Vascos de altos vuelos

Ana Zamorano: «Mi rutina es vivir viajando, ¡cada día es una incertidumbre!»

Ana con su inseparable bicicleta en Bolivia, en el espectacular Salar de Uyuni./E. C.
Ana con su inseparable bicicleta en Bolivia, en el espectacular Salar de Uyuni. / E. C.

Esta joven de Sodupe, que recorre Latinoamérica en bicicleta, decidió un día dejar un trabajo indefinido en Inglaterra para recorrer mundo

LEIRE FERNÁNDEZ

Ana Zamorano es, como ella misma se considera, «un culo inquieto». Con solo 26 años ya ha recorrido 57 países y los que le quedan. Tras estudiar Publicidad y Relaciones Públicas y realizar un máster en multimedia, se mudó a Leeds, en Inglaterra, para trabajar en el departamento de marketing online de una multinacional del sector de la alimentación. «En Leeds viví dos años, pero desde que cumplí 18 he aprovechado los veranos para escaparme como voluntaria a países como Nigeria, Salvador, Gambia o Uganda. Me enamoré de Latinoamérica y siempre supe que tenía que dedicarle un viaje largo. Cuando estuve en Uganda, me crucé con un chico en la frontera del Congo que viajaba en bicicleta y mi cabeza estalló: América del Sur en bicicleta sonaba demasiado bien».

Así que habiendo dejado un trabajo indefinido, optó por pasarse al trabajo remoto y compaginarlo con su gran pasión, aunque no fue algo inmediato. «Desde que tuve la idea hasta que me puse en marcha pasaron dos años, que dediqué a planificar rutas, aprender sobre los diferentes países que iba a visitar, comprar material... y también para visitar India y Nepal, ya que soy una enamorada de la India y quería descubrir el Himalaya. Estudié yoga con tibetanos, volví a viajar por zonas que no conocía del norte y de ahí crucé a Nepal para hacer el campo base del Everest y del Annapurna. Sin duda fue una experiencia increíble que me motivó aún más para lo que me venía por los Andes», detalla Ana, de Sodupe.

Una vez comenzada la aventura, ha podido recorrer ya varios países, desde Patagonia a Colombia. «He cruzado Chile, Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y ahora sigo hacia Panamá, El Salvador y México como última parada en Latinoamérica».

En cuanto a su día a día «es vivir viajando, muy diferente al concepto viajar en sí. Me explico: mi día a día es una incertidumbre, no sé qué me va a pasar al minuto siguiente o dónde me caerá la noche, pero me encanta esa sensación y que la vida me sorprenda. Como recorro caminos fuera de pista por la cordillera de los Andes, es raro que alcance a hacer más de 40 kilómetros diarios. Me levanto a las seis de la mañana, preparo el desayuno, recojo la tienda de campaña, monto las cosas en la bici y arranco a las ocho, hasta las doce, cuando como un aperitivo rápido, descanso y sigo pedaleando hasta las cinco de la tarde, donde me toca buscar un lugar para poner la tienda, preparar la cena y dormir desde las ocho de la tarde o así. A veces hay gente que me para y entonces me entretengo y me quedo en sus casas o me invitan a comer... ¡Siempre me pasa algo diferente!», señala Ana Zamorano.

Para financiar el proyecto se basa en su «trabajo mensual online». «Suelo vender postales con fotos hechas por mí y, por ejemplo, he hecho también un calendario con fotografías que he sacado en este último año viajando. Se llama 'Calle Mundo, 365'». Eso sí, a diario no gasta demasiado, solo en comida y en alguna entrada a algún museo o atracción turística, «como Machu Pichu o Ciudad Perdida».

Además, Ana mantiene un proyecto solidario que comenzó en Gambia -bautizado 'Dos Señoras Vacas'-, con el que se ayuda con bienes básicos a comunidades desfavorecidas. «Dos Señoras Vacas siempre viene conmigo. Mi proyecto actual @Remoteana es un paragüas que incluye este proyecto social, un proyecto documental y el deportivo-personal de moverme en bicicleta. Son donaciones, sobre todo, de gente de mi pueblo, Sodupe, que se volcó desde un principio en dar apoyo en Gambia y Uganda y a los que nunca estaré suficientemente agradecida».

En cuanto a si volverá a casa de manera definitiva, confiesa que «en cierta manera viajaba para buscar mi lugar en el mundo, pero llevo más de un año pensando que mi lugar es Euskadi. Sin embargo, antes de asentarme allí de manera permanente tengo que aprender muchas cosas más, más experiencias internacionales de trabajo y todo lo que surja en el camino».

Como futuro próximo su objetivo es llegar hasta México, y después recorrer Oriente Medio en bicicleta. «También quiero lograr el visado de trabajo en Australia o Nueva Zelanda en algún momento para ahorrar una cantidad suficiente que me permita empezar mi propio negocio en Euskadi».

«Cuesta acostumbrarse a sentirse vulnerable»

Ana afirma que se adapta fácilmente a cualquier condición, menos a sentirse vulnerable. «No me importa que no haya ducha durante días, dormir en el suelo o comer arroz hasta para desayunar. Sin embargo, no me termino de acostumbrar a lo vulnerable que me siento solamente por el hecho de ser mujer. Lo he sentido mucho más en la bicicleta que haciendo dedo o siendo mochilera. Mucho más expuesta a lo bueno, y también a lo malo. Me duele decirlo, pero lo he sentido no solo en comentarios sino en acciones, aunque, pese a todo, no dejaré de viajar sola».

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