«El chico atractivo de diez años menos se me acerca para charlar y no podemos evitar besarnos...»
La edad es solo un número cuando la atracción entra en juego, así que nos intercambiamos los teléfonos para no perdernos de vista
Karri Bilbao
Viernes, 28 de noviembre 2025, 02:18
Escaparates, adornos y luces de colores pueblan las calles y nos recuerdan que estamos a escasas semanas de Navidad. Entre cenas de cuadrilla y comidas ... de empresa, apenas quedan fechas libres para organizar un plan tranquilo o anticipar las tantas compras por hacer. Aun así, siempre hay hueco para priorizar lo que más apetece y la falta de tiempo nunca puede ser la excusa. Por eso, acepto encantada la propuesta de Ane para salir por Algorta junto a Izaskun, sin prisa por volver a casa hoy que circulará el metro toda la noche.
El punto de encuentro es el Sustrai y arrancamos con una ronda que incluye una ración de patatas con salsas y unos minibocadillos de bonito picante. Sentadas en una mesita, nos ponemos al día tras ausentarnos durante un par de semanas. La alegría por reencontrarnos es pareja a todas las cuadrillas que nos rodean y ambientan tanto el interior como el exterior del bar. Cuesta avanzar entre el gentío que abarrota la calle rumbo al Eskarra, donde una cuadrilla de amigos que, calculamos, serán diez años mayores que nosotras observa sin disimulo y, unos metros más allá, otra cuadrilla al menos diez años de media inferior a la nuestra, también muestra evidente interés.
La escena nos lleva a debatir la situación y exponer que la edad es solo un número cuando la atracción entra en juego. Ane comenta que persisten los prejuicios si somos nosotras quienes les superamos en más de una década. Izaskun expone por experiencia propia que, a ellos les resulta sumamente atractiva una mujer mayor dado que presuponen una experiencia, seguridad en nosotras mismas, independencia y otros atributos de los que carecen, en general, las chicas de su edad. Eso es mucho decir, añado. La madurez y la experiencia dependen de muchos otros factores además de la edad. La trayectoria individual forja el carácter y te dota de recursos para la vida, pero coincido con Ane que, en nuestra generación es más habitual que, si existe diferencia de edad en la pareja, sea por estadística y, sin ningún género de duda, más joven la mujer.
Con esta reflexión continuamos hacia el Burdinola, donde la música nos concilia con todas las generaciones que allí nos juntamos para disfrutar y olvidarnos de los quehaceres cotidianos. Como siempre que salimos por Algorta, recordamos con añoranza el Manhattan y confiamos en que sean ciertos los rumores sobre su reapertura a manos de un familiar. La noche avanza y decidimos prolongarla en el Salem. Ya es casualidad, pero allí nos topamos con las mismas cuadrillas que antes dejamos en el Eskarra y propiciaron un diálogo con la diferencia de edad como trasfondo.
A rebosar el local y sin apenas espacio libre para moverse, uno de los mayores se sitúa a mi lado con la intención de iniciar conversación y, quien sabe si con la expectativa de que algo surja entre ambos. Lo cierto es que, con independencia de la edad, no me atrae nada en absoluto. Me alejo lo que puedo, apenas unos metros que me sitúan frente a uno de los tres chicos que componen la cuadrilla de los más jóvenes. El más atractivo me sonríe y, como quien no quiere la cosa, le digo con coqueteo y una mirada pícara que me ha salvado de aquel pesado. Una excusa, como otra cualquiera, para preguntar cómo nos llamamos, qué hacemos y otras pocas frases que sirven para constatar que tanto las reglas de seducción como la química, efectivamente, escapan del más puro y tradicional convencionalismo.
Desaparecen cuadrillas mutuas y continuamos solos un rato más. En la parada de Metro nos despedimos con un beso y una llamada perdida para no perdernos de vista. En tales circunstancias, a quien le importa la edad…
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