Vidas anónimas que merecen ser contadas

Durante tres meses, seis jóvenes se reunieron en Bilbao con otros tantos mayores para oír sus historias de éxodo, guerra y amor y plasmarlo en una serie de libros

Eider Burgos
EIDER BURGOS

«Cada vida merece ser contada». Incluso la más anónima esconde gemas que merecen «rescatarse» y en ello cree la Fundación Lo Que de Verdad Importa. Más cuando se trata de los mayores con «años -algunos más de un siglo- de experiencias y vivencias», cuenta la directora de voluntariado, Manuela de Lacalle. Rosa Jordán, por ejemplo, nació hace 92 años en Brasil de unos padres artistas a los que no volvió a ver desde los 3 años. Celedonio Macías, de 103, es un bilbaíno de libro que profesó devoción por su esposa durante más de 50 años. Y Valetín Piedrafita, de 67, recorrió a pie España en busca de trabajo, pero también de sí mismo.

Inquilinos todos de la residencia Conde de Aresti de la capital vizcaína, protagonizan tres de las seis biografías que se acaban de publicar gracias al proyecto 'Tu Historia de Verdad Importa'. Libros escritos por estudiantes que durante tres meses generaron un vínculo con este grupo de personas mayores, que les transmitieron sus vivencias. El proyecto tiene un «doble objetivo», explica Lacalle: por un lado, «promover valores universales entre los jóvenes y que trabajen para mejorar la sociedad»; por otro, «hacer un homenaje a los mayores, ponerles en el centro».

La iniciativa, que se ha llevado a cabo en dos ocasiones en Madrid y acaba de presentarse en A Coruña, se ha realizado por primer vez en Bilbao. El resultado, media docena de biografías que incluyen una bruja, un trotamundos y cien años de felicidad.

Protagonista: Rosa Jordán | Narradora: Ane Antón

Una bruja buena de Río de Janeiro

Ilusión. Rosa tuvo otro narrador con el que no conectó. Con Ane, fue un flechazo.
Ilusión. Rosa tuvo otro narrador con el que no conectó. Con Ane, fue un flechazo. / Jordi Alemany

«A Rosa le encanta que le llamen bruja», cuenta Ane Antón, estudiante de Psicología de 20 años. Si se le pregunta a ella, se echa a reír: dice que se le da bien ver lo que sucederá en el futuro, a pesar de que a su memoria le cuesta escarbar en el pasado. Sí recita de carrerilla que «Rua Santana, número 12» es la casa donde nació hace 92 años en Río de Janeiro. Carioca de casualidad, vino al mundo en medio de la gira que sus padres artistas realizaban por Brasil. Ella, bailarina de la compañía que él dirigía. De ahí, dice Rosa, sus arranques cuando se echa a bailar, haciendo gala de una envidiable forma física.

Aunque Brasil es el punto de partida del libro de Rosa, poco duró allí. A los tres años la embarcaron un mes rumbo a Valencia, donde se crió con su abuela. No volvió a ver a sus padres. Sí la tumba de él, que logró localizar a través de unas cartas en La Habana, Cuba.

Entre un punto y otro, la vida de Rosa «ha sido muy intensa y bonita», describe. Se mudó a Bilbao por el trabajo de su marido, Juan 'Tanete' Asensi: «¿Dónde me has traído?», le espetó, cuando vio el cielo gris. El sol lo encontró en Noja, donde pasaban los veranos... en un autobús de dos plantas que recuperaron de un desguace. Con agua, luz, baño y hasta un huertito. «Mi madre siempre ha tenido mucha iniciativa, mi padre hacía de equilibrio», comenta su hijo, Jon. «Aquellos fueron sus años más felices». A él y a sus tres hermanos los llevaba Rosa en un 600 a la playa. Fue una de las primeras mujeres en conducir: 'Tanete' trabajaba y «alguien tenía que llevar a los niños» de paseo. «Pero en segunda, que me daba miedo», ríe.

