«No es un texto de Premio Nobel, solo unos consejos corrientes que escribí por un arrebato»

Jaione, con su hijo./
Jaione, con su hijo.

Jaione Yabar, la amatxu bilbaína que ha convertido la lista de cuidados de bebé en un fenómeno viral es una profesora de Marketing que ha criado a sus dos hijos en Viena. «Allí es raro que coman chuches, aquí llegaron el otro día a casa con seis piruletas cada uno»

YOLANDA VEIGA

La lista de consejos para madres que se ha hecho viral estos días surgió «de un arrebato». «Estaba hablando con una amiga que se encontraba un poco agobiada porque recibía críticas sobre cómo cuidaba a su hijo. Y hacía unos días se había montando un follón a cuenta de una famosa que que puso en las redes sociales una foto dándole el biberón a su hijo, abriendo de nuevo el debate de si pecho o biberón. Y se me ocurrió escribir este texto». Lo cuenta entre encantada y alucinada Jaione Yabar, una bilbaína de 34 años (nació Estados Unidos, pero solo pasó allí los primeros meses) con dos hijos: Ane de 4 años y Mikel, y 'recién' regresada (volvió en agosto) de Austria, junto a su pareja, natural de Portugal.

El texto que la ha convertido en bloguera de referencia sin ella pretenderlo dice cosas como las siguientes: «Lo mejor no es el pecho. Lo mejor tampoco es el biberón. Lo mejor no es que esté con una niñera. Lo mejor tampoco es que vaya a la guardería o esté con los abuelos (...) Lo mejor es lo que a ti te hace sentir mejor. (...) Dejemos de intentar decir a cada madre y padre qué es lo mejor porque lo mejor realmente para tus hijos eres tú». Jaione, que tiene un blog , lo subió a su cuenta de Facebook en noviembre, casi como un desahogo. «No es un texto de Premio Nobel, ni tiene magia. Son unas frases corrientes que igual tocan».

¿Tocar? Bastante más que eso. «Cuando lo publiqué tuvo un montón de 'me gusta' pero se quedó ahí». Hace unos días lo vio una pedriatra, le gustó, lo imprimió en el tablón de información sanitaria de su centro y se armó la bola. «No conozco a esa doctora, pero empezaron a llamarme conocidas preguntándome si no era lo mismo que había escrito yo. La gente me manda fotos con el texto colgado en la pared de su casa. Me dicen: ¡Yo lo he puesto en la habitación de la niña. Me emociona». Pero casi se ríe cuando le piden consejos de crianza. «¡Cómo si esto tuviera alguna ciencia! Además, yo soy profesora de Marketing en la Universidad de Deusto! Lo del blog es un hobby, aunque ahora me doy cuenta de que los blogs están mitificados porque hay mujeres que me escriben para preguntarme: '¿Qué hago con mi hijo?'».

Ella ha hecho lo que mejor ha creído mejor en cada momento con los suyos. «A la primera le di el pecho, pero al segundo no. Soy consciente de que hay estudios que hablan de los beneficios de dar de mamar pero igual hay madres que están sufriendo y entonces eso ya no es lo mejor. El bienestar de la madre es a veces casi tan relevante como el del bebé. Muchas mujeres me dicen que eso que he escrito es lo que han pensado ellas pero no se atrevían a decir». Claro que tampoco ha gustado a todos. «También he recibido mensajes de gente que dice que las madres de hoy en día no aguantamos nada, que somos una quejicas».

«Jugar con la arena, lo que más les gusta a los niños»

Pero ella mira con cierta distancia las críticas y las alabanzas, porque sabe que, aquí al menos, son inevitablee. «Estamos muy acostumbrados a criticar. Yo he vivido algunos años en Holanda y allí no hay cortinas. ¿Sabes por qué? Porque nadie mira. Al principio yo misma miraba pero luego dejé de hacerlo. Aquí eso no sería posible». Después se mudó a Viena, «la ciudad con mejor calidad de vida del mundo», recuerda. Y allí nacieron sus hijos. Por eso la vuelta ha costado.

«Austria es un país muy bueno para criar niños. Me he fijado que aquí, por ejemplo, los parques son bonitos y van a juego con la modernidad de la ciudad pero no tienen arena. Un arenero es lo que más les gusta a los niños. Cuando lo comento mucha gente me dije que aquí llueve mucho. Sí, pero en Viena nieva y no hay ningún problema». Otro detalle que pone en evidencia que la distancia que nos separa quizá es más que esos 2.068 kilómetros que hay entre Bilbao y la capital austriaca. «Allí es raro que los chavales coman chuches pero aquí consumen una cantidad de azúcar... El otro día mis hijos llegaron con seis piruletas a casa cada uno. Porque les habían dado en la farmacia, en la panadería... Yo me cabreo con esas cosas».

Lo que no le cabrea pero sí le sorprende es que les miren por la calle. Y lo hacen cuando sale con su hija, las dos en patinete. «En Holanda todo el mundo va en bicicleta y en Austria usábamos el patinete. Es una manera muy cómoda de moverse por la ciudad pero en Bilbao choca. Mi hija me dice: 'Ama, ¿por qué nos miran?'». En Viena no les mirarían, pero no solo por la costumbre. «El país tiene cosas maravillosas pero también es más complicado relacionarse con la gente, son más fríos». Quizá allí su texto no se habría hecho viral.

 

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