EGA, así es el examen más difícil de Euskadi

El título que certifica el máximo conocimiento del euskera divide a la sociedad vasca por su sistema de evaluación de los conocimientos y por la complejidad de la prueba, que solo supera con éxito uno de cada cuatro aspirantes

I. BELOKI

"Yo me considero bilingüe, por mucho que un título no lo acredite". El caso de Aitor Amatriain resulta paradigmático en el marco social actual del País Vasco. Estudió toda su vida en una ikastola y en primero de Bachillerato se preparó de forma específica para el EGA, sobre todo para su prueba inicial (atariko proba). El joven estudiante, sin embargo, cayó en la primera criba por tan sólo dos fallos. Domina la lengua vasca con fluidez y podría emplearla en casi cualquier faceta. Pero esto no le fue suficiente para superar el examen supremo del euskera. Y, sin el título, a pesar de su elevado conocimiento de la lengua, Aitor ve cómo se le cierran puertas laborales y tiene muy condicionado el acceso a determinados puestos de la administración.

El EGA (acrónimo de Euskararen Gaitasun Agiria) divide a gran parte de la sociedad. Tiene acérrimos defensores sobre todo en el ámbito oficial- e implacables detractores. Ese abismo, además, se ha hecho más patente que nunca después de que un partido político, el PSE, pusiera en duda el sistema de obtener el certificado. "Algo falla cuando apenas uno de cada cuatro aspirantes logra superar el examen", sentenció la parlamentaria Isabel Celáa. El grupo PSE-EE, de hecho, pidió que un grupo de expertos revisara las pruebas de acreditación del conocimiento del euskera por el "bajísimo porcentaje de aprobados". Y mostró los datos. De los 82.058 aspirantes que se ha presentado a las pruebas en los últimos seis años, han aprobado menos de 20.000 (19.114, exactamente), con un promedio del 23,33%. En algunas convocatorias han sido aún menos (el mínimo es el 21,48%). El máximo ha sido del 26,49%.

Pese a ello, sigue siendo el título que todo euskaldún anhela. Poseerlo abre puertas laborales, sobre todo en el acceso a la administración, en algunos de cuyos puestos es inexcusable. Y, en todo caso, sitúa el curriculum de cualquiera en Euskadi un escalón por encima del del resto, de manera que su elevada complejidad no desanima a los aspirantes, que siguen acudiendo a las academias para preparar una de las pruebas más difíciles a las que se enfrentarán en su vida.

Pero, ¿cómo es el examen? Consta de tres fases, la llamada prueba inicial (atariko proba), la escrita y la oral. Las críticas de los detractores y de muchos que se han sometido a la prueba se centran en la primera de las tres. El denominado atariko proba se basa en una larga serie de preguntas tipo test, en la que el aspirante debe acertar al menos el 70,5% del total. Se trata de la primera gran criba, ya que la mitad de los que se presentan se quedan fuera del examen. De hecho, el número de respuestas correctas obligatorias disminuye hasta que se consiga el 50% de aprobados.

"Para aprobar el EGA no tienes que estudiar euskera, sino las preguntas del EGA", denuncia Brenda Cruz, que consiguió este certificado en el año 2005, después de suspender una vez la prueba inicial. "Aprendes una serie de casos que se repiten a medida que haces tests", asegura. A esta licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas por la UPV/EHU le sorprende el aséptico cariz que adquiere el EGA en su fase inicial, en la que algo tan intangible como un idioma se ve reconvertido en casi un asunto estadístico. Amatriain, por su lado, añade también la "suerte" como uno de los factores. "Recuerdo que algunas de las preguntas más difíciles se referían a los verbos, pero me sorprendió que por ejemplo te pidan el significado de un refrán que quizás no has escuchado en tu vida", asegura.

Los otros dos peldaños hacia el EGA son la prueba escrita y la oral. En la primera se mide la riqueza léxica y la comprensión en la lectura de los aspirantes, mientras que en la segunda se prima la fluidez a la hora de expresarse. Estos dos aspectos son los que más comprensión generan entre los alumnos, quizás por la similitud que muestran con otros exámenes, como los de inglés, unas pruebas que, según el PSE, poseen un porcentaje de aprobados mucho más elevado que el EGA en niveles de conociemiento equivalentes. "A la segunda y la tercera puedes ir más seguro de lo que sabes, pero en el atariko proba tienes la incómoda sensación de que puede tocarte cualquier cosa. Esa sensación de que haya algo que no puedes controlar", narra Cruz.

Dos corrientes

Mientras tanto, desde Euskaltzaindia y partidos políticos como EH Bildu defienden la idoneidad del sistema por el que se rige el EGA. El partido abertzale consideraría un "grave error" rebajar la exigencia del examen, ya que "a la larga iría en contra del euskera", ha señalado la parlamentaria Estitxu Breñas.

La Real Academia de la Lengua Vasca, por su lado, se muestra reacia a variar el modelo. "Si planteas el EGA como un examen que lo único que se obtiene es casi como un carné de conducir, va a ser que no", señaló Andrés Urrutia, presidente de Euskaltzaindia. En su opinión, quien aprueba el EGA posee unas destrezas lingüísticas "de calidad" que, además, ha interiorizado. Cruz no está de acuerdo en este punto, ya que considera que muchos de los que suspendieron el EGA al presentarse con ella muestran ahora más soltura y fluidez en la lengua vasca que ella misma. El EGA, por tanto, dibuja un claro escenario de dos corrientes que parecen lejos de confluir.