona encuentra la que realmente le gusta, incluso las probamos. Yo no me voy hasta que el comprador esté convencido, aunque tenga que estar dos horas. Ese es mi compromiso», asegura. Quizá por eso es ya toda una referencia para compradores no solo de Bilbao y alrededores, sino también de Santander, San Sebastián o Vitoria. «Las cosas han cambiado mucho en estos 20 años; ya quedan muy pocas tiendas que ofrezcan algo así en toda esta zona», apunta.
A lo largo de estos años, Moussa también ha visto cómo ha crecido el turismo en Bilbao, lo que ha supuesto un antes y un después para la ciudad y para los comercios. «Me compran muchos turistas. Hace poco mandé una alfombra a Corea: justo pasó un día por aquí, la compró y se la envié. Cada vez nos pasan más estas cosas», celebra.
A pesar de tantos cambios y las dificultades que pasa el comercio en general, Moussa confiesa que sigue enamorado de su trabajo. Cada alfombra que entra en su tienda sigue despertándole la misma emoción que sentía de niño en Marrakech, y sabe que cada pieza que coloca en una casa es un legado que se comparte. Sus hijos mayores seguirán caminos distintos, dedicándose a la Medicina y la investigación, pero con los pequeños no se atreve a predecir nada. «Quién sabe… tal vez alguno de ellos herede esta pasión por las alfombras y la tradición familiar. Mientras tanto, yo disfruto cada día haciendo lo que más me gusta y eso es un regalo», concluye con una sonrisa.
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