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Recreación artística de un volcán en Venus. / ESA/AOES

Zambullida en un planeta infernal

  • La nave 'Venus Express' empezó a prepararse el miércoles para el último sobrevuelo del mundo vecino después de ocho años de misión

A 'Venus Express' se le acaba el combustible. En abril de 2006, llegó a Venus para intentar desentrañar los misterios de un mundo similar en edad y dimensiones a la Tierra, pero infernal. Ocho años después, la nave de la Agencia Espacial Europea (ESA) ya casi no tiene carburante para mantenerse en órbita y, por eso, los responsables de la misión han decidido que penetre en la atmósfera del planeta en un sobrevuelo que podría ser el último.

Los preparativos comenzaron hace cuatro días, y el llamado 'aerofrenado experimental' tendrá lugar entre el miércoles y el 11 de julio. Si la sonda sobrevive, permanecerá en órbita de Venus hasta diciembre, cuando, previsiblemente, haga su reentrada final en la atmósfera del planeta. Será triunfal. "Ha sido un éxito de misión", sentencia el astrofísico Agustín Sánchez Lavega en su despacho de la Escuela de Ingenieros de Bilbao. Hasta ahora, el conocimiento generado por los datos enviados por la nave se ha plasmado en más de 420 artículos científicos.

"Es la misión más completa de las enviadas a Venus para estudiar su atmósfera y ha generado muy buena producción científica", dice el astrofísico bilbaíno, cuyo equipo de la Universidad del País Vasco ha participado en una misión que fue rápida en su diseño y lanzamiento, además de relativamente barata, gracias a que cinco de sus siete instrumentos proceden de otras dos sondas robot de la ESA: la 'Mars Express', en órbita de Marte desde diciembre de 2003, y la 'Rosetta', que viaja hacia un cometa. Eso permitió que 'Venus Express' se diseñara en solo dos años, costara 220 millones de euros -frente a 300 de su gemela la 'Mars Express'- y despegara hacia Venus en noviembre de 2005.

Las primeras imágenes de Venus las mandaron las 'Venera 9' y 'Venera 10' soviéticas en octubre de 1975. / NASA

Se funde el plomo

Venus es el mundo del Sistema Solar más parecido a la Tierra, pero también es muy inhóspito. "En su superficie, se funde el plomo", destaca Sánchez Lavega. En 1973, la sonda soviética 'Venera 7' aguantó solo 23 minutos en el suelo antes de derretirse. Además de una temperatura de 460º C, en el ecuador los vientos alcanzan los 360 kilómetros por hora, el doble que los huracanes terrestres. "De momento, no hay planeada ninguna misión que vaya a aterrizar en Venus".

Según Hakan Svedhem, científico del proyecto, "'Venus Express' nos ha mostrado la gran variabilidad de este planeta a corto y largo plazo, y también nos ha dado pistas sobre cómo ha cambiado desde que se formó hace 4.600 millones de años". Como en la Tierra hoy, en Venus hubo en un pasado tectónica de placas y hasta océanos. Según la ESA, ambos mundos pudieron tener en su infancia la misma cantidad de agua, aunque ahora el nuestro tenga 100.000 veces más agua que su vecino, donde se encuentra en forma de vapor o disuelta en las nubes de ácido sulfúrico.

Hay cuatro planetas rocosos en el Sistema Solar: Mercurio, Venus, la Tierra y Marte. Poco más hacia el Sol del límite interior de la zona habitable, hay uno extremadamente caliente y seco, Venus; en el límite exterior, otro frío y seco, Marte. Fluyó por ambos agua en el pasado, pero ya no. "De cara a la búsqueda de vida en mundos extrasolares, nos interesa saber cuáles son los mecanismos que hacen que planetas tan parecidos de un mismo sistema evolucionen tan rápido y de un modo tan diferente", dice Sánchez Lavega. "Comparar los tres planetas es la mejor manera de saber cómo puede evolucionar el clima en un mundo de tamaño terrestre", explicaban a este periódico en 2004 Pierre Drossart y Giuseppe Piccioni, investigadores principales de la cámara en luz visible e infrarroja (VIRTIS).

