Batalla al azúcar, el enemigo oculto

Batalla al azúcar, el enemigo oculto

¿Cuántos terrones tiene un refresco de cola? Expertos en salud valoran que el Gobierno aplique una tasa a las bebidas azucaradas

ANE URDANGARIN

¿Le daría a su hijo nueve terrones de azúcar para acompañar la cena? ¿Comería cuatro azucarillos de postre? ¿Añadiría cuatro terrones a los macarrones? ¿O casi cinco al bol matutino de leche? Quizás lo esté haciendo sin saberlo cuando ofrece a su hijo un refresco de cola, completa esa comida que cree tan saludable con un yogur 0% materia grasa, añade un pequeño brick de salsa de tomate al plato de pasta o da de desayunar algunos tipos de cereales a su prole. Es lo que viene denunciando con sus fotografías sinazucar.org, una iniciativa que pretende mostrar de forma gráfica la cantidad de azúcar añadido que tienen muchos de los productos que consumimos habitualmente. Tampoco hay que mirar en internet para ser conscientes de la ingesta de este dulce enemigo: algunos pediatras tienen en las paredes de su consulta imágenes en las que se ve cuántos azucarillos tiene un refresco. Uno de 33 cl, nueve.

«Cuando los niños llegan con hambre, que solo tengan verdura»

Precisamente, son los refrescos y las bebidas azucaradas las primeras en ser puestas en la diana no solo por la comunidad médica, que lleva años advirtiendo de cómo el exceso de azúcar nos está convirtiendo en una sociedad más obesa y propensa a enfermedades como la diabetes, cáncer o mortalidad precoz por accidente cerebrovascular, con todo lo que ello supone, sino también por las autoridades. El Gobierno central tiene previsto recaudar este año cerca de 200 millones con el nuevo impuesto que gravará las bebidas azucaradas y carbonatadas, una tasa que también afectará a las bebidas 'cero' y de la que no se conocen más detalles que los que explicó en su presentación el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, al señalar que «irá en la línea de otros países».

Expertos en salud ven, en general, con buenos ojos este tipo de medidas propuestas por la Organización Mundial Salud, aunque muchos lamentan que sea el ministro de Hacienda y no la titular de Sanidad la que tome las riendas de un problema de salud pública, «una epidemia», alertan, para tratarlo desde una perspectiva integral. «Bienvenida sea cualquier medida, aunque solo sea disuasoria, por la que alimentos y bebidas claramente perniciosas para la salud, especialmente en la edad infanto-juvenil, tengan un gravamen especial que traerá como consecuencia la disminución del consumo. Pero ojalá esté acompañada de un plan educativo, integral y continuado contra la obesidad», dice la pediatra y endocrinóloga infantil Elena Alustiza, que ejerce en el ambulatorio del barrio donostiarra de Egia y que recuerda que uno de cada 4-5 niños de Euskadi tiene sobrepeso. Consciente de este problema, el Gobierno Vasco ha anunciado esta misma semana que a lo largo de la legislatura pondrá en marcha un plan específico para frenar la obesidad en menores.

De niño obeso a adulto obeso

Porque la edad es «muy importante» para predecir el riesgo de que ese niño siga siendo obeso en la edad adulta. «Un adolescente obeso tiene un 80% de riesgo de serlo en la edad adulta y, en cambio, un niño de 4 años tiene un 20% de serlo de mayor. Sin embargo, cuando el niño tiene 4 años y si el padre o la madre son obesos, el riesgo de serlo en la edad adulta se triplica. Y si lo son el padre y la madre, se multiplica por 10», explica Alustiza. Otro dato «importante» que estimula la prevención en edades tempranas, incluso a partir del embarazo de una madre obesa para que ese niño no nazca 'programado' para serlo también en el futuro, es que «la obesidad del adulto que se inicia desde la infancia tiene más complicaciones que la instaurada más tarde».

La pediatra donostiarra advierte de los factores que están engordando a la población infantil. Por una parte, cita la comida rápida «junto a alta ingesta de refrescos o bebidas con alto contenido en azúcares de absorción rápida con raciones cada vez más grandes». Ello, unido a «picoteos frecuentes» y a un sedentarismo creciente, con una presencia cada vez mayor de «dispositivos ahorradores de energía», como ascensores, escaleras eléctricas, mandos a distancia etc. Y, por supuesto, está el efecto 'pantalla', la de la televisión, el ordenador, la tablet o el móvil, que acaparan un «exceso de horas» de ocio restándoselos al tiempo de ejercicio o juegos activos de toda la vida. «Y además con anuncios que refuerzan la ingesta de sobrecalorías ó calorías basura».

El problema, en cifras

AZÚCAR AÑADIDO

25% Obesidad infantil: Se estima que uno de cada cuatro/cinco niños vascos es obeso.

