¿Empezamos el año en el monte?

La subida a la Cruz del Gorbea es un clásico de estas fechas./
La subida a la Cruz del Gorbea es un clásico de estas fechas.

Las laderas del Gorbea se convierten hoy en una auténtica romería, y para los menos preparados el Pagasarri es una excelente alternativa. También son un clásico las subidas al Adarra y al Zaldiaran

FERNANDO J. PÉREZ

Como toda tradición que se precie, su origen se pierde en los tiempos. Nadie es capaz de recordar cómo, cuándo y por qué los montañeros vascos decidieron terminar o empezar el año ascendiendo a su monte de referencia. En realidad, tampoco importa tanto. Lo verdaderamente importante es el hecho en sí mismo. Ese deseo de querer compartir con la madre tierra, con la Naturaleza una fecha tan significativa y tan cargada de simbolismo como es el cambio de año. De afrontar con los amigos y compañeros en nuestras montañas ese momento de renovación, de cerrar unas puertas y abrir otras, que supone la renovación del calendario, tan ligado al solsticio de invierno.

Prácticamente cada pueblo de Euskadi tiene su monte de referencia. Ese lujo que nos ha dado la geografía vasca y que permite a cada club de montaña o a cada cuadrilla de amigos cumplir con el ritual del fin de año. Vamos a centrarnos aquí en las cumbres más populares para cumplir con esta tradición, situadas en el entorno de las tres capitales vascas. Además de, cómo no, el gran símbolo de la montaña vasca, al menos en Bizkaia y Álava: el Gorbea.

Gorbea

Empecemos con el principal referente en esto de acabar o empezar el año en nuestro monte más querido. El Gorbeia y su icónica Cruz reúne todos los ingredientes para cumplir con la tradición y toda su simbología. Las matinales del 31 de diciembre y el 1 de enero sus laderas se convierten en una verdadera romería. Pero son sus rutas habituales las que concitan el protagonismo montañero.

Por la vertiente vizcaína, Areatza/Villaro sirve de punto de partida para remontar la pista cementada que lleva a las áreas recreativas de Larreder (primero) y Pagomakurre. Desde allí, la pista, ya vetada a los vehículos a motor, bordea Peña Lekanda y nos aúpa a las campas de Arraba, que atravesamos siguiendo la línea arbolada y dejando a la derecha el refugio de la Federación. Cruzamos el paso de Aldape y descendemos hasta el hayedo de Egiriñao, presidido por el refugio del Juventus. La Cruz está ya cerca, pero queda el tramo más exigente. La senda remonta el roquedo del Aldamin, que queda a nuestra izquierda, hasta el collado del mismo nombre, inconfundible por su pluviometro, antes de afrontar la empinada loma cimera, donde la Cruz ejerce de irresistible imán para atraernos hasta sus 1.481 metros.

Desde Álava, tanto Murua, como Zarate y Sarria -todos ellos barrios de Murgia- comparten protagonismo como puntos de partida para cumplir la tradición. Hemos elegido aquí la ruta desde Zarate, por ser la más directa y encerrar el simbolismo de ser el camino carretil utilizado en los albores del siglo XX, para llevar hasta la cumbre los distintos componentes de primera Cruz. El monumento original fue inaugurado el 12 de noviembre de 1901. Medía 33 metros y la nieve lo derribó a las pocas semanas. La cruz actual, la tercera, fue erigida en 1912 y mide 18 metros.

Partimos de Zarate por la ruta trazada para los carros de bueyes que en 1900 subieron las vigas de hierro y el cemento de la cruz. Primero entre pinos y luego a través de un robledal, el camino gana altura con suavidad hasta el collado de Arrantigarran, bajo el Alpartizar, una cima menor cubierta de matorrales y pinos que queda a la derecha. A la izquierda vemos Markina, el hayedo de Ugalde y la cima de Berretin. Dejamos atrás el mojón de Iturrikiano para llegar a un cruce de caminos a los pies del Araza. Por la derecha, bordeando la cima del Araza, una senda sube hacia la campa de Sekelekuarre y la fuente y refugio de Pagazuri. A partir de aquí, el camino hacia Arroriano y Gorbeia ofrece una fuerte pendiente hasta un hayedo muy degradado. Una vez rebasados los árboles, con la cima de Arroriano a la derecha, entramos en un amplio llano cubierto de brezo. Ya sólo nos resta superar la pala final y recorrer la meseta cimera con la Cruz como inconfundible referencia.

