7.000 familias vascas renuncian a tener hijos por problemas económicos

Abuelos pasean a sus nietos, una ayuda imprescindible para muchas familias por los problemas de conciliación familiar y laboral./
Abuelos pasean a sus nietos, una ayuda imprescindible para muchas familias por los problemas de conciliación familiar y laboral.

La Encuesta de Hogares y Familias del Gobierno vasco revela una creciente preocupación por el futuro de los hijos en un contexto de elevado paro juvenil

ARANTXA ALDAZ

Renunciar a tener hijos o a aumentar la prole no siempre responde a una decisión deseada. Bajo una de las tasas de fecundidad más bajas de Europa, se esconden múltiples y entrelazados factores entre los cuales el coste de la crianza también pesa cuando una pareja o una mujer en solitario retrasa la maternidad, a veces sin vuelta atrás. 7.015 hogares vascos, casi un 1% del total, se reconocen en ese problema, según datos recogidos en la Encuesta de Familias y Hogares, recientemente publicada por el Departamento de Política Social del Gobierno vasco. En contra de su deseo, no ampliaron la familia porque no reunían las condiciones materiales y económicas oportunas.

REACCIONES

Natalia Díez-Caballero
Directora de Hirukide
«Los problemas de conciliación generan un sobrecoste para solventarlos»
Fernando Fantova
Consultor social
«Las ayudas son lo fácil, hacen falta más servicios de apoyo en los cuidados»

La decisión de tener un hijo se plantea hoy en un escenario incierto. La encuesta, que permite un retrato de los hogares y de los problemas que acusan, refleja por ejemplo la creciente preocupación de los padres por el futuro de sus vástagos. Un 13,8% manifestó ese temor relacionado con un contexto económico y laboral precarios. La preocupación por el empleo es, de hecho, el denominador común para muchos hogares vascos, con mayor o menor impacto. Las principales preocupaciones observadas se vinculan al paro y al trabajo precario (18,8%) y a la baja calidad del empleo (6,2%), realidades que escriben el trasfondo de otras carencias, como la falta de ingresos para contratar a un cuidador de una persona mayor (25.617 hogares) o para hacer frente a los gastos energéticos de la casa (más de 101.696 hogares, el 11%), por ejemplo. El análisis aporta información mucho más detallada en función del tipo de hogar y familia.

La precariedad afecta más a los hogares monoparentales

La familia tradicional, compuesta por un matrimonio con varios hijos, cede parte de su reinado. Los hogares son cada vez más diversos en su composición, como se retrata en la Encuesta de Familias y Hogares del Gobierno Vasco. De los 863.556 hogares censados el año pasado en Euskadi, un 35% se corresponde con un núcleo familiar con hijos, tanto menores como mayores de edad. La diversidad abarca a los hogares donde vive una persona sola (25%), los hogares monoparentales con hijos (11%) o las familias sin hijos a su cargo (23%). El abanico se amplía aún más con hogares compuestos por dos o más personas que carecen entre ellas de vínculos familiares (1,8%), en su mayoría inmigrantes, o casas donde viven dos o más personas emparentadas pero sin que exista una relación de pareja o filiación entre ellos, también de origen extranjero. El tamaño medio de los hogares vascos es de 2,48 personas.

El impacto de la precariedad y del desempleo varía en función del tipo de hogar. La peor situación la padecen las familias monoparentales con hijos a su cargo. «Constituyen el grupo socialmente más precario», advierte la encuesta, que subraya varios datos. El primero, que en más de la mitad de estos hogares (51,9%) las personas activas están o desempleadas u ocupan un empleo precario. La proporción es del 41,7% si se considera los casos en los que toda la población activa del hogar se encuentra en una de estas situaciones. Es el porcentaje más alto por tipo de familia, casi 25 puntos por encima de la media de toda la comunidad. Los hogares compuestos por personas sin vínculo familiar, muchos de ellos de origen extranjero, también se ven muy afectados por situaciones de precariedad y desempleo.

En consonancia con esa peor situación, la necesidad de ayudas económicas es mayor en estos hogares. La dependencia del sistema de la Renta de Garantía de Ingresos «muestra una clara separación en los hogares vascos», revela la encuesta. El acceso a la RGI es superior a la media en los hogares de personas que viven solas y en los compuestos por familiares pero sin relación conyugal entre sí, que llegan al 9,2 y al 13,2% respectivamente. La proporción aumenta al 18,1% en los hogares donde viven varias personas sin relación de parentesco y alcanza el máximo del 24,5% en las familias monoparentales con hijos a su cargo.

Menos niños

El impacto del envejecimiento es evidente en los hogares vascos, subraya la encuesta. Las edad media de las personas de referencia en esos domicilios se eleva a 55,5 años. Por otro, cada vez es más reducida la presencia de menores en los hogares. Solo en un 24% de ellos vive algún adolescente de menos de 16 años, una proporción que baja al 11% si se considera a los menores de 6 años.

Sí se observan, precisa el informe, «importantes diferencias en función del sexo». Un 6,9% de las mujeres señala haber interrumpido su actividad laboral por problemas asociados a la conciliación de la vida laboral y familiar en los últimos tres años. La acumulación de cargas laborales y familias, con horarios de actividad que superan las 60 o incluso las 70 horas semanales, también afecta más a las mujeres.

