«Los vecinos de Termibus estamos sin dormir, hartos de ruidos y de las obras»

Vista actual de las obras de Termibus, con un inmenso agujero de veinte metros donde irán las cuatro plantas subterráneas. /JORDI ALEMANY
Vista actual de las obras de Termibus, con un inmenso agujero de veinte metros donde irán las cuatro plantas subterráneas. / JORDI ALEMANY

El Ayuntamiento insiste en que tendrá terminada la nueva estación «para cuando marca el contrato: finales de mayo o principios de junio de 2019»

Jesús J. Hernández
JESÚS J. HERNÁNDEZ

Isidro Riaño no puede más. Vive en el número 14 de la plaza Garellano, el epicentro del mapa del ruido de Bilbao. «Esto es vergonzoso. No podemos más. No es sólo el ruido de las obras, que también, sino que sólo hay tres horas de tranquilidad al día. El último bus para Madrid sale a las dos de la mañana y a las cinco y cuarto empieza el primero al aeropuerto», denuncia. Una orquesta de bocinas y voces de conductores cabreados se ha convertido en la banda sonora de la zona. «Es que no se circula bien. No está bien planteado. Se atasca cada poco y la gente pita todo el rato. Nos hemos pasado este verano de calor con las ventanas cerradas todo el día porque, si las abrimos, no hay quien lo aguante. Con la puerta del balcón sin cerrar, no se oye la televisión», añade. «Nos afecta a todos los vecinos que estamos en el bloque de enfrente, pero también a los que están al otro lado».

En su contexto

290.000
metros cúbicos de tierra, un volumen suficiente para llenar San Mamés tres veces, es lo que se ha extraído hasta ahora. Ese agujero de 20 metros de profundidad albergará las cuatro plantas subterráneas de la futura estación.
Cada hora, 24 camiones
En los momentos de mayor actividad, han llegado a salir 24 camiones con tierra cada hora, durante doce horas, todos los días.
En ocho meses
Es el tiempo que calcula el Ayuntamiento que falta para terminar los trabajos de la nueva estación, donde llegarán todos los buses, el tranvía y el metro. En el solar de la parada provisional se levantará el mayor rascacielos residencial de Euskadi.

Desde que se anunció el traslado de la estación, Riaño y otros representantes de los vecinos y presidentes de comunidades próximas han tenido «infinidad» de reuniones y contactos con los técnicos municipales. Pero no han logrado amortiguar unas críticas vecinales feroces:«Toda esta obra está siendo un despropósito. En el Ayuntamiento nos piden que aguantemos porque es un proyecto importante para Bilbao, pero ya no podemos más».

Su paciencia se ha desbordado en los últimas semanas: «Después de haber sufrido un retraso inicial de unos ocho meses, ahora hemos empezado a escuchar que ya no se habla de mayo de 2019 para acabar, sino del verano de 2019. Y no es lo mismo mayo que finales de septiembre», teme. Desde el área de Obras del Ayuntamiento lanzan un mensaje de tranquilidad. «Las fechas son las que estaban previstas en el contrato. Para finales de mayo o comienzos de junio de 2019 debiéramos terminar la estación», explican desde el la concejalía que dirige Asier Abaunza hace un par de meses.

«Dentro de una estación»

Los vecinos resumen su desazón con una frase sencilla: «Estamos viviendo dentro de una estación». «Al principio había gente que dormía en la entrada de nuestros portales y, aunque luego pusieron rejas, este verano hemos llegado a ver tiendas de campaña en el parque infantil».

La extraña situación de la parada temporal se está alargando, a su juicio, más allá de lo razonable. Hasta el pasado junio los trabajos de las nuevas instalaciones no tomaron vuelo. Es entonces cuando se encaró la excavación de un agujero de unos 20 metros de profundidad, donde nacerán las cuatro plantas subterráneas. Pero antes es necesario vaciar unos 290.000 metros cúbicos de tierra –un volumen suficiente para llenar San Mamés tres veces–.

Una obra colosal que ha obligado a sacar 24 camiones a la hora algunos días. Cuando todo acabe, la nueva estación reunirá las unidades que llegan de otras provincias, bizkaibuses, bilbobuses, tranvía, metro y taxis. El terreno donde ahora se levanta la estación provisional se convertirá en un solar, propiedad de Bilbao Ría 2000, y será allí donde el arquitecto Richard Rogers construirá el rascacielos residencial más alto de Euskadi.

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