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La madre de las niñas muertas denunció al padre pero pidió que ellas pudieran verlo

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Retirada de los cadáveres de las pequeñas asesinadas por su padre. / Foto: Sergio López \ Vídeo: Luis E. González Iglesias

  • José Ignacio Bilbao, natural de Basauri y residente desde hace años en Asturias, mató a sus dos hijas con una barra metálica poco después de recoger a las pequeñas Sara y Amets -de 7 y 9 años- de la casa de la madre, de la que estaba separado, y posteriormente se arrojó por un viaducto

José Ignacio Bilbao Aizpurua, de 55 años, acabó con la vida de sus dos hijas -Amets, de 9 años, y Sara, que el miércoles había cumplido 7 años- en el domicilio que tenía alquilado en el número 56 de la avenida Los Quebrantos de la localidad asturiana San Juan de la Arena y posteriormente se suicidó lanzándose al vacío desde el viaducto de la Concha de Artedo. El cadáver del hombre apareció sobre las cinco de la tarde bajo el puente de la autovía, sobre la carretera nacional. A poco más de un kilómetro hallaron su coche, un Citroën Xantia. José Ignacio Bilbao Aizpurua, natural de Basauri aunque en la actualidad vecino de Soto del Barco, fue identificado poco después de que su cuerpo fuera encontrado. Se había tirado desde 110 metros de altura, pero antes había cometido un brutal infanticidio. Había sido denunciado por maltrato por su mujer, que llegó a pedir en el juzgado medidas de alejamiento que no le fueron concedidas en 2013.

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Las niñas vivían habitualmente con su madre, que se había separado recientemente de su marido, y estudiaban en el colegio Gloria Rodríguez de Soto del Barco, localidad que dista escasos kilómetros del domicilio paterno. El consejero de la Presidencia del Gobierno asturiano, Guillermo Martínez, ha señalado este viernes que en su momento hubo una denuncia por maltrato psicológico, que acabó siendo considerado como un caso de vejaciones.

Según ha explicado el Tribunal Superior de Justicia de Asturias, el 13 de mayo de 2013 se abrieron unas diligencias previas en el juzgado de Pravia a raíz de una denuncia presentada ese mismo día ante la Guardia Civil de Soto del Barco. El atestado viene redactado como unas posibles vejaciones leves en el ámbito familiar. La denunciante incidió en su relato en que no ha habido agresión física alguna, ni durante el altercado ni antes, que fueron únicamente insultos en una discusión muy subida de tono, pero no presentaba parte alguno de lesiones, ni consideraba que su pareja fuese un hombre violento, ni con ella ni con las dos hijas que tenían en común, aunque sí manifiestó que desde hacía un tiempo las discusiones de este tipo se habían repetido en los últimos tiempos.

Su representación legal, solicitó un orden de alejamiento, únicamente para ella, pues la denunciante hizo constar expresamente que no quería que sus hijas cortasen la relación con su padre. Tras la declaración y la valoración de las circunstancias referidas, el Juzgado de Pravia, de acuerdo con el Ministerio Fiscal, acordó el sobreseimiento de dichas diligencias denegando la orden de alejamiento.

No consta en dicho juzgado denuncia alguna por cualquier reacción violenta o amenazas del progenitor hacia las menores, ni anterior ni posteriormente a lo explicado. Con posterioridad a las diligencias antes referidas, en Junio de 2013, la misma denunciante, presentó ante el Juzgado de Pravia una demanda civil de medidas paterno-filiales, pues la pareja no estaba casada aunque la denunciante certificó que llevaban 10 años de convivencia.

Dicha demanda, en la que no se personó el otro miembro de la pareja, se resolvió tras desarrollarse el procedimiento habitual en dichos casos, en noviembre de 2013, aceptándose la petición de la denunciante de que el padre pudiera ver a sus hijas los martes y jueves de 6 a 8 de la tarde y, estableciéndose que, valorada la situación económica del padre, debería aportar 75 euros mensuales para la manutención de cada hija.

Asimismo consta denuncia reciente en el mismo juzgado por impago por parte del progenitor de las cantidades referidas alguno de los meses, que se estaba tramitado en la actualidad como posible ilícito de impago de prestaciones familiares.

