El Correo
El 'Spanisch aerocar' se mantiene casi como cuando fue construido en 1916.
El 'Spanisch aerocar' se mantiene casi como cuando fue construido en 1916.

Un funicular español en las cataratas del Niágara

  • El ingeniero Leonardo Torres Quevedo es el artífice del 'Spanish Aerocar', un original transbordador que desde 1916 funciona en la famosa cascada de Canadá

Quien más quien menos reconoce en Leonardo Torres Quevedo (1852-1936) a uno de los inventores españoles más prolíficos de todos los tiempos. Pocos recuerdan, sin embargo, cuál fue su contribución a la ciencia y eso que algunos de sus artilugios causaron verdadero furor en la época. Matemático e ingeniero de caminos, es el padre de un gran número de sofisticadas máquinas; la mas alta tecnología que conoció el último tercio del siglo XIX y primero del XX. Y, sin embargo, sigue siendo un gran desconocido. De su destacado ingenio salieron diversos mecanismos algebraicos (un artefacto electromecánico de cálculo, un aparato para realizar multiplicaciones, el logaritmador binómico), un puntero proyectable, una balanza automática, un indicador de coordenadas, un artilugio para tomar discursos sin taquígrafo, el telekino (un autómata que ejecutaba órdenes transmitidas mediante ondas hertzianas), un dirigible y un transbordador funicular aéreo. Este último, conocido como 'Spanish Aerocar', es uno de los grandes inventos que aún siguen en pie y que desde su creación en 1916 permanece unido a uno de los rincones más visitados del planeta: las cataratas del Niágara. 

El teléferico del monte Ulía de San Sebastián (1907) es el antecedente del vehículo construido en Canadá.

El teléferico del monte Ulía de San Sebastián (1907) es el antecedente del vehículo construido en Canadá.

El transbordador es en realidad un funicular aéreo que une dos puntos de la orilla canadiense del río Niágara. A lo largo del trayecto discurre sobre un paraje conocido como El Remolino (The Whirpool) y llega a entrar en varias ocasiones en territorio estadounidense. Durante los diez minutos que dura la travesía, el 'Spanish Aerocar' recorre 580 metros suspendido de seis cables. Un siglo después de su inauguración (8 de agosto de 1916), el artilugio sigue funcionando más o menos como fue concebido por el insigne ingeniero español (en 1961, 1967 y 1984 se sometió a ligeras reformas) y apenas ha sufrido percances en sus cien años de existencia. Torres Quevedo se inspiró en otro funicular que él mismo ideó unos años antes (1907) en el monte Ulía de San Sebastián, y que fue el primer medio de transporte de este tipo apto para el traslado de personas. Este artilugio estuvo solo operativo hasta 1912, pero abrió el camino para que otros países apostaran por este ingenio.

Torres Quevedo, un gran desconocido, es el autor de numerosos ingenios que revolucionaron la ingeniería a finales del XIX y principios del XX.

Torres Quevedo, un gran desconocido, es el autor de numerosos ingenios que revolucionaron la ingeniería a finales del XIX y principios del XX.

Leonardo Torres Quevedo nació por accidente en Santa Cruz de Iguña (Molledo, Cantabria) ya que su padre, un ingeniero de Bilbao, trabajaba en la línea del ferrocarril de Isabel II que uniría Santander y Alar del Rey. Siguiendo los pasos de su padre, ingresó en la Escuela Oficial del Cuerpo de Ingenieros de Caminos en 1871, para graduarse, cuarto de su promoción, en 1876. Al terminar sus estudios, comenzó a trabajar para la misma empresa de ferrocarriles en la que ejercía su padre, pero al poco tiempo abandonó su puesto para viajar por Europa y conocer los avances tecnológicos y científicos que se estaban desarrollando fuera del país.