La memoria de Rosa ya no es lo que era, pero lleva su libro siempre encima y Ane siente que lo mira con «ilusión». «Tengo una rosa tatuada en el brazo. Me señaló y me dijo: 'Me llevas ahí para siempre'».

Protagonista: Celedonio Macías | Narradora: Patricia Roca

103 años de felicidad y amor eterno por 'Asun'

Un siglo. A Patricia le asombra la brillante memoria de Celedonio a sus 103 años.
Un siglo. A Patricia le asombra la brillante memoria de Celedonio a sus 103 años. / Jordi Alemany

Celedonio Macías es un bilbaíno de 'pro'. Nacido hace 103 años en la Ribera de Deusto, siempre presume de su 'botxo' y del Athletic. En su cartera guarda un carné rojiblanco que, asegura, es más antiguo que los que se exponen en el museo de San Mamés, aunque se niega a visitar el nuevo estadio. «Dice que no quiere quitarse de la memoria el viejo... el de los bancos de madera», señala la narradora de su historia, Patricia Roca, de 20 años, estudiante de Psicología.

Celedonio no se perdía un partido, siempre acompañado de su esposa Asunción. «Si en Deusto les veían separados, no les reconocían», bromea su hijo, Carlos. Con 'Asun' se casó el 3 de septiembre de 1942, el 'summum' de una vida en común que acabó hace doce años con su fallecimiento. «Para él, su mujer lo era todo», afirma Carlos.

- Estuvo muy enamorado.

- Lo sigue estando. Le escribía todos los días, incluso cuando empezó a perder la vista y se le mezclaban las líneas. Tiene unos 17 cuadernos llenos, todos numerados.

Aunque Celedonio ya solo distingue formas, siempre tiene ojos para 'Asun'. «Le enseñé una foto de su boda y la reconoció al instante», recuerda Patricia. «La fecha, la hora, el nombre del cura, las fotos que se hicieron antes, todo. Tiene una memoria brillante».

Para lo bueno y para lo malo, porque Celedonio sufrió el calvario de la guerra. En el frente, preso de los nacionales que le llevaron a combatir a Madrid -«veía cómo la gente moría, las balas...»-. O sorteando el hambre gracias a los sacos de comida que la familia de 'Asun' les lanzaba en un páramo desde el tren. «Son maneras de vivir y objetivos vitales de hace un siglo. Puedes estudiar Historia, pero estos detalles no los ves en clase», señala Patricia.

Protagonista: Valentín Piedrafita | Narradora: Paula Fernández

Un largo caminar en busca de sí mismo

Viajes y adicciones. Valentín es de pocas palabras, pero a Paula le confesó su tortuoso viaje.
Viajes y adicciones. Valentín es de pocas palabras, pero a Paula le confesó su tortuoso viaje. / E. C.

Valentín Piedrafita es un hombre de pocas palabras a pesar de lo mucho que ha visto. Nacido hace 67 años en Huesca, su vida ha sido un camino «tortuoso», describe su joven narradora, Paula Fernández, que le «descubrió el lado bueno de la soledad y lo positivo de las cosas». Sus inicios ya fueron «duros» obligado por las circunstancias a trabajar desde los 13 años. Luego vino una deserción -se escapó de la Legión Francesa cuando supo que les iban a «mandar lejos»-, un matrimonio fallido y diez hijos de los que uno falleció. De los otros nueve, nada sabe.

Tras su divorcio, Valentín emprendió un viaje a ninguna parte que le llevó a recorrerse el país entero a pie. En la mochila, «ganas de ver mundo»... pero también «adicciones y malos hábitos» que durante años arrastró consigo.

Décadas de albergues y trabajos breves a los que puso fin en Bilbao. «Me gustó mucho la ciudad. Aquí hay gente muy noble y estaba muy a gusto», destaca. Tanto, que de incansable trotamundos ha pasado a tranquilo vecino de la villa. «Cuando le cuento a mis amigos que me he quedado en un sitio, ¡no se lo creen!», exclama Valentín. «Antes era muy cabezota, pero he cambiado mucho, para eso estamos, ¿no?».

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