El Correo
Ramiro Calle.
Ramiro Calle. / Alberto Ferreras

«La gente hoy no puede estar ni dos minutos consigo misma. Es terrible»

  • ramiro calle, pionero del yoga en españa, Las conexiones entre el cuerpo y la mente son ya discutidas por pocos. Especialista en cuidar el equilibrio espiritual, Ramiro Calle, pionero en introducir el yoga en España, habla de cómo esta disciplina ayuda a sentirse mejor

Ramiro Calle es uno de los grandes pioneros del yoga, introductor de la disciplina en España y maestro orientalista, su experiencia se remonta más de medio siglo atrás y desde 1971 dirige el centro Shadak, todo un referente en la materia por el que han pasado más de 600.000 personas seducidas por los beneficios físicos y espirituales del yoga. Al ritmo pausado y reflexivo de sus palabras, recorremos algunos de los entresijos del pensamiento de este sanador de espíritus, que más de 100 viajes a India y 250 libros publicados después, todavía sigue considerándose un aprendiz.

–¿Cómo se encuentra Ramiro Calle con el yoga?

–Fue con quince años. Entonces escuché hablar de yoga a un amigo mexicano. Yo nunca había oído ese vocablo y por tanto le pregunté: «¿Qué es el yoga?». Su respuesta, un método para controlar la mente. Yo tenía un pensamiento tumultuoso, convulso y caótico. Justo ahí empecé a interesarme por el yoga, a investigar a fondo, a hablar con expertos, pedía libros a países de Hispanoamérica o Francia. Años después llegó un maestro hindú a Madrid y comencé a asistir a sus clases. Así fueron los comienzos.

–¿Cuáles son los beneficios del yoga para la salud física?

–Para la salud física lo más recomendable es el ‘hatha yoga’, que se basa en posturas de estiramiento y masaje, ejercicios respiratorios y técnicas de relajación profunda. Con este método conseguimos unificar la mente y el cuerpo, mejorar el funcionamiento de nuestros órganos, estirar y flexibilizar los músculos y desarrollar la capacidad de resistencia y rendimiento del cuerpo. No obstante, en todo ello influyen las energías internas y la mente, porque el verdadero yoga entra por el cuerpo pero llega también al pensamiento y a las emociones. Entre sus muchos efectos también reduce el estrés, revitaliza, nos ayuda a mantener el sosiego y a combatir desórdenes como el insomnio. Es un manantial de vitalidad.

–Los problemas del espíritu y de la mente están íntimamente relacionados con aquellos que afectan al cuerpo, ¿no cree?

–De hecho el yoga fue el precursor de la ciencia psicosomática, el primero en descubrir que hay una relación estrechísima entre el cuerpo y la mente, entre la mente y el cuerpo. Desveló que todo lo que le sucede al cuerpo repercute a la mente y viceversa, y por tanto, trata de poner a nuestro alcance herramientas para mantener perfectamente armonizados y coordinados cuerpo y mente.

–Usted vivió en Sri Lanka una situación cercana a la muerte, ¿cree que su experiencia como maestro de yoga le pudo ayudar entonces?

–Indudablemente. Estuve muchos días al borde de la muerte, pasé más de 20 en la UCI y luego casi un mes en planta en el Hospital La Paz de Madrid. Me dieron incluso por muerto. Cuando salí del hospital había adelgazado 25 kilos, literalmente no podía levantar en el aire un vaso de agua, me caía al caminar, veía doble, la enfermedad afectó a todo mi sistema nervioso. Entonces empecé a trabajar a fondo con las posturas de yoga, en la relajación, meditación y técnicas de control mental. Todo ello hizo que pudiera, evidentemente con ayuda de la medicación, acelerar mi proceso de recuperación. Cabe recordar que la bacteria Listeria tiene un índice muy elevado de mortandad y unas secuelas muy graves. El yoga desde luego jugó un papel extraordinario.

–En tiempos tan fugaces, ¿cómo es posible parar?

–Reza un antiguo adagio: hasta un caballo de carreras, si no para, se destripa. Se han hecho estudios y la gente no puede estar ni dos minutos con ella misma, es terrible. Nos hemos disociado tanto de nuestro ser interior que ya no podemos estar con nosotros mismos, nos aterra la soledad, nos dejamos llevar por el miedo, tenemos que servirnos de herramientas muy antiguas y solventes para detener nuestra marcha. Vivir más el presente en cada instante, apostar por la calma.

–¿Cómo se acerca al yoga una persona no vinculada a la disciplina?

–Lo primero que se necesita es una motivación, querer realmente ser mejor. El yoga es el primer método de mejora y la primera psicología. Es preciso saber que si nosotros mejoramos nuestra calidad de vida psíquica lo harán también los demás. Yo empezaría por informarme, leer algún libro y luego, si es posible, acudir a algún instituto o centro de yoga. Cada uno tiene que utilizar su discernimiento, los seres humanos tenemos un criterio y no podemos creernos todo lo que nos digan, de hecho, el yoga se mueve por experiencias. No es una religión, un deporte, un culto o un dogma. Es un método para todas aquellas personas que desean sentirse mejor.

–¿Vivimos en tiempos de consumismo espiritual?

–Sin duda, yo critico constantemente en artículos y en redes sociales que todo se haya convertido en una especie de supermercado espiritual, en el que abundan charlatanes y caraduras. Los ha habido siempre pero ahora, con cantidades de dinero verdaderamente extraordinarias, surgen en mayor medida todo este tipo de embaucadores. Muchas personas falsean el yoga, lo desdibujan, lo desvirtúan y llaman yoga a algo que no lo es. Todo esto del yoga fitness y del contorsionismo barato no es yoga.

–Usted suele decir que el ego es el principal enemigo del yogui…

–El ego es el principal enemigo de cualquiera. Si quieres ver el diablo cara a cara, mira a tu propio ego. El ego es narcisismo, la persona ya no tiene ojos para ver las necesidades ajenas. Es una pena que también haya surgido en el ámbito espiritual, con el gurú que arrastra masas, un rascacielos que engaña a los demás y del que siempre está detrás una gran organización de marketing.

–¿El motor del cambio está en nuestro interior?

–Es indudable. No sé cómo la gente no se da cuenta de ello. Nada puede cambiar si no cambiamos nuestra mente, es obvio. Si estamos llenos de ofuscación, de avaricia y de odio, ¿qué vamos a cambiar? Si algo urge es modificar nuestra psicología y mejorar nuestra vida psíquica.

–¿Qué supone para usted India?

–Decía Víctor Hugo que India es nuestra abuela y nosotros la veneramos. De alguna manera, es esencial lo que ha sido –porque vive del pasado, ya que actualmente es un desastre– cultural, filosófica, intelectual y artísticamente. Esa India eterna es la cuna de una gran espiritualidad, de una escuela filosófica muy refinada, del arte y del yoga. Es, en suma, un foco de civilización de cuyo alcance nunca seremos conscientes.