A su regreso, Torres Quevedo se instaló en Santander y decidió enfocar su trabajo a la investigación. Sus primeros trabajos se centraron, sin demasiado éxito, en concebir plataformas suspendidas por cables para cruzar ríos o salvar un valle sin necesidad de construir un puente. Desde mediados del siglo XIX, existían cabinas colgantes utilizadas para el transporte de mercancías, pero hasta 1866 no se había construido un teleférico destinado únicamente al transporte de personas. La ciudad suiza de Schaffhausen fue la primera en conocer este ingenio. En España apenas si se había producido algún intento por emular a los suizos. El ingeniero cántabro construyó en su casa de Molledo (Cantabria) el transbordador de Portolín, que salvaba una distancia de 200 metros y un desnivel de 40 metros. Para proporcionarle dinamismo utilizó una especie de noria movida por dos vacas y una silla atada a los cables que ejercía de asiento del transbordador. Posteriormente construyó un artilugio similar en el río León (afluente del Besaya), aunque el diseño, de mayor medida, exigía sustituir los animales por un motor.

Retrato del ingeniero Leonardo Torres Quevedo obra del pintor Joaquín Sorolla.

Retrato del ingeniero Leonardo Torres Quevedo obra del pintor Joaquín Sorolla.

Una vez que desarrolló la idea decidió probarla en un proyecto de gran envergadura. Torres Quevedo concibió el primer transportador de plano inclinado que ascendía al Monte Ulía en un trayecto de 280 metros. «Distínguese de los demás —explicaba el teniente coronel Espitallier en junio de 1909 en la revista 'Le Génie Civil'— por componerse la vía de varios cables, cuya tensión invariable se determina en cada uno por un contrapeso, independientemente del peso transportado y en forma que, si alguno se rompe por un accidente cualquiera, la tensión de los restantes no aumenta; cualidad que define este transbordador y le diferencia de los demás y aún de todas las demás construcciones usuales, en que la rotura de una de las principales piezas recarga fuertemente las otras, poniendo la obra en riesgo de ruina».

El transbordador de Ulía adquirió pronto fama mundial. Al año siguiente se construyeron otros teleféricos en ciudades como Chamonix (Francia), Bolzano (Italia), Grindelwald (Suiza) y Río de Janeiro (Brasil).

En Canadá

La misma Sociedad de Estudios y Obras de Ingeniería que había llevado a cabo la construcción del transbordador de San Sebastián constituyó la firma The Niagara Spanish Aerocar, con el fin de negociar la construcción en Whirlpool de un funicular aéreo del sistema Torres Quevedo, que acabaría recorriendo un total de 550 metros, el más largo y seguro construido hasta la fecha. El coche aéreo español del Niágara fue diseñado por el ingeniero español, que lo llamó 'transbordador', «y representa un nuevo tipo de transporte por cable aéreo, el único existente de este tipo», como se magnifica en una placa que La Comisión de Parques del Niágara coloca en 1991 para reconocer la autoría del ingenio.

Las cataratas del Niágara se sitúan entre Estados Unidos y Canadá y tienen una caída de 64 metros.

Las cataratas del Niágara se sitúan entre Estados Unidos y Canadá y tienen una caída de 64 metros.

Nombradas por la tribu iroquesa con la palabra 'Niagara' (trueno de agua), desde que fueron descubiertas por los colonizadores europeos se han hecho muy populares no sólo por su belleza, sino también por ser una fuente de energía y un desafiante proyecto de conservación medioambiental. Las cataratas se encuentran localizadas entre las fronteras de Canadá y Estados Unidos, y constituyen uno de los espectáculos naturales más bellos del mundo. Con una anchura de 1.000 metros y 54 metros de caída, son un destino único en el mundo que cada año atrae millones de turistas.

En realidad no es una catarata sino un grupo de cascadas situadas en el río Niágara, con tres núcleos bien diferenciados: la canadiense (Ontario), la estadounidense (Nueva York) y la Velo de Novia, más pequeña. Aunque no tienen una gran altura, son muy amplias y son las más voluminosas de América del Norte, ya que por ellas pasa toda el agua de los Grandes Lagos.

