Radiografía del 'putero' español

El perfil del cliente es más heterogéneo de lo que se cree. /
El perfil del cliente es más heterogéneo de lo que se cree.

Tiene entre 17 y 80 años y pertenece a un colectivo muy heterógeneo en estudios, nivel de empleo y recursos económicos

ANA VOZMEDIANO

El libro se titula 'El putero español', es obra de la catedrática de la Universidad de Vigo Águeda Gómez Suárez y pretende abrir un debate sobre uno de los actores claves en el mundo de la prostitución: el cliente. El estereotipo habla de mujeres con ropa ligera y zapatos de plataforma que trata con un misterioso tipo sin rostro ni edad.

Porque este cliente siempre resulta invisible. Y la sociedad, además, observa su comportamiento con indulgencia y normalidad. Frente a las 300.000 mujeres que ejercen la prostitución en España, la mayoría abocadas al oficio por situaciones extremas, se encuentra un colectivo al que no se juzga ni por su situación ni mucho menos por su opción o decisión de pagar a cambio de relaciones sexuales.

LAS CIFRAS

300.000
mujeres se dedican en España a la prostitución. Según los estudios la inmensa mayoría lo hace por "extrema necesidad" ante situaciones personales y familiares muy delicadas.
5%
de la prostitución es de lujo, pese a que es la que más se cita en los programas del corazón. Su incidencia es mínima y se realiza casi siempre en hoteles.

Lo primero que establece la investigación es que ambos actores, puta y putero, son colectivos bien diferentes. Ellas, en su mayoría, están en la profesión por necesidad económica, por cargas familiares, por falta de documentación que les permita moverse en otros ámbitos del mercado laboral convencional Según los datos que refleja el estudio de Gómez Suárez, proceden de países pobres o en vías de desarrollo, lugares además muy patriarcales, donde la mujer es sacrificada en aras del beneficio del grupo.

"Lo que es claro es que no encontramos clases medias ni clases altas en este colectivo y que, aunque el número está creciendo a raíz de la crisis, hay muy pocas mujeres españolas. La conclusión es que la opción de la prostitución como vía de ingresos es una decisión producto de la necesidad y no de una elección libre. Otra cosa es que en algunos programas del corazón insistan en darle protagonismo a una supuesta prostitución de alto standing, de lujo y glamour que no es representativa para nada de lo que se mueve en este mundo", apunta la experta.

¿Cómo es el 'putero'?

Ese cliente sobre el que las investigaciones de Águeda Gómez Suárez, junto a sus colaboradoras Silvia Pérez y Rosa María Verdugo, quieren poner el foco de atención es mucho más heterogéneo de lo imaginado. Para empezar, por la edad. Los estudios realizados revelan que en esta amplia clientela hay hombres entre los 17 y los 80 años. Y que pertenecen a cualquier clase social, formación, ocupación, hábitat e incluso ideología política. Sus reacciones y motivaciones también son muy diferentes.

"Nos encontramos con aquellos que tienen el convencimiento de que la otra persona disfruta, una creencia extendida entre cierto tipo de clientes que se ponen una cierta venda en los ojos y que pisan fuerte con sus supuestas habilidades. A otros no les interesa en absoluto si la mujer disfruta o no. Tampoco faltan quienes, como forma de reafirmar su virilidad, consideran que ellos las hacen disfrutar, mientras una parte importante son conscientes de que lo que están generando es una situación de sufrimiento para ellas. Además, es parte de lo que quieren comprar: sufrimiento y dominación". Ellos dicen "pagamos porque cobráis", dentro del ambiente de esta sociedad indulgente que retrata el libro.

Un gasto de 127,5 euros al mes

negocio global de 3.672 millones de euros

Los españoles que recurren a la prostitución gastan 127,5 euros al mes, lo que supone un montante de negocio global de 3.672 millones de euros al año. Los datos los asume el propio Instituto Nacional de Estadística, que se enfrentó hace poco menos de un año a esta realidad en una comisión creada ad hoc en el Congreso de los Diputados.

