Txokos que se alquilan, un negocio en auge en Bilbao

Celebración familiar en el Txoko Eguzkilore./
Celebración familiar en el Txoko Eguzkilore.

Los txokos ya no son exclusivos ni de hombres ni de socios, se han convertido en una alternativa para celebrar una fiesta de cumpleaños, una comida familiar o una cena de Nochevieja

Nerea Vieytez
NEREA VIEYTEZ

Garbiñe ha sido siempre la encargada de organizar las comidas y celebraciones familiares en casa. «Cuando empezaron a llegar los niños nos encontramos con un problema, éramos tantos que no entrábamos. Ir a un restaurante era una opción pero queríamos algo más privado y nos enteramos de que había txokos que se alquilaban». Probaron y les gustó tanto la idea que esta bilbaína de 47 años y su marido se animaron incluso a abrir ellos uno en la lonja que ya tenían en Ribera de Elorrieta. Así que ahora, además de trasladar allí los eventos familiares, le sacan una rentabilidad extra porque son ellos los que alquilan este local reconvertido en txoko a la gente. Un día entero cuesta 250 euros.

Son los 'nuevos txokos', locales que sin necesidad de ser socio se arriendan para celebrar desde un cumpleaños, una boda o una cena de Nochevieja. Una alternativa al concepto tradicional de txoko que se ha traducido en una nueva forma de negocio en Bilbao con la apertura de numerosos locales en los dos últimos años. «Se han convertido en una opción para muchos bilbaínos a la hora de celebrar cualquier evento», cuenta Garbiñe Angoitia desde el txoko ZuGar. «La gente aprecia que puedas estar como en casa pero con mucho más espacio disponible. Es complicado meter en un piso normal a treinta personas y aquí tienes el local en exclusiva para ti».

En esta modalidad de txokos de alquiler no hay 'derecho de admisión' y entra todo el mundo. Acogen desde una despedida de soltera, una comida para celebrar las bodas de oro de los aitas o la fiesta de cumpleaños del más pequeño de la casa. «Hay mucha gente mayor que prefiere juntarse aquí con la familia, así no montan tanto jaleo en casa y están más tranquilos. Además, si hay alguien con cualquier problema de movilidad el local está totalmente adaptado».

Además de por la amplitud, el precio es otro de los atractivos. Las tarifas oscilan entre los 200 y los 250 euros si se reserva el día entero, 150 si es para medio día y desde 25 si se alquila por horas. «La gente nos dice que celebrar una comunión sale más barato que en un restaurante porque puedes cocinar aquí o traer la comida ya lista solo para calentar. Hay muchos que encargan un catering y les sale muy bien de precio», cuenta Garbiñe. Al igual que en los txokos tradicionales, la cocina dispone de todos los utensilios y menaje y no es necesario llevar nada de casa. Y algo muy importante, «cuando se acaba de comer no existe la discusión de quién friega o recoge porque la limpieza está incluida en el precio». También tienes la libertad de adornarlo a tu gusto para ese día: «Hace unos meses una madre se lo curró mucho con una decoración de Alicia en el País de las Maravillas para la fiesta de cumpleaños de su hija».

Datos de interés

Precios:
Entre los 200 y 250 € el día completo | Desde 150 € medio día| Por horas, desde 25€/h
Horarios durante la semana:
Desde las 10.00 hasta las 23.00 entre semana | Desde las 10.00 horas hasta la 1.30 sábados, domingos y festivos

Precisamente, las celebraciones de los más pequeños de la casa son las que copan las reservas del txoko Eguzkilore en Santutxu. Asier García y su mujer Jessica lo abrieron hace un año porque querían dar salida a un local que habían comprado para invertir. «Vimos claro que podría funcionar porque tenemos cuatro colegios cerca y muchos padres eligen el txoko para las fiestas de cumpleaños. Lo reformamos y decoramos nosotros mismos pensando en las necesidades de los clientes».

Estos 'nuevos txokos' intentan siempre adaptarse a las diferentes celebraciones. «Cuando tenemos un 'cumple' infantil sacamos el futbolín, el carro de palomitas, la fuente de chocolate o el 'candy bar' que se puede decorar con chuches. Además, hay una máquina para hacer pizzas y perritos calientes para que los padres puedan preparar aquí la merienda», explica Asier. «Contamos con una plaza enfrente y eso gusta mucho porque los niños pueden jugar fuera sin ningún peligro».

Cena familiar en el txoko Bilanda.
Cena familiar en el txoko Bilanda.

Pero no solo los pequeños disfrutan de estos espacios para alquilar. El txoko Bilanda, en la calle Castaños y cerca del funicular de Artxanda, está más enfocado a celebraciones familiares y de amigos, como cuenta su gerente, Julián Blanco. Cocinero y uno de los más veteranos en este tipo de negocio, asegura que «estos locales permiten ser partícipe de un txoko, algo que aquí gusta mucho, pero sin necesidad de ser socio ni pagar una cuota». El Bilanda está decorado de manera rústica y dispone de un amplio comedor, un salón inglés y cocina. «Hay cocinillas a los que les gusta venir y preparar la comida para la familia, amigos o compañeros de empresa», explica Julián, pero «otros prefieren elegir uno de los menús que tenemos en nuestra carta y se lo servimos nosotros».

En los cinco años que lleva al frente del Bilanda, que era un antiguo txoko familiar, ha visto celebraciones de todo tipo. «Una de las que más me ha emocionado es el homenaje que hicieron unos amigos a un joven fallecido que tocaba en un grupo y organizaron aquí un pequeño concierto para recordarle». También hay muchas empresas que eligen el txoko para comidas o reuniones «sobre todo cuando viene extranjeros y quieren enseñarles algo de la cultura de aquí».

Todos los gestores de estos txokos coinciden en que quien va una vez, repite. «Hay un par de familias y una cuadrilla que reservan cada año para Reyes, un grupo que hace siempre la cena anual de primos y otros clientes que celebran los cumpleaños. De hecho, ya han reservado para el de la amama ¡que este año cumple 100!».

«Se estaba perdiendo la cultura de los txokos»

Asier Benítez siempre se había movido en el ambiente de txokos. Quedaba con su cuadrilla para hacer un bacalao, echar unas partidas al mus... y desde hace un tiempo, este bilbaíno de 36 años veía que en la capital vizcaína esta cultura se estaba perdiendo. Impulsado por esa nostalgia decidió abrir hace tres años el Txoko Basurto, un negocio que compagina con su trabajo. «Los jóvenes ahora no tienen dinero para estar pagando cuotas y esto les permite poder ir a un txoko privado pero sin estar atados a ninguna cuota». La mayor parte de sus clientes son adultos que se reúnen para celebraciones familiares o en cuadrilla. «Para los que prefieren no cocinar ofrezco la posibilidad de contratar a un cocinero y estar como en un restaurante privado». El Basurto es uno de los txokos que más tarde cierra: «Cuando pedí la licencia lo hice para que la gente pudiese estar hasta las dos de la mañana, que al menos después de cenar puedan tomar un gintonic».

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