Iglesias, el Papa y Unamuno

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, el Papa Francisco y Miguel de Unamuno./
El líder de Podemos, Pablo Iglesias, el Papa Francisco y Miguel de Unamuno.

El líder de Podemos regaló a Bergoglio la novela 'San Manuel Bueno, mártir', sobre la historia de un cura que hace el bien pero no cree en Dios

PEDRO ONTOSO

«El Papa rema en una dirección muy parecida a nosotros». Pablo Iglesias no tiene ningún empacho en establecer analogías entre el anuncio del Evangelio por parte de Francisco y la hoja de ruta que se ha marcado Podemos para el asalto a La Moncloa, pese a lo mucho que les separa. El anuncio de que el dirigente morado se reunirá con el Pontífice en Roma, una cita que se producirá después del verano pero que se ha filtrado ahora, en vísperas del 26-J, no ha sentado bien en algunos ambientes, en los que se evita la instrumentalización política de Francisco. No es la primera vez que Iglesias habla bien del Papa. Cuando viajó a Estrasburgo para dirigirse al Parlamento europeo, el dirigente de Podemos regaló al Santo Padre un libro muy significativo, 'San Manuel Bueno, mártir', escrito por Miguel de Unamuno en 1930. La novela cuenta la historia de un cura que ha perdido la fe, pero recoge también la relación entre un ateo y un sacerdote que hace el bien.

He vuelto a releer aquel libro, que recuerdo con una portada de la colección Austral de Espasa Calpe, y he cruzado su contenido con algunos mensajes de Podemos, por cierto, trufados de alusiones cristianas. El relato se sitúa en Valverde de Lucerna, una aldea zamorana, pegada al lago de Sanabria, rescatada por el intelectual bilbaíno de la leyenda que evoca al pueblo sumergido en las aguas. La madrugada de San Juan, cuentan, las personas que están en paz con Dios escuchan los tañidos de las campanas de la iglesia engullida por el agua, al igual que otras leyendas francesas hablan del repique de campanas de pueblos desaparecidos en días de calma. Lo cuenta José Antonio Serrano Segura en un estudio monográfico sobre esta novela.

En la aldea, marcada por el lago y la montaña, el cura, don Manuel, libra una batalla atroz contra sí mismo. No cree en la vida eterna, pero finge su fe porque no quiere hacer daño al pueblo. «Sin fe, sin esperanza, el pueblo no tiene fuerza para vivir», reflexiona el protagonista. 'Esperanza' se llama la inmigrante que pide el voto para Podemos. «Lo primero es que el pueblo esté contento», dice el sacerdote. Vive como un creyente y ayuda a los más débiles. Entre ellos a Blasillo, el tonto del pueblo, que repite y repite todo lo que escucha al cura. Ángela Carballino es la narradora y confesora de don Manuel. Su hermano, Lázaro, que ha vuelto de 'hacer las Américas', tampoco es creyente y al principio se opone al sacerdote, aunque termina aceptándole. Es lo que le llamó la atención a Pablo Iglesias: «En la novela se refleja la forma en que un ateo se puede entender de maravilla con un religioso si hay un bien superior en juego, como es la dignidad de la gente», señala en referencia a la amistad entre don Manuel y Lázaro, el 'resucitado', y en lo que puede ser su relación con el Papa Francisco.

Don Manuel representa 'lo viejo'. Lázaro, que viene del Nuevo Mundo, encarna 'lo nuevo', una dicotomía que recuerda a lo que ha venido predicando Podemos. No hay una verdad, hay verdades, se dice en el libro de Unamuno. No existe una verdad absoluta viene a decir Podemos. «La religión no es para resolver los conflictos económicos o políticos de este mundo que Dios entregó a las disputas de los hombres», contesta don Manuel en la novela a Lázaro cuando le propone fundar un sindicato agrario. La vida es un combate. Pero, hoy, el combate es el terreno de las emociones, constatan los politólogos.

«Dios es un significante en disputa», dice Iglesias, hábil y culto, utilizando la terminología del filósofo argentino Ernesto Laclau, teórico de la hegemonía y asidero teórico del populismo de izquierdas. La religión también puede ser un un significante vacío, como lo puede ser el derecho a decidir en Euskadi, al que los líderes de Podemos le dan su propio contenido en función de quien sea el antagonista de turno. La hegemonía se consigue en luchas separadas. Significantes, metáforas políticas. Pablo Iglesias promete a sus seguidores asaltar el cielo, en un plagio de Marx sobre la toma del poder por la Comuna en París, inspirado, quizás, en el romanticismo alemán. En el libro que le gusta al líder de Podemos también se habla del cielo. Del cielo que se refleja en el lago, sobre el agua. Pero el edén se aniquila al tocarlo, señala José Manuel Martín Ureña en otro estudio interpretativo de la novela de Unamuno. Y se cita a Moisés, que condujo a su pueblo hasta la Tierra Prometida, pero él se quedó a las puertas sin poder disfrutar de ella.

¿Cree usted en Dios?, le preguntan a Pablo Iglesias, nieto de un socialista que era profundamente católico. «Creo bastante en lo que dice el Papa. Dice cosas muy sensatas», contesta. «No soy religioso, pero me sorprende estar tan de acuerdo con el Papa», dijo en 2014 con motivo de la visita de Francisco a Estrasburgo. «Me encantaría conocer a Jorge Bergoglio. Estoy convencido de que estaríamos de acuerdo en muchas cosas. Si ese encuentro fuera posible, para mí sería un honor tenerlo. En el Parlamento nos dijeron desde el principio que era imposible, pero hay compañeros que tienen mucho interés en que eso se produzca. En el Vaticano o en mi casa de Vallecas, donde sea posible», manifestó hace dos años.