En números absolutos y porcentuales, el problema de la falta de recursos económicos que impide tener los hijos deseados apenas alcanza al 1% de los hogares vascos, pero llama la atención por su importancia en una sociedad envejecida y con una natalidad que sigue en horas bajas, una bomba demográfica. El retraso en la edad de la maternidad en Euskadi el primer hijo se tiene de media a los 32,4 años es un hecho y estamos a las puertas de que España tenga la generación más infecunda de todas las mujeres nacidas en los últimos 130 años. Un estudio reciente realizado por el Centre dEstudis Demogràfics (UAB) de Cataluña ha concluido que una de cada cuatro mujeres nacidas en 1975 no han sido madres, en contra de su deseo. Los autores del artículo señalan a la desigualdad de género las mujeres siguen cargando en su mayoría con el cuidado de los hijos, la precariedad laboral y la falta de ayudas como las principales trabas.

Una política de familia

«Se quiera o no, el coste de la crianza de los hijos influye. Sin recursos materiales o económicos es difícil plantearse la paternidad o maternidad, aunque también es verdad que hay partidas de gasto donde se pueden hacer esfuerzos para estirar el presupuesto familiar. Es lógico que la incertidumbre laboral pese mucho en la decisión. No obstante, antes de la crisis económica ya estábamos a la cola de la natalidad de Europa, por lo que hay problemas estructurales y organizativos más de fondo, que no dependen únicamente de la capacidad económica», analiza Natalia Díez-Caballero, directora de Hirukide, la asociación de familias numerosas.

En un escenario de baja natalidad, se han convertido en una especie en extinción, comparado su peso demográfico con el de hace un par de décadas, si bien la cifra en Euskadi se ha estabilizado en torno a las 24.000 en los últimos años. «Seríamos más si tuviéramos una sociedad más inclusiva con las familias con hijos y estas pudieran tener el número deseado sin tener que hacer malabares para poderlos criar», dice Díez-Caballero, incansable en la batalla por defender más apoyo a las familias. «Todo sería más fácil si hubiera políticas públicas de apoyo a la familia, igual que es más fácil comprarse un coche si hay políticas que lo incentiven, o proteger y fomentar nuestra lengua si hay políticas lingüísticas con recursos suficientes».

El problema, señala, es que Euskadi y el Estado en general no han hecho los deberes. «Todavía no tenemos gobernantes con la decisión y convencimiento necesarios para afrontar una política familiar integral e interinstitucional sólida en el tiempo y con los recursos necesarios», asegura. No habla únicamente de ayudas económicas. «Lo importante es que se lleven a cabo políticas ue faciliten el día a día de las familias con hijos, que se tenga una perspectiva familiar a la hora de legislar y que no todo sean trabas». El lehendakari, Iñigo Urkullu, ha defendido dar un nuevo impulso a la estrategia en esta legislatura, con la promesa anunciada de aumentar las partidas por nacimiento y conciliación.

La palabra mágica es esa, conciliación. «Tiene que haber unos horarios compatibles con la familia, mayor equiparación entre los horarios laborales y escolares». Hirukide aboga por promover servicios públicos de actividades, colonias, o campamentos con horarios que permitan de verdad conciliar en esos largos periodos vacacionales. «Si muchas parejas deciden no tener hijos o más hijos es, además de por las dificultades o incertidumbres económicas, por los problemas de conciliación y el grandísimo sobrecoste que supone solventarlos». Con ello, las ayudas deben tener un carácter universal, como hace el resto de países europeos, y solicita que el sistema de renta familiar estandarizada, que ya ha comenzado a aplicar el Gobierno vasco para ponderar la renta familiar en función de la composición del hogar, debería extenderse a todas las administraciones.

Más desigualdades

El consultor social Fernando Fantova va más allá del fomento de la natalidad y habla de «refundar» el Estado de Bienestar para generar un caldo de cultivo propicio no solo a facilitar la crianza de los hijos, sino a garantizar desde la equidad social los cuidados en general, desde la primera infancia y hasta la vejez, una de las preocupaciones evidentes de los hogares vascos que refleja la encuesta. Fantova, que fue viceconsejero de Asuntos Sociales en la legislatura socialista, detecta en los resultados señales claras «de una sociedad en transición, un cambio que va más allá de la crisis y que lleva varias décadas gestándose. La sociedad nueva que emerge ya no se ajusta bien a las medidas de protección tradicionales», basadas en un modelo de familia clásico, especialmente en el de los cuidados por parte de la mujer y en la seguridad de un empleo estable, advierte.

Sintonía de estos tiempos es que crezca la preocupación por el futuro de los hijos, o que el contexto económico de mayor inquietud no invite a ser padres. «Evidentemente hay que atajar las desigualdades, como la laboral», pero la receta se quedaría corta solo con más ayudas económicas, «que es lo fácil». Para Fantova, debe «invertirse en más equidad y cohesión social». «Es la hora de los servicios, de acompañar a las familias para que puedan tener hijos y a los mayores para que puedan ser cuidados», reivindica.