«No piensas en nada, sólo en parar el autobús»

Unai Zubizarreta posa ante uno de los autobuses que toma a diario de Vitoria a Bilbao./
Unai Zubizarreta posa ante uno de los autobuses que toma a diario de Vitoria a Bilbao.

Maite Pascual y Unai Zubizarreta, los 'héroes' que detuvieron el autocar tras marearse el conductor, reviven su hazaña para EL CORREO

JUDITH ROMERO

«Hice lo que cualquiera hubiera hecho, tuvimos muchísima suerte». La vitoriana Maite Pascual viajaba en el autobús que conectaba en la tarde del lunes la capital alavesa y Bilbao cuando reparó en que el chófer del autocar, un moderno vehículo de La Unión que cubría la ruta con 37 personas a bordo, había sufrido un desvanecimiento. Iban sin control. La reacción fue inmediata. Como un resorte, se levantó de su asiento y agarró el volante. «Íbamos directos hacia una señal de tráfico, grité para que alguien accionara el freno y otro pasajero acudió en mi ayuda», resume esta vitoriana de 47 años.

El pasajero al que se refiere era Unai Zubizarreta, el segundo héroe involuntario. EL CORREO le localizó ayer en la estación de autobuses de Vitoria, donde coge cada jornada el autocar que le lleva de regreso a Bizkaia, donde reside. «Ella logró que todos nos pusiéramos alerta», reconocía. Eran poco más de las cuatro y media de la tarde y, como otras veces, hacía el trayecto cansado tras una jornada de trabajo en Vitoria. «En ese momento estaba dormido, pero escuché a la gente gritar, vi a una mujer agarrar el volante y me levanté para ayudar», explica. «Fue cuestión de segundos, no me dio tiempo a pensar en otra cosa que en parar el autobús». A pesar de que nunca había conducido un vehículo así no dudó en accionar el pedal de freno, lo que ayudó a que el bus se detuviera del todo y acabara en la mediana. Por fortuna, todo fue bien y ningún pasajero resultó herido en la complicada maniobra.

Ni Maite ni Unai se consideran héroes, pero su gesto fue el tema de conversación de los usuarios apostados entre los andenes 9 y 13 de la estación de Vitoria, los destinados a los autocares de La Unión, durante toda la jornada de ayer. Una vez avisado el 112, Zubizarreta decidió llamar a la compañía. «Las ambulancias estaban de camino, pero alguien tenía que avisar a la empresa para que nos pusieran otro autobús y la gente llegara al aeropuerto», resuelve. La firma dispuso taxis para garantizar que los pasajeros no perdieran sus conexiones aéreas, los atendió a su llegada a Termibús y agradeció a los viajeros la «sangre fría» con la que actuaron. La gerencia buscó a los protagonistas para agradecerles su acción, pero no es sencillo identificar a los viajeros de una línea que cada año desplaza a una media de 1.100.000 personas entre Bilbao y Vitoria. «Afortunadamente el lunes sólo éramos 37 ocupantes: en verano la afluencia es menor, pero estos buses suelen llenarse», suspira Zubizarreta.

El conductor de 58 años se recupera en Txagorritxu

La única persona que requirió asistencia sanitaria tras el incidente del lunes fue el chófer encargado de completar la línea Vitoria-Bilbao. Inicialmente fue trasladado en ambulancia al hospital Santiago Apóstol, pero se encuentra estable en el hospital de Txagorritxu. Fuentes de la compañía indican que, aunque estaba «abrumado» por lo ocurrido, este conductor de 58 años con una vasta experiencia al volante recibió la visita de otros trabajadores de la empresa que quisieron mostrarle su apoyo. El chófer se sintió indispuesto dos horas después de incorporarse a su puesto y agentes de la Ertzaintza le sometieron a un control que arrojó resultados negativos en todos los parámetros.

Javier Quincoces también espera al autobús que lo lleva a Bilbao cada tarde en los bancos de la estación. «No me enteré de mucho porque iba atrás viendo una película en la tablet, pero nos hemos librado de una buena», reconoce. Quincoces recuerda que, durante algunos minutos, el pasaje temía que el vehículo pudiera volcar. «El autobús estaba mucho más inclinado de lo que se aprecia en las fotografías y no queríamos tentar a la suerte, por lo que hicimos contrapeso en el otro lado», indica. Él estaba sentado en el lado izquierdo -el más alejado de la carretera-, y respira de alivio al contemplar las fotos que tomó con su móvil poco después del accidente.

Cerca del guardarraíl

«Me asustó lo cerca que estaba el cristal del quitamiedos», confiesa. Zubizarreta recuerda que, una vez que el autobús se detuvo, el motor se paró y el vehículo comenzó a hacer ruido. «Entre los nervios y que se apagó el aire acondicionado pasamos un poco de calor y un par de chicas se marearon, pero todos estamos bien», celebra. Afortunadamente, el vehículo quedó encajado en la mediana y los pasajeros no tuvieron problemas en abandonarlo por su propio pie después de que la Ertzaintza cortase la carretera. «Creo que el chófer se dio cuenta de que le pasaba algo y levantó el pie del acelerador porque íbamos muy despacio», valora Quincoces.

A su lado, Patricia agradecía no haber pasado por la misma experiencia. «Me acabo de enterar pero prefiriría no saber nada», reía nerviosa. «Cojo el bus de la autopista y el que recorre los pueblos, y ayer tuve la mala suerte de montarme en el que se accidentó», se resignaba otra viajera. «Hemos tenido mucha suerte. Nos acordaremos cada vez que pasemos por la gasolinera de Sarria», promete Quincoces.

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