¿Cómo se confecciona un vestido de novia?

ELCORREO se cuela en un taller de moda nupcial Bilbao donde todo se hace de manera artesana. Solo la abotonadura lleva tres horas de trabajo... y hasta cinco días con jornadas de ocho horas un bordado

Olga Paredero muestra una de sus creaciones en su taller de Bilbao./
Olga Paredero muestra una de sus creaciones en su taller de Bilbao.
YOLANDA VEIGA

Las presillas resultan invisibles en la foto. No las ve ni el ojo, discretas abotonaduras de hilo torzal para cerrar una espalda que hace el efecto casi de ir al aire. Son catorce botoncitos azules, el contrapunto de color al vestido marfil de una novia romántica. Solo la abotonadura lleva más de tres horas de trabajo. ¿Y entonces el cuerpo bordado? De cinco a seis... días. Jornadas de ocho horas con una modista dedicada en exclusiva a bordar sobre tul de seda flores, un motivo que nunca pasa de moda.

Es temporada de bodas y ELCORREO se cuela en un taller de novias de Bilbao de la mano de su dueña, Olga, que recibe en un primero de Mazarredo, en Paredero Quirós. Este coqueto local bien podría haber servido de decorado para alguna escena de 'El tiempo entre costuras', la novela de María Dueñas que protagonizaba modista Sara Quiroga. Dos lámparas bajas que 'lloran' 'lágrimas' negras iluminan una estancia donde no habrá más de diez vestidos. Aunque hubiera mil, no encontraríamos uno igual.

Los diseños son cosa de Olga Paredero, veinte años en el negocio de la moda nupcial, y Natalia, su socia. La experiencia les ha desarrollado la vista, más bien el sentido de la observación, y con ojo clínico determinan al momento qué no le va bien a una. También lo que no le va bien a ninguna. «No hemos hecho un solo vestido palabra de honor, que es algo que les encanta a las americanas, somos antiescotes, y nos gusta cubrir los hombros», se presentan las diseñadoras, que dibujan modelos «sencillos de línea» que priorizan «el corte por encima del tejido» y que visten a novias «sobrias que huyen de lo recargado y de las pedrerías».

La sobriedad, dicen, es seña de las bilbaínas, que también son «super modernas». «He vendido vestidos totalmente desestructurados, sin corsé ni cancán, que eso hace unos años era impensable. Y esta temporada hemos hecho un vestido azul corto, muy años 50, con guantes y tocado 'pin up', otro vestido de novia gris, otro en tonos blancos, negros y rojos...». Aunque lo que nunca deja de ser tendencia y la opción de la mayoría es el blanco. «No un blanco óptico, que además ese tono no existe en tejidos naturales. No obstante, en función de la piel de cada mujer se puede variar la tonalidad. A las morenas les van los marfiles más claros, a las rubias se les puede subir un poco más el color y a las pelirrojas les va el tostado», ilustra Olga, que empezó haciendo bocetos con 5 añitos -«todavía los tiene guardados mi abuela»- y vestidos para las muñecas, aunque estudió Filología antes que Diseño en Barcelona.

Zapatos amarillos y un metro de cola

Despistan unos zapatos de ante amarillo a los pies de un vestido de novia. ¿Serán para la madrina?. No, no, son para la protagonista. «Desde hace tres años, los zapatos blancos no se llevan. Ahora los piden verde esmeralda, grises...». En Paredero Quirós han tenido pares de «hasta 2.600 euros», pero la mayoría de las novias no se gasta más de 200 euros en los pies. «Algunas optan por el zapato plano y si es con tacón, nunca más de 15 ó 17 centímetros». Más medidas... las de la cola. «Lo normal en una chica de estatura estándar, de 1,68 por ejemplo, es un metro de cola. Aunque solo luce en las iglesias, en las bodas que no son religiosas la cola es un incordio». La alternativa en estos casos, propone Olga Paredero, es «una sobrefalda, que luego se quitan y deja a la vista el vestido sin cola».

Habría que ver los bocetos que hacía de niña pero los actuales van todos en la misma línea: «Elegante antes que sexy. No es el día para ir ceñida», advierten en Paredero Quirós, y definen sus modelos como «arquitectónicos y minimalistas, estructurados para que los cortes dibujen la silueta, faciliten el movimiento y no hagan arrugas». En el aire, una referencia: «Balenciaga».

Los tejidos, naturales sin excepción. «No hay mucha cultura de moda nupcial, mucha gente busca prendas 'low cost' sintéticas. Te pones algo de licra y se te ajusta al cuerpo y vale un euro el metro. Nuestros modelos son de seda, algodón, satén... hasta lino, trajes ligeros que no pesan más de dos kilos. Y sacan a cada novia el máximo partido».

A partir de 2.500 euros

El precio, desde 2.500 euros, aunque la media son «entre 3.500 y 3.800». Venden unos cien por año y cada diseño lleva muchas horas de trabajo en exclusiva. «Todo es artesano. Es imposible confeccionar un traje en menos de tres o cuatro días y con algunos se tarda hasta quince». En función del tejido. «Un mikado de seda es más rígido y no tiene la misma dificultad que un crepe de seda natural, que tiene mucha caída, hay que cortar al bies y saber trabajarlo. O que un drapeado con tul de seda natural o muselina, que se cose sobre un maniquí que tiene las medidas exactas de la clienta».

¿Qué es lo más complicado de tejer?

Lo más complicado son los bordados, los bajos, las aplicaciones... Y en lo que respecta a las partes del vestido, asentar una manga. Eso, sin duda, es lo más difícil.

A todo ese trabajo, advierte Olga, hay que añadir el previo de diseño. «Cuatro meses antes sería el límite para que una novia venga a buscar el vestido aquí». La mayoría, aseguran en el taller bilbaíno, lo hace con más antelación, que en eso de la previsión las novias de ahora son como las de antes. Pero casi solo en eso. «Hace años las chicas venían a elegir el traje con su madre, que lo pagaba. Pero ahora llegan solas o con una amiga». Las edades, «de todo pero muy pocas jóvenes. De 26 como poco, y hasta 60, señoras que se casan por segunda o tercera vez».

Independientemente de la edad, a todas les hace la misma recomendación: «Que no se disfracen, que no hay nada más horroroso que ir a una boda y no reconocer a la novia».

¿Hay algo que haya pasado de moda?

No se llevan ya moños ni recogidos. El pelo más suelto, tratamos de huir un poco de las flores, que se pusieron muy de moda hace diez años y se abusó. Algunas optan por un pendiente grande, un tocado, un casquete muy Grace Kelly e incluso un velo por delante de la cara, que aporta un toque retro y angelical.