10% del total de calorías consumidas al día debe suponer como mucho el azúcar añadido, según la Organización Mundial de la Salud, aunque su umbral óptimo es el 5%: 25 gramos, seis cucharillas.

Dónde está. En muchos alimentos industriales. En la web sinazucar.org revelan las cantidades que contienen yogures, bebidas, dulces, tomate frito, cereales...

Cómo se etiqueta. Los expertos recomiendan fijarse en la etiqueta para saber la cantidad de azúcar añadido, que puede figurar como sacarosa, glucosa, fructosa...

Efectos. Las evidencias científicas asocian la ingesta de bebidas azucaradas con enfermedad metabólica, diabetes tipo 2, mortalidad precoz por accidente cerebrovascular o cánceres. La fructosa también afecta al hígado.

Una cuestión nada baladí, el del papel de la industria. En noviembre, en estas páginas se publicaba una noticia sobre el 'el lobby «sanitario» de Coca-Cola y Pepsi', en la que se informaba de un estudio que acusa a ambas multinacionales de gastar millones en patrocinar organizaciones de defensa de la salud para que no apoyen políticas contra el consumo de refrescos. Alustiza dice que es «evidente» la presencia de estas empresas en organizaciones sanitarias y científicas y en congresos médicos, «con expertos que hablan de estilos de vida saludable pero obvian el daño y la grave responsabilidad que tienen ellos mismos en la epidemia de obesidad».

Cómo se etiqueta. Los expertos recomiendan fijarse en la etiqueta para saber la cantidad de azúcar añadido, que puede figurar como sacarosa, glucosa, fructosa...

Efectos. Las evidencias científicas asocian la ingesta de bebidas azucaradas con enfermedad metabólica, diabetes tipo 2, mortalidad precoz por accidente cerebrovascular o cánceres. La fructosa también afecta al hígado.

Porque este tipo de bebidas, explica la experta, contienen azúcares de absorción rápida, «que alteran la secreción de insulina», y además las bebidas carbonatadas tienen fosfatos: «de entrada, el que toma refrescos toma menos leche, pero es que esos fosfatos evitan la absorción de calcio fundamental para el desarrollo óseo del niño». Por ello, reitera su recomendación de beber agua y hacer ejercicio físico. «El agua es una excelente bebida exenta de trastornos añadidos», insiste.

Pero estos azúcares no solo se encuentran en estas bebidas. «Cuando te bebes una lata de un refresco están ingiriendo 30 gramos de azúcar aproximadamente. Pero lo mismo pasa con los cacaos más conocidos que se toman para desayunar. En estos casos es mejor tomar leche sola o con cacao desgrasado», explica la nutricionista Gabriela Uriarte, quien advierte de la cantidad de azúcar añadido que consumimos a diario. En algunos zumos de brick, por ejemplo. «O coges unos cereales pensando que son ideales para tu alimentación saludable, porque los publicitan así, y resulta que de 100 gramos tienen casi 20 de azúcar. Y los hay incluso con más y los venden para hacer dieta», lamenta la especialista donostiarra, quien recuerda que nuestro cuerpo «no necesita azúcar añadido, lo que sí necesita son hidratos de carbono, que ingerimos mediante la fruta, cereales, hortalizas etc». Eso sí, por comerse un trozo de tarta de queso de vez en cuando no pasa nada. «Lo importante es controlar el goteo del día a día».

Porque están esas cucharillas que añadimos al yogur, pero más le preocupa el oculto, ese que está presente en tantos alimentos industriales.

Uriarte apoya el gravamen a las bebidas azucaradas, «una medida que estaba tardando y deberían poner más. También es cierto que me encantaría que el dinero que recauden lo empleen en políticas de prevención de la obesidad de verdad», añade. Por ejemplo, en incluir a dietistas en la sanidad pública, «porque somos el único país de Europa que no los tiene. De la misma manera que nos enseñan educación vial, nos deberían enseñar educación nutricional, que al final son cuatro cosas. Porque de lo contrario estamos dando el poder a gente que no le importa la salud, sino vender galletas o lo que sea. Una asociación española de pediatría avaló unas galletas que contienen un tercio de azúcar. ¿Por qué no avalan las manzanas?».

Saber leer la etiqueta

Una de las cosas que a su juicio deberíamos saber los consumidores es leer las etiquetas. «Cuando coges un producto, lo último en lo que te tienes que fijar es en la carátula. Puede poner 'alto en fibra', 'fuente de proteína' pero eso no significa la cantidad». Cuando se gira el paquete hay que mirar la lista de ingredientes más que las calorías, «que no nos habla de la calidad nutricional. Puedes llevar una dieta hipocalórica y comer fatal». Y entre los ingredientes fijarse en la cantidad de azúcar, sacarosa, glucosa, fructosa, jarabe de maíz rico en fructosa... «Todo eso es azúcar añadido».