Universitario encuentra habitación

Universitario encuentra habitación
Pankra Nieto

Casi 6.000 jóvenes llenan pisos y residencias de estudiantes en Bizkaia

XABIER GARMENDIA

El escenario no es tan enrevesado como en Madrid o en Barcelona, pero a los casi 6.000 jóvenes que vienen a estudiar a Bizkaia cada vez les cuesta más trabajo encontrar un techo bajo el que pasar el curso académico. Las residencias y colegios mayores, que ofertan cerca de 1.200 camas, han colgado el cartel de completo por segundo año consecutivo, por lo que el resto se ven abocados a compartir piso. Y en ese mercado las cosas se están poniendo difíciles por el incremento en el precio de los alquileres.

En fin, que hay que andar espabilado para encontrar algo bueno, bonito y barato. De todos los universitarios procedentes de otras provincias o países, solo uno de cada cinco recurre a residencias o colegios mayores. «El perfil más habitual es el de un estudiante guipuzcoano al que ir y venir no le sale rentable porque pierde mucho tiempo. Los alaveses lo tienen más fácil», analiza Xabier Murelaga, coordinador de alojamiento de la Universidad del País Vasco. La mayoría de ocupantes de estos centros son alumnos de primer curso que buscan desentenderse de las labores del hogar y centrarse en los estudios: «Suelen ser de carreras difíciles o con notas de corte muy altas, así que para empezar no se la juegan».

Claro, que para tenerlo casi todo hecho, uno se debe rascar el bolsillo. Pasar el curso en una residencia cuesta 542 euros mensuales de media si se excluye la manutención. Si sumamos servicios como la alimentación o la limpieza, el precio final puede dispararse hasta los 1.000 euros. Inabarcable para muchos. Ahí es donde emerge la alternativa del piso compartido, bastante más económica.

El precio medio de una habitación se sitúa en torno a 325 euros al mes, a lo que hay que sumar las facturas y las compras. En todo caso, las cifras fluctúan según el lugar y el tamaño del piso. En Bilbao, las zonas favoritas para los estudiantes son Deusto y el Casco Viejo, donde los alquileres son más baratos que en barrios céntricos como Indautxu. La inmensa mayoría son casas de tres o cuatro dormitorios.

Javier Ursúa. 24 años, Navarra

«Es el primer año que pago los gastos aparte»

Pankra Nieto

Los universitarios no están al margen del vaivén de precios en el mercado del alquiler. «Es mi cuarto año en este piso y es la primera vez que pago los gastos aparte. Antes eran 300 euros con todo incluido, pero ahora tendremos que poner otros 80 entre agua, luz e internet», calcula Javier Ursúa. Este alumno de 4º de Comunicación Audiovisual, natural de Marcilla (Navarra), comparte una casa de tres habitaciones en Deusto, aunque anteriormente también residió en San Ignacio y el Casco Viejo. «Esta me parece la zona perfecta para jóvenes porque tiene precios razonables y estás a dos pasos del centro. Encima hay buen ambiente y tiene todos los servicios. Sin salir de mi calle, puedo ir al supermercado, a la farmacia, a la panadería, a la frutería...», se congratula.

Piso compartido

300 euros
Facturas excluidas. Deusto

Javier llegó a Bilbao hace seis años para estudiar primero la carrera de Periodismo y en todo momento tuvo claro que no iría a una residencia: «Sale mucho más caro y yo ya conocía a dos compañeras que buscaban piso, así que fue fácil». Eso sí, recuerda que el proceso hasta encontrar la casa idónea puede resultar muy costoso: «Lleva bastante tiempo porque incluso conociendo a alguien que oferte un piso, luego igual no se ajusta a lo que tú quieres. Con las inmobiliarias suele ser más fácil, aunque también es más caro porque, además de la fianza, tienes que dar una mensualidad al agente».

Aitor Alberdi. 19 años, Gipuzkoa

«Aquí lo tengo todo, pero acabaré en un piso»

Pankra Nieto

En los colegios mayores, a un chaval de tan solo 19 años ya se le considera «un veterano». Aitor Alberdi, procedente de Bergara (Gipuzkoa), es uno de ellos en el Miguel de Unamuno, situado a unos 300 metros de la Facultad de Económicas de Sarriko. En realidad, él estudia Geología en el campus de Leioa, pero tiene un autobús cada media hora literalmente en la puerta de su 'casa'. «Es una zona que está bien para vivir y hay muy buenas comunicaciones», cuenta en la habitación que comparte junto a otro compañero: «Todavía tengo la estantería un poco sosa, pero ya la iré llenando de cosas».

Colegio mayor

834 euros
Pensión completa. Sarriko

Aitor optó desde el primer momento por el colegio mayor ya que ninguno de sus amigos del pueblo venían a Bilbao a estudiar. «No tenía un grupo como para compartir piso, así que pensé que era mejor venir aquí y así conocer gente», relata. La tarifa mensual (834 euros) abarca toda la manutención, incluyendo las comidas y el servicio de limpieza, así que él se concentra básicamente en la carrera: «Tenemos dos bibliotecas, aunque yo prefiero estudiar en mi habitación. Hacemos bastante vida en común: jugamos al mus, al futbolín...». Por el momento, dice estar cómodo allí, aunque ahora que ya conoce a más gente, no descarta dar el salto a una casa el curso que viene: «Aquí lo tengo todo, pero ya me estoy planteando ir a un piso. Supongo que acabaré haciéndolo».