Durante el siglo XIX el turismo las hizo muy populares. La demanda por observarlas hizo que en 1848 se construyera un puente para peatones y luego otro de suspensión de Charles Ellet. Éste fue reemplazado por otra estructura en suspensión de John Augustus Roebling en 1855. En 1886 Leffert Buck reemplazó la pasarela de Roebling, construida en madera y piedra, por una en la que predomina el acero, que aún hoy día lleva una línea férrea sobre las cataratas. El primer puente de acero cercano a las cataratas, hoy conocido como Whirlpool Rapids Bridge, fue completado en 1897.

El recorrido del 'Spanish aerocar', que hoy funciona como atractivo turístico, salva la zona conocidad como The Whirlpool, donde se crea un gigantesco remolino.

El recorrido del 'Spanish aerocar', que hoy funciona como atractivo turístico, salva la zona conocidad como The Whirlpool, donde se crea un gigantesco remolino.

El 'Spanish Aerocar' fue construido sobre The Whirlpool, un lugar emblemático en el que un brusco giro del río crea un gigantesco remolino y cuyas sorprendentes vistas han dado a la obra de Torres Quevedo fama mundial. En principio se propuso un trayecto de más de un kilómetro, situado más próximo a las cataratas, pero esta idea se modificó al estar prohibida cualquier construcción que pudiera perturbar la vista. Además, al establecerse en la cascada principal suponía también un problema de control fronterizo porque tenía que crearse una estación en Canadá y otra en Estados Unidos.

En 1913 se autorizó la concesión para edificar las dos estaciones en territorio canadiense y en julio de 1914 se creó formalmente la empresa The Niagara Spanish Aerocar Company Limited, que se constituyó con un capital de 110.000 dólares y una concesión de explotación por veinte años. El 'Spanish Aerocar' se suspende en seis cables de acero entrelazados, cada uno de ellos de 25 milímetros de diámetro. El coche está propulsado por un motor eléctrico de 50 caballos de fuerza (37 kW) y se desplaza a unos 7 kilómetros por hora. En el caso de un corte de energía, un generador diésel lleva el vehículo de vuelta al muelle con seguridad. También tiene un carruaje de rescate que tiene cuatro pasajeros y un operador. Hasta ahora sólo ha sido utilizado con fines de formación y mantenimiento

El aerocar, que tiene capacidad para entre 35 y 40 pasajeros, se encuentra suspendido entre dos puntos de Canadá, a pesar de que cruza la frontera canadiense y estadounidense cuatro veces en un viaje completo. La altura en su tramo central es de 61 metros sobre el río. Su longitud es de 539 metros. Desde la barquilla, los turistas pueden ver el Whirlpool State Park en Niagara Falls, Nueva York, así como la central hidroeléctrica Robert Moses, en Lewiston, Nueva York. También se puede ver a los excursionistas en senderos naturales y a los pescadores de ambos lados del río.

Placa conmemorativa del dispositivo español que representa un nuevo tipo de transporte por cable aéreo, el único existente de este tipo.

Placa conmemorativa del dispositivo español que representa un nuevo tipo de transporte por cable aéreo, el único existente de este tipo.

Hasta 1920 los ingresos fueron menores de lo esperado, principalmente por el estallido de la Gran Guerra. A partir de ese año los ingresos se incrementaron sustancialmente, pero esta situación volvió a empeorar tras el 'crack de 1929'. En 1933 finalizó la concesión de explotación por veinte años, un hecho que, unido al estallido de la Guerra Civil española, propició el corte de la comunicación entre los socios españoles y la compañía canadiense. En 1959 se retomaron de nuevo los contactos, pero un año después se cortaron definitivamente tras la venta de los activos a The Niagara Parks Commission.

Cada año más de 250.000 visitantes de numerosos países suben a bordo del famoso y centenario teleférico para contemplar la inconmensurable belleza de los Whirlpool Rapids. Pocos son quienes conocen la autoría de esta singular obra que hace posbile su visión desde el aire. A diferencia del gran Leonardo (Da Vinci), la figura de Leonardo Torres Quevedo sigue siendo desconocida para el gran público. Y eso que su nombre está asociado al galardón más importante en el ámbito de la ingeniería en España.