Pues parece que lo ha conseguido. En Roma se da por hecho que Pablo Iglesias se reunirá con el Papa después del verano. No sería una audiencia privada, sino en el marco de unas jornadas sobre movimientos sociales de las que ya se han celebrado varias ediciones, alguna con la participación de Evo Morales. El muñidor de estas relaciones es monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, arzobispo argentino y en la actualidad canciller de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales. El pasado 25 de mayo, don Marcelo, muy cercano al Papa, estuvo en Madrid en unas jornadas sobre la encíclica 'Laudato si', organizadas por Miguel Ángel Moratinos, diplomático católico que mantuvo muy buenas relaciones con el Vaticano durante la etapa de José Luis Rodríguez Zapatero como ministro de Asuntos Exteriores.

La 'Laudatio si' es un texto pontificio que está siendo muy aplaudido por la izquierda. De hecho, al día siguiente del encuentro con Moratinos, Iñigo Errejón se fotografió con un ejemplar de la encíclica en la mano, junto a Gustavo Vera, un porteño argentino que ha establecido una relación muy cercana con el Papa por su trabajo contra la trata de personas. Vera es el promotor de la Fundación Alameda, desde la que ha luchado contra los prostíbulos, el narcotráfico y los talleres clandestinos, que han salpicado a grandes marcas de ropa. El fundador del partido 'El bien común' y ahora diputado, se ha convertido en un apóstol que predica las bondades de la 'Laudato si' como un texto revolucionario.

Vera y Sánchez Sorondo, muy amigos del Papa, han organizado encuentros con líderes sociales y campesinos muchos de ellos marxistas así como con autoridades religiosas y también con alcaldes. De hecho, la propia Manuela Carmena participó en Roma en uno de ellos gracias a la intermediación de Carlos Osoro, arzobispo de Madrid. En mayo, el arzobispo argentino se reunió con Carmena en el Ayuntamiento, donde la regidora se comprometió a apoyar una cumbre sobre refugiados que la Santa Sede quiere organizar en Roma. A su vez, el Vaticano apoyará un foro internacional que el Consistorio pretende celebrar en Madrid sobre las violencias en las ciudades y la educación por la paz, también a la sombra de la 'Laudatio si'.

Pablo Iglesias ha matizado mucho su discurso con respecto a la religión y a su líder, el Papa Francisco, al que considera un valiente: «Bergoglio tiene una sensibilidad que hace que en muchos aspectos reme en la misma dirección que nosotros. Es una cosa saludable estrechar lazos con quien piensa distinto. Se puede admirar a dirigentes de otras organizaciones ideológicas cuando lo que dicen es justo y están siendo valientes», razona el 'número uno' de Podemos.

¿Le queda a Iglesias algún poso de su abuelo católico? En la novela de Unamuno que tanto gusta al líder podemita, hay un momento en el que Lázaro le comenta asu hermana: «Creo que en el fondo de alma de nuestro don Manuel hay también sumergida, ahogada, una villa y que alguna vez se oyen sus campanadas». Pero el líder del partido morado marca distancias con la Iglesia. Ya ha dejado claro que su intención es mantener con el Vaticano una relación «razonable», pero sin «privilegios».

En su programa electoral, Podemos propugna que la Ley de Libertad Religiosa de 1980 sea sustituida por una Ley de Conciencia, que garantice la laicidad del Estado y su neutralidad frente a todas las confesiones religiosas. También propone anular el Concordato de 1953 y los Acuerdos con la Santa Sede de 1976 y 1979 y apuesta por promover la educación laica, la recuperación de los bienes inmatriculados por la Iglesia, la suspensión de los privilegios fiscales, como el IBI y la separación de las celebraciones de simbología religiosa en los actos oficiales.

Pablo Iglesias lanza guiños al Vaticano de Francisco, Mariano Rajoy se deja ver en la fiesta del Corpus en Toledo y Albert Rivera sale en defensa de la escuela concertada. De repente, y aunque España se seculariza a marchas forzadas, es como si se hubiera redescubierto la importancia del voto católico. Hay que pescar en todos los caladeros. La revista Vida Nueva ha publicado los resultados de una encuesta sobre la intención de voto entre los católicos de cara al 26-J, realizada por NC Report, en la que se constata que no hay una identificación de los cristianos con un único partido. La fe se reparte en las urnas: nueve de cada diez electores del PP se considera católico, ocho en el caso del PSOE, siete entre los que apoyan a Ciudadanos, y cinco en Unidos Podemos. Hay que recordar, que Barack Obama ganó el voto entre las minorías y logró el apoyo de la mitad del voto católico en las elecciones que le dieron el segundo mandato.

La religiosidad, en efecto, todavía diferencia a los electores, aunque cada vez menos. Según la investigación de la revista de PPC, el 39,8% respaldaría al PP, el 23,8% se decantaría por los socialistas, el 15,5% por el partido de Albert Rivera y un 14% por la coalición Unimos Podemos. Si unimos estos porcentajes por bloques ideológicos aunque cada uno tiene sus matices, la derecha aglutinaría algo más de la mitad de los votos (el 55,1%), aunque la izquierda suma por encima del tercio, con un 37,6% de los apoyos. En cualquier caso, el 54,4% de los católicos confiesa que sus principios morales no le condicionan a la hora de votar y sólo a un 28% les influyen las orientaciones políticas de los obispos. La sociedad está más emancipada de lo que se cree.