La cocina llora a Aitor Basabe

Basabe, en su restaurante Arbolagaña, ubicado en la azotea del museo de Bellas Artes de Bilbao./
Basabe, en su restaurante Arbolagaña, ubicado en la azotea del museo de Bellas Artes de Bilbao.

Grandes restauradores lamentan la muerte del cocinero del Arbolagaña, localizado sin vida cerca de Llanes (Asturias) en la mañana de Nochebuena

FERMÍN APEZTEGUIA

La mesa de Navidad perdió a uno de los grandes de la cocina vasca. Un fallo cardiaco acabó, al parecer, el día de Nochebuena con el reconocido restaurador Aitor Basabe, responsable de los fogones del Arbolagaña de Bilbao. Su nombre no figuraba entre los más populares, pero sí entre los más aplaudidos por la profesión. «Era una persona excepcional, un amigo de una calidad humana fuera de lo normal», le recordaba ayer otro cocinero, el televisivo David de Jorge. «Todo lo que tenía de grande, lo tenía de extraordinario desde el punto de vista humano y, por supuesto, como cocinero, que era un número uno. Nos hemos quedado sin uno de los grandes», resumió el conocido presentador.

La página de Facebook del Arbolagaña confirmó ayer con una escueta nota la desaparición del que era hasta el jueves su director de cocina. «A Aitor Basabe le ha fallado ese corazón tan grande (que tenía). Nos deja su gran sonrisa; su amor por la naturaleza; su sabiduría y la gran humanidad que desbordaba por todos los lados. Hoy es un día triste, pero siempre te recordaremos haciendo lo que a ti te gustaba. Te echaremos de menos», informó el restaurante. La nota se llenó rápidamente de condolencias y mensajes de pésame dirigidos especialmente a su esposa, Ana María Larrea, que dirige la sala.

«Calidad humana»

Desde el jueves por la mañana, corrió el rumor de que su muerte se produjo, al parecer, mientras practicaba pesca submarina. Un portavoz de la Guardia Civil desmintió este extremo al diario El Comercio e informó de que su cuerpo sin vida fue localizado en un bosque próximo a la localidad asturiana de Llanes. El instituto armado investiga las circunstancias de su muerte.

Las primeras informaciones sobre su muerte pudieron estar provocadas por su conocida pasión por el buceo, que supo trasladar a las mesas del restaurante del Museo de Bellas Artes, donde no era extraño degustar una lubina o una merluza capturadas por él mismo. La periodista Elena Marsal, que el pasado verano publicó en la revista Enboga una de las últimas entrevistas con el desaparecido cocinero, explicaba en el reportaje que su actitud ante la pesca definía su carácter. «Nunca pesca por encima de los quince o veinte metros, porque le parece que los peces tienen menos oportunidades tan cerca de la superficie».

Fernando Canales, el chef que dirige el restaurante Etxanobe, le define como un «profesional del submarinismo» y, «como un muy buen amigo, una persona excepcional de una calidad humana fuera de lo normal». Su condición como persona sólo era equiparable, según destacó Canales, a sus dotes frente a los pucheros y cazuelas. «Todo lo que tenía de grande, lo tenía de bueno, porque era extraordinario en todo. Tenía un talento especial para los platos de carne, setas; y poseía una chispa en la cocina que los demás no tenemos. Era único», destacó el responsable del primer restaurante del Palacio Euskalduna de Bilbao.

La llevaba en la sangre, según explicaba en la entrevista de Enboga. «Mis abuelos tenían un txakoli, precisamente el Arbolagaña, en el barrio bilbaíno de Ibarrekolanda. Desde muy pequeñito decía que quería ser cocinero. Cuando tuve edad para decidir mi futuro y vieron que iba en serio mi madre se echó a llorar. ¡Qué drama! ¡Claro, sabía de qué iba esto, lo dura que es esta profesión».

En varias ocasiones formó parte de delegaciones institucionales vascas para la promoción del turismo gastronómico en Euskadi, en ciudades como Tokio, Estambul, Londres y Nueva York, donde sirvió una comida en la sede central de la ONU. «He viajado por el mundo representando nuestra cocina», decía con orgullo. «Que te elijan para representar a tu tierra por la comida... ¡es la bomba!».

«Mi estilo no es mediático»

Conocido también en los círculos gastronómicos por su conversación, fluida, entretenida y divertida, rechazó toda invitación a formar parte del grupo de estrellas mediáticas de la gastronomía vasca. No le iba. «No se trata de que sea ni el mejor ni el peor; es sólo que eso de salir en los medios no va con mi estilo», se explicaba. «Creo que por encima de todo somos cocineros, aunque algunos se hayan convertido también en personajes mediáticos», cosa que, por otra parte, tampoco criticaba.

Su primer restaurante lo abrió en Loiu, el Gozko Etxe y pronto, en 1997, ganó el campeonato de España de alta cocina para jóvenes chefs. Adicto a las gildas del Okela y el Mugi, los dos en Bilbao, defendía los productos naturales y la necesidad de dedicar a la comida su tiempo y espacio. No soportaba los locales con las mesas pegadas unas a otras. El suyo, el Arbolagaña, abierto en 2001, se situaba sobre el pulmón de Bilbao, el parque de Doña Casilda. «¡Menudo local! Era un arapahoe con un restaurante sobre los árboles. Quizás sea esa su mejor definición», cierra David de Jorge.