Txalupas y tres pintxos de bonito en Zierbena

Txalupas y tres pintxos de bonito en Zierbena
Luis Ángel Gómez

El puerto del pueblo acoge la segunda edición del Kantauri Fest, una cita para recordar «cómo era la vida de nuestros antepasados»

LUIS LÓPEZ

Los de Zierbena querían una fiesta para recordar cómo se vivía antes, hace décadas, en el entorno del puerto. Y la han tenido. No se trataba de recrear las penalidades ni el hambre, claro. Pero sí de revivir los placeres sencillos y la placidez de las jornadas ociosas. Si una nube cubría el sol, mirar al cielo y decir, «a ver si no llueve». Llega olor de bonito a la parrilla; a comer. Da la sed; hay txakoli. Frente al restaurante Gloria cantaban cosas tradicionales los Barbis de Portugalete. Había rederas tejiendo en la pérgola y embarcaciones tradicionales deslizándose limpiamente por la lámina de agua mansa del puerto. Nada era estridente ni espectacular por allí. Y eso fue precisamente lo más interesante del Katauri Fest. Ha sido una mañana tranquila en Zierbena.

«Antes hacíamos la feria del marisco», inicia la explicación histórica el alcalde, Iñigo Ortuzar, «pero llegó a ser muy repetitiva y no tenía vinculación ni con la historia ni con la vida del pueblo». En fin, que era como algo forzado. Así que como alternativa se creó el Kantauri Fest, que ahora celebra su segunda edición. «La idea es volver a las raíces y que se impliquen los vecinos para recordar cómo era la vida de nuestros antepasados».

El plato fuerte de la jornada de hoy ha sido el desfile de embarcaciones tradicionales, 25 txalupas y pequeños veleros en perfecto estado de conservación. Todos de madera y llegados no sólo de Bizkaia, sino también desde Cantabria y Gipuzkoa. A los remos había, en algunos casos, hombres de aspecto marinero, gesto rocoso y pericia casi mecánica; en otros, jóvenes que se hacían selfis con poses variadas. El pasado y el futuro. En uno de los botes un abuelo, paciente y feliz, enseñaba a bogar a la nieta.

En tierra tres generaciones de mujeres del pueblo vestidas de arrantzales reían entre redes. «Aquí nos tienen, hijo, cosiendo. Y pasando la mañana». Sonaba a protesta, pero estaban encantadas porque quienes les hacían fotos no eran turistas, sino la familia.

Lo mejor de todo fue cuando ahí al lado empezaron a repartir pintxos de bonito a 1,5 euros. «Están brutales», anunciaba el cobrador. Y era cierto, aunque algún comensal se empeñase en destruirlos exigiendo más tiempo de cocción. En la zona de la carpa también ofrecía bonito el puesto del batzoki, en este caso encebollado y por 2,5 euros. Y, al lado, el del restaurante El Puerto tenía variedad por 3 euros. «Esto no es bonito, es atún rojo», puntualizó levantando las cejas el cocinero Ernesto, al tiempo que echaba en la parrilla dos pintxos morunos que, además, llevaban rape y vegetales. Les ponía una salsa roja medio secreta con base de piquillo, cebolla, ajo, aceite... Y no quiso revelar más.

A lo largo de la jornada hubo también degustación de txakoli, talleres marineros, danzas, actuaciones musicales... Y mañana por la mañana sigue la fiesta.