Los desfiles de La Encartada Moda, entre bambalinas

Todos preparados para «el paseíllo»/I. Mariscal, M. Ruiz, A. Morán y F. Ochoa
Todos preparados para «el paseíllo» / I. Mariscal, M. Ruiz, A. Morán y F. Ochoa

Los modelos son citados desde primera hora de la mañana para el fitting, pasan por peluquería y maquillaje, ensayan y tras vestirse con sus looks, llega el momento más esperado: mostrar las tendencias en la pasarela como sólo ellos saben

SARAI VÁZQUEZ

El elenco de modelos pasa, uno a uno, por el tocador de la sala que se ha establecido como 'backstage' esta quinta edición de La Encartada Moda. Todavía quedan más de dos horas para que comience el primer desfile del día en La Fábrica Museo La Encartada, en Balmaseda. Es un fin de semana repleto de moda. Diez diseñadores vascos y nacionales como Proyecto Hemen, Eder Aurre, Mal Studio Project, Moisés Nieto o 44Studio, entre otros, muestran su propuestas. Tienen lugar dos pases cada tarde (viernes y sábado). En cada uno de ellos, se muestran dos o tres colecciones. El equipo de maquilladores y peluqueros, arreglan sin descanso los rostros y cabello de los modelos. No hay tiempo que perder. Anteriormente, los diseñadores les han informado sobre cómo quieren su apariencia para el show. Esta vez, trabajan en un look natural. Algo de colorete, máscara de pestañas, sombra de ojos en blanco y los labios en tonalidades nude. El peinado va pegado a la cabeza. Las mujeres con raya en medio y coleta baja. A los hombres les arreglan el pelo a toque de secador, peine y mucha laca fijadora. Mientras tanto, muchos trastean con sus teléfonos o escuchan música. Cuando están listos, los hay quienes, encantados con el resultado, comparten inmediatamente un selfie en sus redes sociales. «Avisa a alguno de tus compañeros y que venga» les ordenan.

Los demás modelos están reunidos en una sala contigua. Charlan entre ellos y ríen. Amenizan como pueden la espera. La mayoría ya se conocían antes, habían coincidido en otros proyectos. Ahora son como un grupo de «colegas». En general vienen de la agencia de modelos bilbaína SF40. Sus perfiles son muy diferentes. Los hay quienes participan por primera vez en el evento, pero que a su vez, lo hacen a lo grande. Abren uno de los desfiles sin reparo. Es el caso de June Ibarloza, a la que descubrieron cuando compraba en un centro comercial. En el otro extremo se encuentra Mariana Padura, cuenta con cinco o seis años de experiencia en el mundo del modelaje y es su segunda vez en La Encartada Moda. Esta bilbaína además ha realizado trabajos a nivel nacional como en el Samsung EGO de Madrid o en la Ibiza Fashion Week. Esta mañana todos han sido citados a las 10.00 de la mañana para realizar el fitting. En él, los diseñadores asignan a cada modelo el look que mejor se ajusta para el desfile.

Es hora de repasar el recorrido en la pasarela, característico por la maquinaria textil que se aprecia a los lados. Todos en fila india, con su ropa de calle, bien atentos y en silencio, escuchan los consejos que lanza Alberto, el organizador del evento, mientras pasean. «Hay que hacer tres paradas y tiene que quedar natural», menciona. Uno a uno repiten las paradas marcadas y en el caso de que les asalten las dudas, lo repite una y otra vez, por si acaso. Andrea Donati es el director de la agencia SF40 y tranquiliza a los chicos nuevos que se incorporan a la pasarela por primera vez. «Solo es un paseíllo», les dice.

Destreza

A media hora del comienzo del primer pase de la tarde, los vestidores -voluntarios y personas de confianza de los diseñadores- apiñan a los modelos alrededor de los burros con los looks del show. Hay una percha por cada uno. En ella cuelgan las prendas y accesorios que completan cada modelito. En la parte delantera se aprecia el nombre del modelo que lo defenderá en la pasarela. Están dispuestos por orden de aparición. En el suelo, también aguarda el calzado correspondiente. El vestidor grita el nombre de cada uno y automáticamente, se retiran a un rincón más tranquilo para vestirse de una forma más cómoda. Se desprenden de sus ropas de calle con destreza y se visten con los nuevos modelos con ritmo. En cosa de minutos, todos lucen al compás. A quien se le resista una cremallera o prenda, espera hasta que se lo puedan solucionar. Quien ya esté listo, baja las escaleras que comunican con la antesala del desfile.

Todos parecen estar preparados para el momento de «la verdad». En instantes desfilarán con su mayor gracia. Disfrutan de sus nuevos looks y los comentan con sus compañeros. «Wow, me encanta», menciona alguno. Conforman una fila. Se basan en un trozo de papel que se ha adherido en la pared. Dicta el orden en la que tienen que mostrarse en el desfile. Es hora de que el creador de la colección ultime los estilismos de cada uno de los modelos. No puede fallar nada. Mete la camiseta por el pantalón de uno de ellos y abrocha de manera diferente la chaqueta de otra del grupo. «Quince segundos», exclama el regidor. Todo queda en silencio. Los rostros de los modelos reflejan verdadera concentración. Unos esperan el pistoletazo con sus miradas clavadas en el suelo, mientras que otros, comparten su emoción con sus compañeros en voz baja. La música suena y se abre el desfile. Uno tras otro, a la señal del regidor, entran en el desfile. ¡Que comience el show!