«La ciencia necesita el modo de trabajar y de pensar de la mujer», dice la neurobióloga Amanda Sierra

Amanda Sierra, en su laboratorio del Achúcarro Basque Center for Neuroscience. /
Amanda Sierra, en su laboratorio del Achúcarro Basque Center for Neuroscience.

Casi el 60% de los graduados en ciencias son mujeres, pero ellas ocupan sólo el 11% de los puestos científicos de alto nivel y el 20% de las cátedras universitarias

LUIS ALFONSO GÁMEZ

Siete de cada diez (67%) europeos piensan que la mujer carece de aptitudes para liderar equipos científicos punteros, según un encuesta hecha el año pasado por la Fundación LOréal entre más de 5.000 personas de Reino Unido, Alemania, España e Italia. «Ésta es la realidad en que vivimos, y me indigna», dijo el lunes la neurobióloga Amanda Sierra a 90 alumnas de 1º Bachillerato que participaban en un acto de Ikerbasque para fomentar la vocación científica entre las adolescentes.

La indignación de Sierra, líder de grupo del Laboratorio de Biología Celular Glial del Achúcarro Basque Center for Neuroscience, se debe a que esa cifra supone que todos esos europeos -«hombres y mujeres»- piensan que ellas no tienen «perseverancia, pensamiento racional, pragmatismo, rigor, espíritu científico ni mente analítica. ¿Es eso verdad?», preguntó retóricamente la investigadora a las chicas, de 16 y 17 años. «¡No!», contestaron las jóvenes al unísono.

Aunque los europeos encuestados piensan que las mujeres ocupan casi un tercio (28%) de los puestos científicos de mayor nivel, la realidad es que no suponen más que el 11%. «Eso no significa que los hombres tengan más capacidades. Entre los obstáculos que se encuentran las mujeres en la ciencia, hay factores sociales y culturales, y puede existir una discriminación activa -aunque ni yo ni mis compañeras (por las otras cuatro investigadoras que participaron en el encuentro) las hemos vivido-, pero lo que más me preocupa es que nosotras mismas nos imponemos límites».

La presión social

Casi el 60% de los graduados en ciencias son mujeres, pero, según avanza la carrera, ellas pierden peso. Al final, el 80% de los catedráticos universitarios son hombres. «¡Eso es una barbaridad! Hay algo tras el doctorado que nos impide avanzar y que las mujeres estabilicen su carrera científica en puestos de responsabilidad como el que tengo yo», lamenta la neurobióloga. Como otras insituciones científicas de todo el mundo, la Sociedad Española de Neurociencia, de la que es secretaria, está investigando las causas para tratar de frenar esa pérdida de talento.

«Hay muchos factores y esto no afecta sólo a la ciencia, también ocurre en la empresa privada. Las mujeres tendemos, en general, a no ser suficientemente ambiciosas y muchas veces anteponemos la familia a la carrera. Somos las que seguimos dejando de trabajar para críar a los hijos; los hombres no hacen eso». Como en otras profesiones, la maternidad es un momento crítico en la vida de una científica. «Puede romper tu carrera», admite esta Profesora de Investigación Ikerbasque y madre de un niño de 6 años. «En ciencia, si coges un año de baja, es un año que estás sin publicar artículos, y tu currírulo va para abajo de un modo espectacular. No puedes disfrutar de las medidas de conciliación porque no te lo puedes permitir por tu carrera». Su hijo nació en Estados Unidos, y ella volvió al laboratorio dos meses y medio después de dar a luz. «Tenía que terminar un estudio del que dependía mi futuro».

«Mi hijo lleva en la guardería desde los cuatro meses y es un niño feliz. Pero hay una cierta presión social para que sacrifiques tu carrera en favor de tu hijo». Sierra aboga por compaginar la vida profesional y la familiar, rompiendo con los 'micromachismos', ideas, socialmente instaladas, que llevan, por ejemplo, a ver una mala madre en la mujer que llega casa del trabajo a altas horas de la noche y apenas tiene tiempo para saludar a sus hijos ya en la cama, y un padre abnegado en el hombre que hace lo mismo. La investigadora conoce, no obstante, casos que se salen de la norma. Una colega se ha ido a investigar al extranjero con su hijo y su pareja, que estaba en paro. «Es algo extraordinario. Lo normal no suele ser que el hombre siga a la mujer, sino lo contrario». Eso conlleva, a veces, que buenas científicas renuncien a una estancia posdoctoral en el extranjero y «acaben con un currículo no lo suficientemente brillante y no puedan estabilizar su carrera».

«Somos menos competitivas»

«Las mujeres tenemos que dejar de decir que somos iguales que los hombres. No lo somos. Somos distintas; ni mejores ni peores. Hace falta más gente como nosotras en los laboratorios. La sociedad necesita más mujeres científicas. La ciencia necesita el modo de trabajar y de pensar de las mujeres porque es distinto que el de los hombres», dice. Un rasgo característico de las mujeres es que, «en general, somos menos competitivas. Tendemos a presentar un trabajo como algo que hemos hecho con nuestro equipo mientras que un hombre suele decir qué él es el que lo ha hecho. En general. Pero nosotras somos mejores trabajando en equipo y coordinando a la gente». La ciencia funciona por meritocracia y se asciende en el escalafón en función de los artículos publicados. En programas de divulgación, organización de actos, asociaciones y otras labores que no se tienen en cuenta en el currículo científico, «hay una tendencia a que las mujeres se impliquen más, aunque también hay hombres que lo hacen», asegura la investigadora Ikerbasque. Y ese trabajo no cuenta para el currículo.

Los resultados del sondeo de 2015 la Fundación LOréal hunden sus raíces en la percepción social de que «son los hombres los que se dedican a la ciencia. Luego, por defecto, es fácil pensar que las mujeres no se dedican porque no tienen las capacidades suficientes», advierte Sierra. Para ella, lo que les falta a las adolescentes, frente a sus compañeros, «son modelos de investigadoras en los que puedan verse reflejadas». Además de que desconocen en muchos casos que ha habido grandes científicas, carecen «modelos de toda la escala intermedia y de todas las edades, como tienen los chicos. Mientras las investigadoras jóvenes sigamos siendo invisibles, las chicas sólo podrán ver a las cuatro que han llegado a la cima, científicas extraordinarias como Margarita Salas, pero que pueden ser sus abuelas».

Para paliar esa falta de modelos cercanos, Ikerbasque puso el lunes en Bilbao a cuatro de sus jóvenes científicas ante muchachas de 16 y 17 años del Colegio Nuestra Señora de Begoña y del Instituto Miguel de Unamuno de Bilbao. las científicas hablaron de su pasión, rieron y bromearon con las chicas, y, sobre todo, las animaron a seguir sus pasos, a ser científicas.