Las andanzas de las mujeres quijote

Actriz de la obra teatral 'Quijote. Femenino. Plural', una revisión del clásico cervantino de la mano de sus personajes femeninos./
Actriz de la obra teatral 'Quijote. Femenino. Plural', una revisión del clásico cervantino de la mano de sus personajes femeninos.

Si el ingenioso hidalgo hubiera nacido mujer se habría visto, como ellas, atrapado por su destino como hijo y esposo

ITSASO ÁLVAREZ

'La mujer Quijote' es un libro que remite en su título a la más famosa novela de Miguel de Cervantes y Saavedra. De ella se ha dicho que fue la primera adaptación femenina explícita del modelo quijotesco. La heroína de esta historia es Arabella, una joven aficionada a la lectura heroica francesa como don Quijote lo fue a las novelas de caballerías que se ve envuelta en una serie de aventuras que parodian las de princesas y príncipes de los romances. Arabella rechaza tajantemente la boda dispuesta por su padre con un tal Glanville porque este no sigue las pautas del romance heroico francés, cuyo argumento característico queda reproducido en las expectativas de la protagonista, que analiza con profusión a lo largo del libro. Glanville, sin embargo, sigue enamorado de ella y está dispuesto a luchar y sacarla del error. Como don Quijote, la joven proyecta los personajes y situaciones característicos de los libros leídos en la realidad circundante, lo que da lugar a abundantes confusiones cómicas, en especial por su propensión a ver pretendientes por todas partes, algunos reales y otros productos de su imaginación, a los que muchas veces convierte en raptores o violadores sin motivo aparente. Al contrario de lo que sucede en el libro de Cervantes, en este la protagonista no muere al final, sino que sufre una transformación; se convierte en una mujer sumisa preparada para ocupar el papel que le corresponde en la sociedad de la época. Se admite con ello el peligro potencial que encierra la lectura de ciertos textos fantasiosos en la mente de una joven sin experiencia ni educación. En suma, se arrepiente de todos sus desvaríos, se cura de su quijotismo y se casa con Glanville.

La novela es una lectura ineludible para quienes estén dispuestos a sonreír. Su autora, Charlotte Lennox, puede sonar a muchos desconocido. Lennox fue una importante novelista inglesa del siglo XVIII, aunque hay quien sitúa su nacimiento en las colonias americanas, lo que la convertiría en la primera novelista norteamericana. Con 22 años publicó un poemario provocador y una primera novela ('The life of Harriot Stuart, written by herself', 'La vida de Harriot Stuart escrita por ella misma'). En 1752 escribió 'La mujer Quijote' y la mayoría de la gente no la entendió. Lo que Lennox pretendía con esta novela era reivindicar a la mujer lectora. No prohibirle a la mujer que leyera, sino conseguir que leyera críticamente. Que la mujer dedicara menos tiempo a cuidar su apariencia física y más tiempo a cultivar su intelecto, si deseaba conseguir la igualdad con el hombre. Pero algunos críticos de la época, como Henry Fielding, conocido admirador de Cervantes, le dieron la vuelta al argumento y se fijaron en otros detalles como que 'La mujer Quijote' era superior a 'Don Quijote' porque era más verosímil que una jovencita perdiera la cabeza tras la lectura de unos relatos fantásticos a que lo hiciera un hombre maduro. Según explica Hans Christian Hagerdon en el ensayo 'Don Quijote, cosmopolita', la novela de Lennox contemplaba la «alienación» que sufrían las mujeres lectoras «desubicadas entre un mundo de sumisión patriarcal y el mundo de fantasía escapista que proponen los romances».

De Arabella a Dorcasina

Se ha dicho que el personaje de Arabella inspiró la creación de otras mujeres, en cierta medida también quijotes, como la Camila de Fanny Burney e incluso La Regenta y Madame Bovary. Pero quien emularía la obra de Lennox desde el mismo título es la escritora norteamericana Tabitha Tenney con la novela 'Female Quixotism', publicada en 1801. En este libro se narra una historia ligeramente diferente, si bien su protagonista, Dorcas Sheldon, se parece a su antecesora. Así, como Arabella, Dorcasina (ella romantiza su nombre) ha leído demasiado, en este caso novelas de amor, y espera que la realidad, en este caso el amor, sea como lo describen las novelas. Y como ella tiene un notable componente de vanidad, esto le hace ver en todos los hombres que le salen al paso pretendientes o enamorados. Sin embargo, su historia es una especie de versión de la que habría sido la de Arabella si Glanville no hubiera perseverado. Tras una propuesta de matrimonio frustrada por sus pretensiones literarias, será víctima de una serie de impostores que se aprovechan de su vanidad y su extravagancia para intentar conseguir su fortuna. La novedad radica en que los años van pasando y, al final, cuando por fin sale de su error, es demasiado tarde. Es vieja y está sola.

Tras estudiar ambos textos, Pedro Javier Pardo, de la Universidad de Salamanca, ha llegado a algunas conclusiones en lo que él denomina «el quijotismo femenino». Concluye que, a diferencia del que presenta Miguel de Cervantes para con don Quijote, en el caso de las mujeres es «menos radical y subversivo, más socializado y domesticado». En principio, porque se presenta más que como locura, como un error, que es la palabra que se repite una y otra vez para referirse al comportamiento del primer personaje, Arabella. «Los quijotes femeninos no alucinan, no transforman la realidad objetiva o exterior como don Quijote. Simplemente cometen errores en sus juicios sobre la realidad interior, es decir, las características o intenciones de otros personajes, sobre todos los masculinos, y de la situación en que se encuentran con ellos». Pardo sostiene del mismo modo que la imaginación de estas mujeres se acaba achacando a su juventud e inexperiencia y, sobre todo, a su reclusión en el ámbito doméstico. El quijotismo, por tanto, no está a su altura ni una cuarta parte que su destino de mujer como hijas y esposas. Que no Miguel de Cervantes, que sí estuvo a la altura de las mujeres.

Marian Moreno Llaneza, autora de 'Una propuesta didáctica con perspectiva de género sobre el mundo del Quijote', editado por el Instituto Asturiano de la Mujer, pone de relieve la inusual actitud de Cervantes respecto a las mujeres. «Cuando leemos 'El Quijote' nos damos cuenta de que Cervantes no tiene un trato hacia las mujeres igual a sus contemporáneos, sólo hay que repasar la poesía satírica de Quevedo y compararla con la obra de Cervantes. Una de las primeras cuestiones que salta a la vista es la variedad de personajes femeninos que presenta, resaltando que, al igual que entre los varones, entre las mujeres existen diferencias, hay diversidad. Precisamente por mostrar esta diversidad, Cervantes no cae en los dos tópicos más comunes de la literatura: la mujer santa o madre, que se ajusta a todos los mandatos de la sociedad patriarcal y que es idealizada como estereotipo, frente a la mujer maligna, bruja o prostituta, que por ir en contra de lo deseado por los varones suponen su perdición en un mundo de carne y pecado», argumenta. «No es que Cervantes se libre de tópicos patriarcales, pero es uno de los autores que más igualdad muestran en sus obras», advierte Moreno Llaneza. «Cervantes muestra personajes femeninos con formación académica sin ningún reparo ni asombro, coincidiendo así con su contemporánea, María de Zayas y Sotomayor, autora de gran éxito y hoy en día olvidada en los libros de texto». Y de la que hablaremos en otro artículo. Por lo pronto, acabaremos éste con la última frase del Quijote. «Vale». Para chulo, Cervantes.

 

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