Alba Royo. 21 años, Cantabria

«Vale la pena trabajar para ser independiente»

Pankra Nieto

En la casa que Alba Royo comparte con otras dos amigas en el Casco Viejo se aprecia un aire bohemio nada más entrar por la puerta. Muebles reciclados, cuadros pintados por ellas mismas y algún que otro cartel provocativo colgado en la pared. «Cuando llegamos no había nada en el piso, pero nos lo hemos sabido montar y ha quedado bastante 'guay'», se felicita mientras toma una taza de café en el salón. Harta de las malas comunicaciones entre Castro Urdiales (Cantabria) y el campus de Leioa, que le obligaban a coger dos autobuses de ida y otros tantos de vuelta, decidió mudarse definitivamente a Bilbao el pasado febrero: «Trabajo en verano y los fines de semana para pagarme los gastos mientras estudio la carrera. Es un poco matada pero vale la pena porque me veo más independiente y madura».

Piso compartido

280 euros
Facturas excluidas. Casco Viejo

Encontró la oferta del piso a través de una página web y apenas se lo pensó. «Es muy cómodo y el precio está muy bien. Encima el casero es muy majo. Nos dice que es suficiente con que le paguemos y no la liemos», dice entre risas. Cada inquilina paga 280 euros al mes, a lo que deben sumar «uno 30 o 40» euros en facturas: «Tenemos el wifi más barato. Tampoco necesitamos mucho más». Las tres compañeras hacen las labores de casa de forma independiente, aunque tratan de coordinarse para facilitar las cosas: «Si una pone la lavadora, siempre avisa a las demás por si tienen algo de ropa».

David Mínguez. 19 años, La Rioja

«Es como un 'minipiso' y siempre tienes un plan»

Pankra Nieto

En la habitación de David Mínguez no hay que dar más de tres pasos para ir desde la cama a la cocina y de ahí al cuarto de baño. «¡Y esta es una de las grandes!», exclama. Natural de Nájera (La Rioja), llegó el curso pasado a Bilbao para estudiar Bioquímica y Biología Molecular, una de las carreras con las notas de corte más altas en toda la UPV: «En mi año pedían un 12,53 para entrar. Hay muy pocas plazas y, claro, están muy caras». Al venir no conocía a nadie en la ciudad, así que escogió hospedarse en la residencia Blas de Otero, ubicada en la calle Cortes, en el barrio de San Francisco: «Estoy a cinco minutos del centro y tengo el autobús cerca».

Residencia

506 euros
Facturas incluidas. San Francisco

David habla maravillas de la residencia, adscrita a la UPV y gestionada por Resa, la operadora que domina el mercado nacional. «Es como vivir en un 'minipiso' y tienes más intimidad que en una casa compartida. Encima sales al pasillo y siempre tienes a alguien con algún plan», cuenta. De hecho, hasta hay carteles en las paredes para entrar en grupos de WhatsApp por los que se comparten esos planes: «¡Este jueves nos hemos apuntado 80 personas a una fiesta!». Por 506 euros al mes -con un descuento por ser su segundo año-, cuenta con una habitación individual, un precio más reducido en comparación con los colegios mayores porque, por ejemplo, no incluye la alimentación: «Cocinamos en cada cuarto y luego nos juntamos para comer».

María Blanco. 21 años, Bizkaia

«Después del Erasmus no quería volver a casa»

Pankra Nieto

El de María Blanco es un caso un tanto excepcional. El motivo para que comparta un piso de estudiantes en Deusto no es que proceda de otra provincia. Apenas hay 40 kilómetros por carretera entre su casa de Gernika y el campus de la UPV en Leioa, donde cursa el último año de Comunicación Audiovisual. «Es que en tercero me fui de Erasmus a Alemania y cuando vine me di cuenta de que no quería volver a casa», explica. En un principio, sus padres le torcieron el morro, pero ella replicó con una propuesta: «Ellos pagan solamente la carrera y yo trabajo para costearme el piso y el resto de gastos». Al final la idea cuajó y María se mudó a la capital vizcaína, donde dice sentirse «como en casa» y disfrutar de «una nueva etapa» de su vida.

Piso compartido

265 euros
Facturas excluidas. Deusto

María reside en un piso junto a otros tres compañeros en el que cada uno paga 265 euros al mes sin incluir las facturas. «Hemos tenido algunos problemas porque dos de ellos se han ido y nos hemos visto obligadas a buscar sustitutos casi sin tiempo. Menos mal que al final lo hemos conseguido», apunta. Ahora, un poco más relajada, confiesa estar satisfecha por haber dado el paso de independizarse pese a no haber terminado aún los estudios: «Es una transición que no me está costando casi nada. Me emociono al pensarlo y todo. El otro día vinieron mis padres a visitarme y me sentí orgullosa de enseñarles cómo vivo».