El arte de Iker Iglesias: la sesión de fotos de las Siete Calles que cautivó en Canadá

La modelo Ainara Murua posa en un balcón de un piso sombrío de las Siete Calles./
La modelo Ainara Murua posa en un balcón de un piso sombrío de las Siete Calles.

Este fotógrafo captura emociones y atrapa el silencio con un uso magistral y cinematográfico de la luz y el color

Sarai Vázquez
SARAI VÁZQUEZ

Las instantáneas que captura Iker Iglesias con su Canon conforman un intento de atrapar el silencio con el uso de la luz y el color. De transmitir calma, en cierto modo. Sin ruidos, ni estridencias. Unas capturas emocionales que tratan de contar algo más allá de lo meramente estético. «Me han repetido muchas veces que parecen fotogramas extraídos de una película», cuenta el fotógrafo vasco de 41 años. Su arte y sensibilidad no encuentran fronteras. Acaba de llegar de pasar unos días en Francia para grabar el vídeo de boda de una pareja londinense que se ha casado en el Château de Sant-Martory. Y, sin embargo, su sesión más complicada y a la vez más gratificante tuvo lugar en una vivienda del Casco Viejo bilbaíno. «La casa era genial, pero al estar en mitad de las Siete Calles, en un tercer piso, había pocas posibilidades de tener luz natural directa», recuerda. Eso sí, la fortuna le regaló un atardecer de ensueño reflejado en un ventanal del edificio contiguo. «En tres minutos que duró ese momento pude hacer algunas de las fotos de las que más orgulloso me siento. La modelo, Ainara Murua, de Vitoria, se sometió a tres o cuatro cambios de lencería, le maquilló una maquilladora profesional... y el resultado fue muy bueno. Se publicaron en una revista canadiense», afirma satisfecho. Unas imágenes con un aire cinematográfico tan difícil de conseguir que desearía para todas sus obras.

Una de las fotografías que Iker Iglesias hizo a la modelo Ainara Murua en un piso de las Siete Calles.
Una de las fotografías que Iker Iglesias hizo a la modelo Ainara Murua en un piso de las Siete Calles.

Iker compagina varias disciplinas como la fotografía y vídeos de moda, la publicidad o cualquier modalidad que le permita «simplemente experimentar». La fotografía de moda le posibilita jugar con los ritmos y controlarlos para «construir las imágenes». Desarrollar una idea, un concepto, y aproximarse a la belleza de las cosas le apasiona. «Me atrae el tener que alcanzar el equilibrio entre la luz, el color y la forma, sin dejarlo todo en lo meramente estético», desvela este artista, que estudió Bellas Artes y que empezó hace cinco años a desenfundar su cámara de una forma más constante.

Le complace formar parte de la producción y aportar su perspectiva ya que, al fin y al cabo, todas las decisiones previas que se toman en esta fase afectan a la estética final de las fotografías de moda. «Se hace un 'moodboard' y se decide lo que se quiere contar con la colección, se la bautiza y se desarrolla un concepto. Digamos que antes de tener la cámara en la mano, ya estamos influyendo muchísimo en el resultado.». Esto es todo lo que se entiende como «componer una imagen». Con la idea clara, bien definida, la sesión como tal considera que lleva pocos días. Generalmente, basta con tres o cuatro fotos de cada look. Varía, eso sí, el número de cambios de vestuario. Que suele ser de varias decenas en una sola mañana si la sesión tiene lugar en un estudio y es para un catálogo. «Sin embargo, en una campaña la cantidad es menor y se dedica más tiempo a cada look», apunta.

Su primer trabajo en moda fue para la firma Modubat. A pesar de que no recuerda cuantos años han podido pasar desde entonces, lo rememora con «muchísimo cariño». Es una firma pequeña, con una filosofía de producción sostenible, ecológica, respetuosa con el medio ambiente y también con los derechos de los empleados. «Es una clara apuesta por el Slow Fashion, tan necesaria en estos tiempos y muy acorde con mi manera de pensar, sentir y vivir», expresa. Por otro lado, tampoco olvida algunas de las sesiones que ha realizado para la firma vizcaína Zaitegui, por la elegancia, el colorido de sus prendas y por la capacidad de la estilista, Diana, para combinarlas construyendo looks que considera «de ensueño».

Los paisajes tienen una carga significativa en la realidad que captura Iker Iglesias. Sus sesiones tienen lugar en diferentes enclaves naturales de Euskadi. Le inspiran tanto los bosques como las playas. Los verdes y los azules intensos inundan sus imágenes. Aunque reconoce que sueña con cualquier localización que cuente con una luz favorable, en especial siempre ha sentido debilidad por proyectos que tengan por escenario países de Oriente y África.

Marian, su musa

La inspiración es fundamental para los artistas. La de Iker proviene de diferentes disciplinas artísticas como la música, la literatura y el cine. Además, hay fotógrafos que cuentan con su propia musa. La suya se llama Marian, es de Granada y juntos preparan una sesión al año. «Llevamos una década compartiendo interés artístico», cuenta. La capacidad para comunicar es crucial para que una sesión obtenga buenos resultados, más allá del interés morfológico de la modelo. «La gente que ha estudiado interpretación me resulta estimulante, aunque hay gente que tiene capacidad para transmitir de una manera innata», detalla. Considera que él detecta esa habilidad con bastante facilidad. Los desnudos se encuentran también dentro de los trabajos de Iker, aunque solamente captura los de personas de confianza. «Es gratificante a nivel artístico, tanto para quien hace la foto como para la persona fotografiada», explica.

Los nuevos tiempos, en los que mandan las redes sociales y la revolución tecnológica, han supuesto un antes y un después en la fotografía. En concreto, Instagram ha permitido que el resultado de los proyectos llegue a más gente. «Otro aspecto positivo es el poder crear un portfolio de un modo sencillo y que puedan hacer un seguimiento actualizado de tu obra sin moverse de casa», cuenta Iker. Sin embargo, esta red social también tiene sus contras. Se abusa de los filtros y el postureo, lo que provoca que el polémico Photoshop siga siendo demasiado recurrente para aparentar más guapos de lo que realmente somos. Una herramienta de la que Iker defiende su uso solo en casos concretos. «Estoy a favor de modificar el color y la luz para expresarme artísticamente», indica. Sin embargo, se proclama «menos de acuerdo» con el hecho de transformar a una modelo, ya sea retocándole la piel o modificando su morfología.

A pesar de que Iker ha realizado cientos de miles de fotografías, todavía se siente un alumno en constante aprendizaje. «Cuanto más aprendo, más consciente soy de cuánto ignoro», asegura. A corto plazo se ha propuesto finalizar un proyecto personal de vídeo en el que lleva trabajando varios meses. Y en cuanto a futuras metas dentro de la esfera fotográfica, se conforma con seguir disfrutando de todo lo que hace. «Que jamás me falte la ilusión para afrontar nuevos retos», desea. Mientras tanto, en sus fotografías seguirá capturando el silencio con el uso de la luz y el color. Así, con su don innato para transmitir calma a través de las imágenes. Sin ruidos, ni estridencias.