Virus y células entrenadas en laboratorio anuncian una revolución contra el cáncer

Virus y células entrenadas en laboratorio anuncian una revolución contra el cáncer
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Nuevas formas de intervención reforzarán antes de cinco años el arsenal terapéutico, muy potente desde la llegada de la inmunoterapia

Fermín Apezteguia
FERMÍN APEZTEGUIA

La lucha contra el cáncer vive años de esperanza como nunca se han conocido. «Después de décadas de sequía, en las que poco, y a veces casi nada, podíamos ofrecer a los pacientes, asistimos a una auténtica revolución progresiva. No sólo estamos alargando la existencia de los afectados, sino que las nuevas terapias les están dando una calidad de vida inimaginable hasta el año 2005». Lo dice el oncólogo Ignacio Gil Bazo, codirector del Departamento de Oncología Médica de la Clínica Universidad de Navarra (CUN), que el miércoles acudió al foro Encuentros con la Salud de ELCORREO para hablar de lo que los expertos llaman medicina de precisión contra el cáncer, también conocida como medicina personalizada.

«El panorama –afirmó– ha cambiado por completo y lo va a hacer aún más». Tras el paso de gigante que han supuesto los fármacos contra dianas y la inmunoterapia, el abordaje de las patologías oncológicas se prepara para tratamientos tan innovadores como el uso de virus modificados y el 'adiestramiento' en el laboratorio de células que buscan una mejor respuesta del sistema de defensas.

El tratamiento convencional, basado en la triada cirugía, quimioterapia y radioterapia, posibilitaba un diagnóstico y un abordaje clínicos, según argumentó, «muy pobres». Los métodos y técnicas disponibles para la detección permitían saber el tipo de tumor que se trataba de combatir, pero poco más. «'Es un carcinoma de pulmón'. Hasta ahí llegábamos, nada más. Sabíamos su nombre, pero desconocíamos los apellidos», explicó de forma gráfica.

El mayor conocimiento del genoma humano posibilitó el cambio de 180 grados que se está viviendo en la terapia contra el cáncer desde hace una década. El primer resultado de esa investigación fueron los fármacos contra dianas, diseñados para actuar directamente sobre moléculas y procesos concretos en la vida de las células tumorales. «Identificando mejor cada tumor, comenzamos a utilizar tratamientos dirigidos contra características concretas».

La boda de mi hija

La inmunoterapia supuso, a continuación, una vuelta de tuerca a la búsqueda de abordajes más eficaces y con menos efectos secundarios. Este tipo de fármacos busca la activación contra la enfermedad del sistema de defensas humano, muy eficaz contra bacterias e incluso virus, pero menos contra los tumores. Los pacientes con melanoma fueron los primeros en beneficiarse de estas terapias, pero de tres años a esta parte también lo vienen haciendo muchos afectados por cáncer de pulmón, incluso metastásico, renal, de vejiga, cabeza y cuello, algunos gástricos y determinados linfomas.

«Hasta la inmunoterapia, un paciente diagnosticado de cáncer de pulmón sobrevivía ocho o nueve meses. Si recibiese hoy la noticia –dijo de forma gráfica el especialista de la Clínica Universidad de Navarra–, no llegaría a Navidad. Pero la situación ha mejorado sus expectativas; saben que pueden vivir como mínimo tres años más y te preguntan, '¿llegaré a la boda de mi hija?'».

El futuro se presenta más esperanzador si cabe. Los servicios de Oncología esperan la llegada de dos nuevas fórmulas terapéuticas, que podrían llegar a la práctica clínica antes de cinco años. Una de ellas es la terapia celular adoptiva, que consiste en extraer células del sistema inmune del paciente (linfocitos T) y ponerlas en el laboratorio en contacto directo con un tumor. Después se transfunden al cuerpo del paciente para que se enfrenten reforzadas al cáncer. «Es como llevar a un guardia urbano a un campo de entrenamiento y que salga preparado para combatir el terrorismo», comparó.

Una segunda alternativa consiste en utilizar un virus atenuado, es decir sin carga viral, incapaz de causar enfermedad, y aprovecharse de su potencial para infectar células para extender la medicación que repare el daño en el organismo. Los laboratorios de la CUN trabajan en varios proyectos de estos dos tipos. Otra alternativa, que quizás llegue antes, consiste en utilizar medicamentos inmunoterápicos no de uno en uno, sino de forma combinada para lograr un mayor efecto sanador.

La quimioterapia era insuficiente, pero seguirá usándose
Ignacio Gil Bazo, de la CUN.

Los avances contra el cáncer se han visto contenidos, en buena medida, porque la quimioterapia, la combinación de fármacos que se utilizaba –y se utiliza– para combatir las células malignas que desencadenan las enfermedades oncológicas, pese a haberse desarrollado también de una manera espectacular, resultaba ser un tratamiento limitado. «No es una terapia dirigida contra una característica concreta de la dolencia, sino que ataca –explicó Ignacio Gil Bazo– toda célula que, como las tumorales, crece de forma rápida, como las del pelo, la médula ósea o las mucosas». En su virtud estaba su pecado.

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