Calzoncillos a domicilio

Calzoncillos a domicilio

La firma, impulsada por dos ingenieros y una arquitecta de Albacete y Salamanca, se inspira en un artículo publicado en la edición digital de EL CORREO

Luis Gómez
LUIS GÓMEZ

La Muda Club se ha convertido en el primer servicio de suscripción de ropa interior para hombres en España. En vez de la última novedad editorial, cinematográfica o musical, los clientes reciben en su casa un calzoncillo. Como lo leen. La empresa, creada el pasado enero aunque sus promotores llevaban año y medio dándole vueltas al asunto, envía a sus miembros una prenda cada tres meses «sin gastos de envío y sin necesidad de saber el diseño. Es sorpresa», esgrimen. De hecho, no lo sabrán hasta recibirlo. Son las reglas del juego. Por hacerse socio, uno paga 17,99 euros y, coincidiendo con el cambio de estación, le entregan, previo pago, un nuevo calzoncillo.

Pese a la corta andadura, el proyecto va consolidándose poco a poco, pero con paso firme. Cuentan con cerca de 200 socios -la mayoría de entre 25 y 40 años- y solo una persona, destacan, se ha dado de baja en este tiempo. «El 'feedback' recogido está siendo buenísimo, tenemos muchísimas ganas de sacar el proyecto adelante y poder cambiar la forma en que los hombres han comprado los calzoncillos tradicionalmente», explica Jesús Hernández, ingeniero industrial de Albacete y cofundador de la compañía junto a un colega de Telecomunicaciones de Salamanca y una arquitecta también albaceteña.

Jesús, Laura Medrano y Pedro Botija.
Jesús, Laura Medrano y Pedro Botija.

Porque, más que de los diseños de los gayumbos, divertidos y coloridos, esta empresa avanza nuevas líneas en el proceso de distribución. Dicen que les inspiró un reportaje publicado en la edición digital de EL CORREO en el que se hablaba de la desidia de muchos españoles al no importarles llevar puestos calzoncillos desgastados e incluso rotos. «Charlando en una comida de amigos sobre el dinero que éramos capaces de invertir en camisas, pantalones o zapatos y lo poco que gastábamos en ropa interior a pesar de ser algo que nos gustaría hacer, llegamos a la conclusión de que nunca era una urgencia y siempre encontrábamos mejores planes que hacer. También constatamos que ninguna marca estaba cubriendo esta necesidad y lo cómodo que sería delegarlo y que cada determinados meses llegase a casa un nuevo diseño».

Con sede en Madrid, Jesús, Laura Medrano y Pedro Botija explican que este modelo de venta triunfa en Estados Unidos desde 2011. No han inventado nada por tanto e insisten en que el estudio realizado hace dos años por Zeeman, una consultora europea, les terminó de abrir los ojos. Aquel trabajo incidía en que el 45% de los hombres del viejo continente reconocían «usar regularmente» calzoncillos estropeados de tanto ponérselos «e incluso luciendo algún que otro agujero». El informe añadía que el desinterés de un elevado segmento de la población masculina por renovar su ropa interior ha elevado la vida media de estas prendas a 10 años. Más o menos, lo que tardan muchos españoles en cambiar de coche.

O sus madres o sus parejas

«Para acabar con esta tendencia», lanzaron La Muda Club. Presumen de ser «el 'netflix'» de la ropa interior. «Hemos nacido con el único propósito de dar más independencia y determinación a los hombres a través de sus calzoncillos. El cliente únicamente se preocupa por estrenar ejemplares más a menudo», subraya Hernández. «Hicimos un muestreo entre hombres de 30 años y tan solo 5 de ellos habían comprado calzoncillos en el último año, a pesar de saber que los necesitaban. Además, la realidad es que hasta los 20 o 25 años son las madres las que se responsabilizan de hacerlo, y, a partir de los 35 o 40, las parejas. Nosotros queremos terminar con esto y que sea el hombre el responsable de esta tarea», alega Hernández.

Pese a carecer de experiencia en la industria de la moda, los impulsores tienen las cosas claras: priorizan la calidad y limitan las colaboraciones con fabricantes y diseñadores españoles. El taller de corte y confección lo tienen en Madrid, mientras que de las estampaciones digitales se encarga una empresa valenciana y de las etiquetas, otra de Alicante. El primer modelo lo han diseñado junto con MiguelCM, un emergente dibujante onubense, y la fabricación ha corrido a cargo de la firma Kiff­Kiff. «Con la calidad no jugamos. A todos los hombres nos gusta estrenar calzoncillos nuevos, es una sensación única. Pero la realidad es que siempre encontramos una excusa para no renovarlos más a menudo», detalla. En sucesivos lanzamientos van a seguir trabajando con creadores «bastantes jóvenes». Por principios y porque tampoco les queda otra. «No tenemos un euro», reconocen.

La empresa dice que ha cuidado los precios y que en los mejores establecimientos es muy difícil pillar calzoncillos «buenos» por menos de 25 euros. 'Fiesta', nombre de la primera colección, incluye tres tallas -M, L y XL- y se estrena con un 'boxer' cargado de estampados «sencillos y desenfadados». Uno de los modelos más vendidos en todos los mercados internacionales y, por tanto, una «opción lógica» en tiempos en que lo más importante es captar el mayor número de clientes. «La sociedad está fragmentada en hombres que utilizan slip y otros que usan boxers. Nosotros por ahora solo nos dirigimos al segundo tipo», detalla Hernández, que aclara que La Muda «no es una tienda. Es un club. Solo producimos calzoncillos para nuestros socios. Y en ediciones limitadas», insisten. Solo les falta decir que se acabó lo de ir con los calzoncillos con la goma cedida.

Aunque miden los pasos, no descartan nuevas aventuras. Pero antes de lanzarse al mercado de los trajes de baño, prefieren cubrir el flanco de los calzoncillos slip o pegados. Y fuera de la ropa interior ya han echado el ojo al de los calcetines, otras prendas castigadas por el paso del tiempo y a las que tampoco se suele prestar demasiado mimo.