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El callejón más fashion y escondido de Bilbao

Espacio Nuka es el lugar en el que la creadora Ana Taranco da rienda suenta a su imaginario creativo./
Espacio Nuka es el lugar en el que la creadora Ana Taranco da rienda suenta a su imaginario creativo.

Espacio Nuka, situado en la Calle Costa, es el proyecto más personal de la creadora Ana Taranco, una zona de encuentro de sus tres pasiones: la decoración, la moda y el arte

Sarai Vázquez
SARAI VÁZQUEZ

El Espacio Nuka resulta todavía un descubrimiento para muchos, casi para la mayoría. Otros, sin embargo, se toparon con él por casualidad cuando «pasaban por ahí». Su ubicación parece estar encubierta. Situada en la Calle Costa, un callejón sin salida en el corazón de la villa bilbaína. A su paso, se advierte una decoración con aire moderno, cuidado al detalle. Lo que permite a los transeúntes hacerse una ligera idea de todo el ingenio que se encuentra en el interior. Más allá de su mera apariencia exterior, la magia brota cuando se rebasa su vestíbulo y se conoce, de cerca, a Ana Taranco, la diseñadora que está detrás de este proyecto tan singular. Es una zona de encuentro de todas sus pasiones: la decoración, la moda y el arte. «No es una empresa, es mucho más que una tienda. Es mi sitio, donde hago únicamente lo que me llena», cuenta.

El diseño de interiores siempre ha sido, y sigue siendo, su principal ocupación profesional. Con la firma que lleva su nombre, ha ideado desde el salón de su piso durante más de veinte años, a su gusto, hasta la decoración de ambientes de conocidos y amigos. Dimensiones de verdadero ensueño. Sin embargo, desde que abriera el Espacio Nuka, hace ya cuatro años y por propia necesidad creativa más allá de su campo, imagina desde la mesa que conforma la «zona cero» de su creatividad. Asentada en un atrio donde se pueden avistar cada una de las diferentes secciones que conforman el espacio. En la pared trasera, penden a modo de galería, algunas imágenes de sus trabajos. A lo largo de toda la superficie restante, en varios burros intercalados en rincones dispares de la sala, se extienden las prendas de su propia firma, Nuka. «He concebido una moda que no atiende a tendencias, que es pura creatividad. Es cómoda, tiene clase y un toque de personalidad», explica.

Ana siempre ha sido una pionera en cuanto a estilo. Le cautivaba la moda y ejercía como estilista entre sus amistades. Las vestía «con la tontería» y las fotografiaba con sus looks. Rememora, entre risas, los tiempos en los que todavía no había sandalias. «Elaboraba mis propias plantilla en cuero y me las pegaba al pie», sostiene. En plena crisis, en la que las empresas echaban el cierre y el trabajo como interiorista disminuía, apostó por algo que le removía las entrañas semana tras semana: lanzar su propia línea de ropa. Sin saber coser un simple botón y con un pantalón debajo del brazo, se aventuró a las calles de Bilbao La Vieja a buscar al modisto que materializara las prendas que imaginaba en su mente; y lo encontró. «Nos entendemos con la mirada», añade. El procedimiento creativo de las colecciones es totalmente abierto. «Algunas veces la tela inspira el diseño, pero otras es al revés, hay que ir en busca del tejido soñado» reconoce. En él, las películas, la música y los libros juegan un papel fundamental.

Espacio Nuka es un lugar dedicado al arte, la decoración, la moda, la música y el café.

«Busco que mi ropa fluya»

Los elementos significativos que conforman la vida de Ana, se trasladan a sus atuendos. La danza, y en especial el flamenco, es uno de ellos. Baila desde hace años. Por consiguiente, el movimiento es uno de los rasgos más distintivos de sus colecciones. «Busco que mi ropa fluya. Es fina y la idea es que las prendas se sumen, una tras otra y que salgan sus vuelos», aclara. El tul es el tejido estrella, vinculado a las bailarinas de ballet. Crea tops, blusas, cárdigans y chaquetas. Los accesorios también están trazados sobre esta gasa en forma de horquillas, gorros, velos, pendientes, puños y gemelos. Pero si hay alguien vital para Ana, ese es su hijo, quien ha inspirado una línea dentro de Nuka, C15. Ésta propone prendas unisex: camisas de lino, pantalones, mochilas, chubasqueros y gabardinas de aspecto técnico… En cuanto a las tonalidades, la vestimenta es monocromática en crudos, grises, negros y verdes turquesa. «En general no soy de colores en mi vida. Me gusta lo neutro. Además en mi estudio necesito paz visual. No podría ver constantemente amarillos o verdes», explica.

'Momentos Especiales' es la línea más distinguida dentro de Nuka. Sus diseños se adueñan de toda una sala del local junto a la entrada, con faldas, vestidos y tops de lentejuelas, crepes, nippurs y mucho tul. Está ideada para vestir invitadas en eventos, pero de una manera particular. La creatividad de Ana no tiene fin, hasta el punto de que ha diseñado dos trajes de novia. «Mis clientas no querían una celebración al uso y no fueron de una forma clásica. Mantuvieron un estilo hippie con sus faldas bordadas, flores y bandanas en la cabeza», cuenta. Un estilo que confiesa que ha tenido muy buena acogida porque permite que la ropa tenga una vida posterior y que no termine en el fondo del armario.

A Ana Taranco le inspiran el arte, la música y la danza, pero también su hijo, a quien dedica la colección C15, con prendas unisex.

Ropa de danza para salir a la calle

Arte y moda confluyen en las colaboraciones que Ana desarrolla con distintas artistas. Junto a María Martín, talentosa bailarina, ha lanzado 'Vestir el Movimiento', una línea de indumentaria de danza para salir a la calle. «Gracias a esta colección puedo vestir todo el día con unos pantalones para hacer técnicas de pie. El baile es un estilo de vida», aclama. En mayo se presentará Veleta, junto a Ana Escar, collagista y pintora. «Es una colección de camisetas unisex con sus obras. Es una autora que me vuelve loca», manifiesta.

Pero todo no es decoración y moda dentro del Espacio Nuka. El estudio cuenta con un par de mesas donde se puede «tomar algo» con tranquilidad. «Antes tenía montado un bar en toda regla en la entrada. Me ponía el delantal y daba sándwiches y bizcochos. Todos hecho a mano por mi claro. Solo que no daba a basto», expresa. No hay actividad que no haya organizado Ana durante estos años. Una vez al mes también realizaba charlas sobre arte. «A las ocho cerraba el local, ponía velas y nos reuníamos para discutir sobre las exposiciones que se habían establecido en los museos de la ciudad», cuenta. En la parte trasera, todavía se organizan de vez en cuando, exposiciones de arte y los desfiles de sus propias colecciones. Ella se encarga de todo: música, bebida y comida, entre otras cosas. Su ubicación, a tan solo diez minutos de la céntrica Playa Moyua, y las amplias instalaciones lo han convertido en un espacio idóneo para celebrar eventos. «Lo alquilamos y nos adaptamos a lo que necesite el cliente», aclara. Un lugar en el que su magia reside principalmente en que está escondido, pero abierto a todo el mundo.

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