La bilbainita que triunfó con las castañuelas

La cupletista Natividad Álvarez./
La cupletista Natividad Álvarez.

«Bailaba con la cara, con su rostro bello y expresivo», dijeron de Natividad Álvarez, una artista de variedades natural de Barakaldo que se hizo muy popular a principios del XX

ITSASO ÁLVAREZ

«Es una estupenda bailarina que por todos los escenarios españoles ha arrancado aplausos de admiración por el arte de sus danzas y las formas escultóricas que oscilan bajo el dulce ritmo de sus trajes. Su cuerpo escultural vibra a impulsos de las pasiones y cada músculo refiere la emoción que agita su alma. Los bailes regionales son su especialidad y en la creación de los mismos ha puesto su alma entera. Es una artista consagrada y basta anunciar su nombre en los carteles para que se vean ocupadas todas las localidades de los salones donde actúa». Así describía una publicación de la época a Nati 'La Bilbainita' (1890-1913), el nombre artístico elegido por la baracaldesa Natividad Álvarez Álvarez, una joven bailarina que comenzó su andadura en Madrid para terminar triunfando en París y Londres y que se hizo muy famosa por su maestría a la hora de tocar las castañuelas. Otra crónica, firmada por Álvaro Retana, escritor, periodista, dibujante, modisto, músico, libertino y letrista de cuplés español, decía: «Así como Pastora Imperio bailaba con los brazos y La Argentinita con los pies, Nati La Bilbainita bailaba con la cara, con su rostro bello y expresivo». Natividad Álvarez era de estatura pequeña, pero al parecer la viveza de movimientos y la fuerza rítmica que imprimía a sus bailes parecían agigantarla sobre los escenarios, y no fueron pocos los que recorrió. Desconocida para muchos, hoy traemos a Isla Mujeres la historia de esta mujer natural de Barakaldo, hija de padres emigrados desde Burgos, que murió en Gordexola joven, con 23 años y tras dar a luz a su primer hijo, pero que tuvo tiempo de hacerse un nombre entre las artistas de variedades de principios del siglo XX.

Nati La Bilbainita fue una bailarina autodidacta que comenzó su andadura artística en Madrid. Según figura en la Enciclopedia Auñamendi, sus padres regentaban en la calle San Francisco de Bilbao el Salón Vizcaya, por lo que desde niña se acostumbró a alternar con gentes de la farándula a diario. En un artículo publicado en el periódico Bilbao, Carlos Bacigalupe recuerda que aquella cría menuda y pizpireta emulaba los bailes de las figuras más destacadas que llegaban al salón. No hacía ascos a nada. Si eran cupletistas, ella reproducía ante el espejo sus maneras de cantar. Si se trataba de bailarinas, calcaba con «asombrosa precisión» los pasos que ellas ensayaban. Años después, el empresario teatral Germán Matute diría de ella: «La Bilbainita no ha estudiado en ninguna parte y jamás ha tenido maestro; únicamente se vale de su intuición enorme y, cuando oye una música que le guste o impresione, va poco a poco componiendo su danza y su gesto, y así es como ha ido formando su repertorio. Por lo tanto, su trabajo es único, personal, y que no se parece al de ninguna otra bailarina».

En fin, su familia se la llevó a Madrid a los doce años para intentar que la chica se abriera paso. Allí entablaron relación con Adelita Lulú, el nombre artístico de Adela del Barco, una famosa cupletista madrileña de principios del siglo XX y de la que la prensa decía que lucía alhajas «por valor de 40.000 duros». Adela les ayudó económicamente, facilitó el pronto debut de Nati y terminó convirtiéndose en su gran consejera. La joven enseguida obtuvo éxito y se hizo muy popular en las aristocráticas 'Soirées femeninas', que tenían lugar en el madrileño teatro de la Zarzuela. Siempre fue una mujer autodidacta, pero tenía "enorme inspiración·. Ella era una bailarina nata, cantada en alabanzas por todo el mundo del espectáculo. Beatrice Erskine, ilustre escritora, a cuyos pies se rindió el Madrid culto de la época, coetánea de Emilia Pardo Bazán, del marqués de Figueroa y autora de diversas biografías, escribió sobre ella: «En cuanto al trabajo artístico de esta hábil señorita, es evidente que cree en la antigua teoría, que está una vez más en moda, con relación a la extensión de la danza».

Se retiró al casarse

Y aún iba más allá, al señalar que «ninguna emoción humana es demasiado seria o demasiado frívola para ser expresada en movimientos rítmicos o gestos adecuados y convenientes. Ya sean serios o alegres, grandes o pequeños, apenas existe emoción alguna afectando a la humanidad que no puedan ser introducidos o mezclados en sus bailes. El baile, para ella, no consiste meramente en un juego de pies y de saltos, puesto que tiene, ademas de esto, una base dramática», continuaba Erskine. La primera gran actuación de Nati tuvo lugar en el Teatro Poliorama de Barcelona en 1913. Después fue requerida en el extranjero y, a principios de los veinte, obtenía su primer y próspero contrato en Londres. Cuando debutó en el Coliseum de Madrid, acompañó su cómico baile con unas castañuelas, y eso fue lo más. «Encantadora en la ejecución del baile, sus movimientos lentos añadían misterio cuando el crescendo y luego cuando el diminuendo logrados gracias a los crótalos, pequeños instrumentos de los que ella era una brillante manejadora», relata Bacigalupe.

Con 20 años Natividad Álvarez se enamoró de un hombre de Gordexola, José Antonio 'Toto' Arechavala Hurtado de Mendoza. Fue tal el flechazo entre ambos que ella decidió dar punto y final a su carrera artística para casarse, tener hijos y disfrutar de una familia estable. 'Toto' era hijo de un indiano fundador en Cuba del famoso Ron Arechavala, después comercializado como Havana Club. Nati La Bilbainita ganaba un buen sueldo, se encontraba en plena juventud y en el apogeo de sus facultades, pero añoraba un hogar. Por desgracia, disfrutó poco de él, pues falleció tras un mal parto. Su cuerpo fue enterrado en el cementerio de Gordexola, en el panteón de los Arechavala.

 

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