«El trabajo es una terapia más y así logro centrarme»

Ricardo posa ante la sede del Grupo SIFU que le ha encontrado trabajo./S. G.
Ricardo posa ante la sede del Grupo SIFU que le ha encontrado trabajo. / S. G.

Sergio García
SERGIO GARCÍA

A sus 50 años, Ricardo Z. (nombre ficticio) las ha vivido de todos los colores. Sus primeros escarceos con el alcohol se produjeron con 16 años y no tardaron en convertirse en algo fuera de control, compulsivo, a lo que no tardó en sumarse la adicción al juego. «Necesitaba beber para relacionarme, para ligar, para tener amigos, para aceptarme».

Cuando murió su padre, decidió coger el toro por los cuernos y poner freno a una deriva que había desembocado en dos intentos de suicidio, una hepatitis B por transmisión sexual, el hígado y los intestinos inflamados. Por no hablar de los empleos que perdió en el camino, la herencia dilapidada –«me fundí 50.000 euros en un año»–, las relaciones de pareja que saltaron por los aires... «Llegó un momento en que la tumba era mi horizonte más cercano». Con 30 años, se emborrachaba un viernes «y era incapaz de sostener una silla hasta el martes».

En resumen

43% de discapacidad.
Trastorno depresivo y dependencia alcohólica en remisión. Su peripecia vital es un descenso a los infiernos, de donde ha salido con grandes dosis de fuerza de voluntad y la ayuda inestimable de las terapias de grupo. Alcohólico, ludópata, dos intentos de suicidio... Ahora cuenta su experiencia en centros penitenciarios.

El pasado verano empezó a trabajar como jardinero en Lemoa, contrato que empalmó con otro de mozo de almacén moviendo palés, reciclando papel y cartón. «Tener un trabajo es importantísimo, es una terapia más que te ayuda a estar centrado». Tampoco olvida a quienes le ayudaron en sus momentos más negros, así que ha dado charlas en la cárcel de Basauri y en los psiquiátricos de Bermeo o Zaldibar. Sólo ha recaído una vez en ocho años, pero es humilde y en las reuniones de alcohólicos en las que participa se resiste a dar lecciones a nadie, «porque yo soy el primero que tiene un problema». Su lema es: «Evito la primera moneda y la primera copa para no reincidir. Si bebo es seguro que voy a jugar, una cosa me lleva a la otra».

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