«Todos vamos a ser discapacitados y tenemos que prepararnos»

Ledesma, en su despacho./J. A.
Ledesma, en su despacho. / J. A.

El nuevo responsable de la entidad en Euskadi considera que las ciudades tienen que adaptarse a una sociedad cada vez más longeva

Julio Arrieta
JULIO ARRIETA

La vida de Rafael Ledesma dio un vuelco cuando, a los 18 años, el oculista le dijo que tenía retinosis pigmentaria y se iba a a quedar ciego. Entonces era un joven deportista de Santurtzi que trataba de obtener una maestría industrial. Ahora, con 53, sigue practicando deporte -ha participado en siete mundiales de halterofilia adaptada, entre otras disciplinas-, es también maestro industrial y, desde ayer, el nuevo presidente del Consejo territorial de la ONCE en Euskadi.

- Al asumir su nombramiento ha dicho que la ONCE hace milagros todos los días. ¿Milagros?

- Es que los hace, porque cambia la vida truncada de una persona. Fue mi caso. Te dicen que vas a dejar de ver y crees que la vida se ha acabado. Te abandonas. A mí me faltaban seis meses para terminar mi maestría industrial cuando pasó.

- Así que en la ONCE hacen mucho más que enseñarte braille y a usar un bastón...

- Eso es. Cuando te dicen que te vas a quedar ciego te quedas anulado. Crees que no vas a poder trabajar, no vas a poder hacer deporte, no vas a poder... Pues la ONCE te ayuda a descubrir que puedes. Ese es nuestro principal logro. Yo acabé mi maestría y seguí haciendo deporte.

- Acogen a gente que tiene que asumir que ha dejado de ver o se va a quedar ciega.

- Es que póngase en la situación. Al principio te resistes. «¡Cómo voy a ir donde los ciegos!», dices. «¡Qué me van a enseñar a mí! ¿Me van a dar un bastón y me van a enseñar braille? Yo, que todavía veo, ando en bici, juego al fútbol...» ¡Yo mismo seguía remando en mi club de la Sotera! El primer trabajo es convencerte de que la vida sigue, veas o no veas.

- Usted empezó en la ONCE como vendedor de cupones.

- ¡En el mercado de La Ribera! La situación de los vendedores ha mejorado mucho en 32 años. Recuerdo que entonces cobrabas una comisión de lo que vendías, no había convenio colectivo... Era algo muy distinto. Ahora eres como un comercial más. Pero sobre todo estás muy integrado en el barrio. Y hacen una labor social importante.

- ¿Cuál?

- Es algo que vemos todos los días. Gente mayor que se acerca a comprar un cupón y se queda diez minutos charlando con el vendedor, ¡porque no hablan con nadie más en todo el día! Hay muchas personas mayores que viven solas.

«Ahora las peores barreras son las móviles. Patinetes eléctricos o las bicis que van por donde no deben»

- Ha dicho que hay que preparar las ciudades. ¿Para qué?

- Para estar adaptadas. Todos, tarde o temprano, vamos a ser discapacitados. La sociedad es cada vez más longeva. Todos vamos a vivir muchos años. Y las ciudades, como la sociedad, están evolucionando, sobre todo a nivel tecnológico, de un modo que no es adecuado para los mayores. Para ir al médico tienes que usar pantallas, código de barras... Una persona de 85 años es incapaz de ir sola al médico por todos los trámites tecnológicos que tiene que pasar. Hay que hacer accesibles todas esas tecnologías cotidianas porque todos vamos a ser discapacitados. Visuales y de todo tipo.

- ¿Siguen nuestras ciudades sin adaptar para quienes no ven?

- Lo están más o menos. Las cosas han mejorado, pero es que surgen nuevas barreras.

- ¿Qué barreras?

- Hoy día las peores son las móviles. Como los patinetes eléctricos. O las bicicletas que circulan por donde no deben, o se aparcan en las aceras o en cualquier parte. Una obra bien señalizada no es un problema, sabes que está, la tienes localizada en tu circuito con tu bastón. Pero una bici candada en una farola, o una moto dejada de cualquier forma en la acera... Eso sí que es un problema. Y esas son cuestiones de educación social que habría que trabajar desde la escuela.