El Venus actual es fruto de un efecto invernadero desbocado. ¿Qué hizo que, en un momento dado, se disparara? Sánchez Lavega cree que "probablemente haya sido un proceso gradual en el que haya influido el aumento de la luminosidad del Sol registrado en los últimos 2.000 millones de años y el desprendimiento del calor interno del planeta. Venus es un laboratorio natural para estudiar el efecto invernadero".

Rayos en Venus. / J. Whatmore

Enigmas en el aire

En su órbita polar, cada 24 horas, 'Venus Express' se ha acercado hasta 250 kilómetros de la superficie del planeta y se ha alejado hasta 66.000 kilómetros. Cada día, ha mandado a la Tierra 200 megas de datos que han contribuido a ahondar en el conocimiento de la atmósfera venusiana, donde se dan extraños fenómenos como la 'superrotación'. "Así llamamos al hecho de que, a entre 60 y 70 kilómetros de altura, la atmósfera de Venus gire cada 4 días mientras que el planeta completa una rotación cada 243".

La información enviada por la nave europea ha ayudado a conocer mejor la 'superrotación', la composición química de la atmósfera y su evolución en el tiempo. 'Venus Express' ha visto en la superficie del planeta lo que parecen "zonas de lava recientes a escala geológica -de hace unos millones de años- y fluctuaciones del dióxido de azufre en la atmósfera que apuntarían a algún tipo de actividad volcánica". Pero es que los científicos creían hasta ahora que Venus era un mundo geológicamente inactivo.

Además, la nave ha detectado también -por su firma electromagnética- rayos generados en las nubes de ácido sulfúrico,. Ya fueron detectados indirectamente en forma de chasquidos de radio en los años 80 por las 'Pioneer Venus'. Pero lo que los planetólogos no saben todavía es qué compuesto da color a las nubes. La 'Messenger' de la NASA, en su viaje a Mercurio, exploró con su espectrómetro las nubes para intentar determinar cuál es el agente colorante. "Hay un aerosol que absorbe fuertemente la radiación ultravioleta y no sabemos qué es", reconoce el astrofísico de la UPV.

Los astrónomos del grupo que dirige Sánchez Lavega presentaron en diciembre, en la revista 'Nature Geoscience', el primer estudio detallado del vórtice del polo Sur de Venus, un gigantesco remolino que intriga a los científicos. Del tamaño de Europa, "es variable e impredecible, y permanente. Se manifiesta en las nubes a 45 y 65 kilómetros de altura, por lo que se extiende, al menos, unos 20 kilómetros en altura y cada día nos presenta una nueva cara", explicaba entonces Itziar Garate, la investigadora principal. Hay vórtices polares de larga duración en Júpiter y Saturno, mundos que rotan muy rápido, mientras que en la Tierra son variables y estacionales. Que se dé una estructura así en un mundo de rotación lenta como Venus es un reto para la ciencia. "Es un fenómeno físico que no podemos explicar", reconoce Sánchez Lavega.

La 'Venus Express', en órbita del planeta. / ESA-C. Carreau

Inmersión en la atmósfera

Aunque la misión científica acabó hace unas semanas, los técnicos de la ESA han diseñado, si hay suerte, una penúltima prueba para 'Venus Express'. Como le queda poco combustible para corregir su órbita -tenía 570 kilos de carburante al principio de su viaje-, van a hacer que atraviese la atmósfera de Venus, descendiendo hasta los 130 kilómetros de altura. La maniobra se conoce como 'aerofrenado' y se ha hecho otras veces, pero no más abajo de los 165 kilómetros.

“Sólo llevando a cabo operaciones atrevidas, como ésta, podemos obtener datos nuevos acerca de regiones de la atmósfera por lo general inaccesibles, y también relativos a la respuesta de la nave y sus componentes en un entorno tan hostil”, ha dicho Patrick Martin, jefe de la misión. El 'aerofrenado' de 'Venus Express' servirá como ensayo para futuras misiones a ese u otros planetas. Los científicos esperan que la nave sobreviva a la maniobra, en cuyo caso volverá a una órbita segura hasta que se le acabe el combustible en unos meses. Si eso pasa, 'Venus Express' podría prestar su último servicio a la ciencia a finales de año con un descenso final al mundo vecino.