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Cartel en la puerta de la casa de la madre de las pequeñas asesinadas. / Sergio López

Una barra metálica, la arma del crimen

Fue al notificar el fallecimiento del hombre a sus familiares cuando se desató la alarma, ya que éstos expresaron su preocupación por las niñas, que José Ignacio Bilbao debía devolver a su madre, de la que estaba separado, esa misma tarde. Inmediatamente, efectivos de la Guardia Civil iniciaron una investigación para tratar de localizar el paradero de las menores. Otras fuentes apuntan a que fue la madre de las pequeñas -natural de Cudillero- quien, alertada al no presentarse su exmarido a la hora prevista, quien se dirigió a la Guardia Civil. Ella habría acompañado a los agentes hasta la vivienda de su expareja. Nada más llegar encontraron un rastro de sangre en el felpudo, lo que hizo temer lo peor. La tragedia se confirmó en el interior de la casa, donde fueron encontrados los cuerpos sin vida de Amets y Sara.

La Guardia Civil señala como arma del crimen una barra metálica, que fue hallada en el domicilio ensangrentada. Los agentes también habían registrado los contenedores de basura de la calle en busca de alguna otra posible arma homicida. Independientemente del objeto utilizado, un primer examen de los cuerpos reveló que el agresor se había ensañado. No fue hasta pasadas las diez de la noche cuando, ante la mirada estupefacta de más de una veintena de vecinos, dos coches fúnebres accedieron a la plaza delantera bloque de viviendas. En presencia de la Policía Judicial, los cuerpos sin vida de las niñas fueron evacuados del lugar.

José Ignacio Bilbao Aizpurua llevaba poco tiempo separado de su mujer. El matrimonio había vivido en Soto del Barco, donde las pequeñas todavía acudían al colegio. Al parecer, tras el divorcio José Ignacio Bilbao regresó temporalmente a Bizkaia. Este verano había vuelto a Asturias y buscado un empleo en la hostelería. Para estar cerca de sus hijas, en septiembre había alquilado la vivienda de San Juan de la Arena donde aparecieron los cuerpos sin vida. El régimen de visitas pactado tras la separación dictaba que José Ignacio Bilbao podía pasar con las niñas las tardes de los martes y jueves, de cuatro y media a seis y media. Ayer, por tanto, era uno de esos días en que tenía permiso para estar con ellas.

"Siempre sonreían; nunca decían nada malo de su padre"

La madre de las menores fue trasladada al cuartel de la Guardia Civil de Piedras Blancas para prestar declaración. También los vecinos del inmueble dieron su testimonio. Aseguraron no haber oído ningún ruido ni apreciar alguna circunstancia que les hiciera sospechar de la tragedia ocurrida a pocos metros de sus viviendas. El ensañamiento del homicida con las dos indefensas niñas causó consternación entre los vecinos que acudieron al inmueble al percatarse de lo sucedido. «Estamos destrozados», comentaron los residentes en la calle donde se produjeron los hechos, incapaces todavía de asumir el horror. «Cosas como ésta no deberían pasar nunca. ¿No le bastaba con quitarse de en medio él y dejar en paz a las pobres crías?», se lamentaba una vecina.

La sensación de impotencia y de incomprensión era palpable ayer en San Juan de la Arena. Algunos reconocían haberle visto tratar con severidad a sus hijas, pero nadie se podía imaginar que Bilbao Aizpurua pudiese llegar a perpetrar un crimen semejante: «Aunque tenía más relación con gente de Soto, a veces lo veíamos en los bares de por aquí, y parecía un tipo muy tranquilo y normal. Se sentaba, bebía café y leía la prensa sin meterse con nadie».

La noticia de la muerte de las pequeñas también llegó a oídos de algunos de sus compañeros en el colegio de Soto del Barco, al que ambas acudían. Una alumna que reside en las proximidades de la avenida de Los Quebrantos y que compartía grupo de teatro con ellas afirmó que «siempre sonreían; eran unas niñas normales, felices y que nunca decían nada malo de su padre».

Aunque en la actualidad estaba en paro, había trabajado como pescador y en el sector hostelero. Regentó durante una temporada el bar restaurante Maribel en Piñera, Cudillero, hasta que lo traspasó hace nueve años. Al parecer, también trabajó en el bar La Parra, de Cudillero. Tras la separación, la exmujer del infanticida había iniciado una relación con otro hombre. Hace unas fechas, el vehículo de éste apareció con las ruedas pinchadas, lo que podría apuntar a una venganza por parte de Bilbao Aizpurua.

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