Pagasarri/Ganekogorta

El vínculo entre Bilbao y el Pagasarri no ofrece dudas. Su proximidad y comodidad de accesos le convierte en un icono más de la capital vizcaína. Así que no es difícil de entender que sea la cumbre por excelencia para visitar por los bilbaínos para despedir o recibir el año (muchos incluso las dos cosas). Y no son pocos los que alargan la excursión hasta el cercano Ganekogorta y alcanzar (subiendo al vértice) sus redondos 1.000 metros de altitud.

También en este caso los accesos son múltiples. Tantos como barrios se aposentan en las laderas del Pagasarri. El más común remonta por San Adrián, cruza el puente sobre la A-8, rodea el edificio de Iberdrola y continúa por asfalto, ya con excelente vistas de Bilbao, bordeando (izd.) el Arnotegi, hasta el aparcamiento de Igertu. La carretera se empina hasta el desvío a la ermita de San Roke, que desechamos para cruzar la barrera que evita el paso de vehículos no autorizados y afrontar la cuesta del silencio. La desaparecida fuente de Zapaburu ha dejado ya de ser una referencia antes del último repecho hasta el cruce de caminos donde decidimos la ruta a seguir: por la pista de Artabe (izquierda), la más cómoda aunque más larga; por el camino antiguo (el sendero de frente), la más directa, rápida y pendiente; o por la pista de la derecha, la más frecuentada, que confluye con la subida de Rekalde y ofrece las vistas más espectaculares de El Botxo. Por cualquiera de ellas, el destino es el mismo: las campas del Pagasarri y su refugio. El roquedo cimero se eleva, tras el edificio, a un centenar de metros.

Los más animados alargan desde aquí la excursión hasta el Ganekogorta, cuyo perfil se eleva omnipresente al Suroeste. Para ello, desde la campa del Pagasarri cogen la pista que se dirige al suroeste y, desechando el desvío a la cercana fuente de Tarín, la siguen hasta un cruce de caminos que indica (izd.) la ruta a Llodio por la fuente del Espino. Desde aquí, no hay más que continuar por el camino que remonta en fuerte pendiente, bordea el Biderdi o Ganeko Txiki y continua, cerca del cordal hasta la cumbre del Ganekogorta y sus 999 metros.

Zaldiaran

Los montañeros vitorianos tienen en los Montes de Vitoria su principal referente. Y entre ellos, es el Zaldiaran, por proximidad a la capital alavesa y altitud, el protagonista del ritual de fin/inicio de año. Las rutas habituales parten tanto desde el puerto de Zaldiaran como desde el mismo Vitoria. Desde el puerto, apenas es un paseo en el que un camino que discurre por el cordal evita la pista de las antenas, en la que desemboca más adelante para alcanzar por ella la cima.

Más interesante es partir desde Vitoria y cruzar el bosque de Armentia siguiendo el sendero de los Montes de Vitoria. Abandonamos el espacio protegido por su extremo sur para continuar, sin perder el rumbo por una pista que, desechando un par de desvíos que llevan a Berrostegieta, atraviesa una parcelaria hasta un arroyo que vadeamos. La pista de la derecha lleva a Eskibel. Pero nosotros continuamos subiendo con el San Kiliz a nuestra izquierda. El camino remonta hasta el cordal que una el San Kiliz con el Zaldiaran. Por él, entre hayas, alcanzamos la pista de las antenas, por la que llegamos a la cumbre.

Adarra

El Adarra domina el valle del Oria y la tradición dice que hay de tomar un caldo con un pintxo de carne, rito que los montañeros del club Euskalduna de Andoain se encargan de cumplir cada Año Nuevo y que se mezcla con el champán con el que otros mendigoizales celebran la buena nueva.

El camino de ascenso más habitual parte del barrio Besabi de Urnieta. Desde Aldapeta, su caserío más alto, una senda encajonada remonta entre hayas. Poco después, cuando el camino comienza a llanear junto a un pinar, seguiremos, a la izquierda, por un desvío empedrado que profundiza encajonado en el bosque. Los pinos dejan paso rápidamente a las hayas, donde el sendero tuerce a la derecha (SW) hasta el arroyo Aballarri. Lo vadeamos y salvamos un fuerte, aunque corto, repecho para alcanzar el collado Mantale. Una vez en él, ante nosotros se alza la inconfundible doble cima del Adarra. Aunque para alcanzarla deberemos salvar aún los 250 metros de desnivel de su interminable ladera cimera. El sendero asciende por ella sin concesiones, así que es mejor tomarlo con tranquilidad y disfrutar del paisaje que, a nuestra espalda, las alturas van descubriendo. Un portillo entre las dos peñas cimeras nos sitúa en un rellano desde el que la rocosa cumbre, visible a la izquierda, se ofrece próxima.

 

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