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Enfermera toma la tensión a una paciente.
Enfermera toma la tensión a una paciente.

La prevalencia de la insuficiencia cardiaca está aumentando

  • medicina interna

  • La hipertensión arterial de larga evolución mal controlada y el envejecimiento de la población, dos de las causas

La insuficiencia cardiaca (IC) es la principal causa de ingreso en los servicios de Medicina Interna en España. En concreto, en 2013, la especialidad que más altas tuvo por IC fue Medicina Interna —más de 63.000—. Una cifra que representa casi un 10% del total de las altas de la especialidad.

Esta enfermedad lleva asociada una elevada mortalidad y una prevalencia que está incrementándose, a consecuencia principalmente de la hipertensión arterial (HTA) mal controlada y la cardiopatía isquémica, de larga evolución, en una población cada vez más envejecida. Además, la IC se acompaña con frecuencia de fibrilación auricular (FA). Dos enfermedades que se analizan y desgranan con detalle en la XIX Reunión de Insuficiencia Cardiaca y Fibrilación Auricular de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), que se celebra estos días en Oviedo.

«La mayoría de los pacientes con IC y FA tienen una edad elevada, varias comorbilidades y en muchos casos una situación de dependencia, lo que dificulta el tratamiento y complica el pronóstico. Para atender adecuadamente a este tipo de pacientes es imprescindible una atención integral de todas las comorbilidades. Este es el objetivo de las Unidades de Manejo Integral de Pacientes con IC (UMIPIC), basadas en Medicina Interna», asegura el coordinador del Grupo de Trabajo Insuficiencia Cardiaca y Fibrilación Auricular de la SEMI, el doctor Luis Manzano.

Para conseguir una continuidad asistencial adecuada, el experto considera muy importante la implicación de Enfermería, la colaboración con los servicios de Cardiología, Urgencias, Atención Primaria, el Hospital de Día, Hospitalización a Domicilio, la coordinación con los trabajadores sociales y el compromiso y colaboración de los familiares y pacientes. «El reto es conseguir una adecuada coordinación entre todos estos agentes», agrega el especialista.

Actualmente, muchos de los pacientes con IC son pluripatológicos y están polimedicados, de modo que una adecuada conciliación terapéutica es absolutamente primordial. Al tratarse de enfermos con un elevado número de descompensaciones, está demostrado que una adecuada educación en conceptos básicos de IC, un régimen flexible de diuréticos y una estrecha relación con el equipo asistencial, «reduce de forma sustancial la frecuentación hospitalaria, que no solo implica un consumo de recursos sanitarios considerable, sino que supone un deterioro físico y funcional que impacta muy negativamente en la calidad de vida del paciente», asegura el doctor Manzano.

En este punto, el facultativo destaca que «la figura de la enfermería ha demostrado ser una de las medidas más eficientes al coordinar la transición entre atención hospitalaria y el manejo en el domicilio, identificar errores en la toma de la medicación, detectar barreras en las visitas domiciliarias, educar en aspectos básicos de esta enfermedad y ofrecer un apoyo constante y un seguimiento estrecho tanto al paciente, como a su entorno socio-familiar».

Desde la SEMI se hace hincapié en que para abordar correctamente una patología como esta, se debe constituir un equipo multidisciplinar compuesto principalmente por Enfermería, Cardiología, Medicina Interna y Atención Primaria. Algo que permitirá garantizar la necesaria continuidad asistencial, en donde también pueden estar implicadas otras especialidades.

Los retos para el futuro

Una de las principales preocupaciones que tienen los internistas es que, como se comentaba anteriormente, la prevalencia de la IC no deja de aumentar en gran parte derivada de la HTA mal controlada y la cardiopatía isquémica, de larga evolución, en una población cada vez más envejecida.

«Estas enfermedades son las principales causas de IC y aún existe una insuficiente concienciación entre la población general de la importancia de establecer medidas preventivas eficaces, mediante el control de los factores de riesgo como el tabaquismo, el sedentarismo, la obesidad, el consumo excesivo de alcohol, la presión arterial, el colesterol y la diabetes mellitus, entre otros», precisa el especialista, quien incide en que es necesario incrementar las campañas de difusión del conocimiento entre la población general e implementar medidas que ayuden a los médicos a mejorar el control de estos factores de riesgo.

Además, ese envejecimiento de la población del que hablamos está originando la aparición, cada vez más frecuente, de estenosis aórtica que, cuando es severa, no tiene otra opción terapéutica que el recambio valvular. Algo «imposible, en muchas ocasiones, en pacientes ancianos pluripatológicos, para los que la implantación de una válvula percutánea es una alternativa», recalca el facultativo, quien agrega que el envejecimiento también está provocando que la amiloidosis cardiaca senil por transtiretina sea una entidad cada vez menos rara, para la que recientemente se ha validado un esquema diagnóstico que evita la biopsia.

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