La estadística dice que el 6% de los hombres recurre a clubes, a las calles o a pisos y gastan 1.530 millones al año en esta 'prestación' sexual. El INE, dato curioso, ha comenzado a incluir esta profesión en el sector de servicios personales, el mismo en el que aparecen las peluquerías, por ejemplo. El INE ha clasificado el oficio en cuatro tipos.

La calle es el más barato de los escenarios en los que establecer contacto y el menos admitido desde un punto de vista social por su visibilidad. En Madrid, por ejemplo, se ha empezado a actuar en las calles de tres barrios muy concretos aunque, eso sí, para multar a la clientela que se acerca a 'las chicas'. En este modelo, el ratio es de una mujer por cada 6.000 habitantes y el servicio costaría una media de 50 euros.

El estudio matiza que esta modalidad se ejerce sobre todo por inmigrantes y para inmigrantes y que su peso en este gigantesco negocio de la prostitución es solo del 7%.

Los pisos se dividen entre los de medio y alto standing, lo que supone precios entre los 60 y los 300 euros. La casa puede quedarse hasta el 50% de la tarifa y en la mayoría de los casos se abonan aparte sábanas y toallas. La discreción es la principal baza de esta modalidad, las nuevas tecnologías y la crisis lo han hecho crecer y ahora mismo representa el 23% del mercado, siempre según el estudio presentado ante la comisión del Congreso.

Los burdeles copan el 66% de los servicios. Dentro de estos, también hay algunas distinciones. Nos encontramos con los locales de alterne pequeños, de bajo y medio standing, en los que el servicio ronda entre los 80 y los 100 euros. Suele haber entre 5 y 12 mujeres a disposición de la clientela. En los de medio y alto standing la tarifa es de 100 euros y una consumición mínima entre los 20 y los 30 euros. En estos clubes puede haber empleadas hasta 40 prostitutas.

Los macroburdeles tienen una tarifa mínima de 70 euros por 20 minutos y, a partir de ese tiempo, de 200 en adelante. En este modelo hay 'disponibles' entre 60 y 80 mujeres.

Y por fin el lujo, el más minoritario y el más mediático, que se ejerce sobre todo en los hoteles y que tiene unas tarifas medias que pueden rondar los 2.000 euros. El alto poder adquisitivo caracteriza a prostituta y cliente. La estadística coloca este tipo en el 5% de la demanda, aunque hay quien desconfía de que llegue a ese porcentaje.

Resulta que, al final, se acude a los llamados 'espacios prostitucionales' como una forma de consumo más, "en una sociedad porno-capitalista como la nuestra en la que la erotización aparece vinculada al sometimiento y sufrimiento de la mujer".

En el libro se recogen relatos de las vivencias de los propios clientes. No falta el 'chistoso' que dice "el sexo es de pago siempre, pero el matrimonio es más caro o el jovencito que dice buscar 'relaciones de calidad'. O experiencias curiosas. Porque, pese a lo que se cree, estos hombres de edades variadas y de todas las clases sociales no buscan como primer objetivo placer sexual y diversión, sino más bien reafirmar su identidad masculina frente a la más tradicional de padre proveedor y protector, que esta fundamentada en una sexualidad acumulativa, y despersonalizada. Por ello, la prostitución se consume muchas veces y como tantos otros productos, de forma rupal. Los clientes acuden en cuadrilla y lo hacen en aras de compartir un buen plan a los colegas más que para buscar unas prácticas sexuales singulares". Esa asistencia en grupo también es tolerada sin problemas entre la mayoría social.

En la Facultad de Psicología de la Universidad de Vigo lo tienen claro: "Como investigadoras no somos indulgentes con el cliente, nuestro objetivo es poner los focos sobre él para reflexionar sobre algo que no creemos justificable: pagar por servicios de prostitución, sobre todo cuando las mujeres que la ejercen se encuentran en situaciones de desprotección".

Bajo coacción

Ocurre que las prostitutas adoptan algunas veces una actitud condescendiente y maternal con el cliente o incluso minimizan su acción. "Lo que creemos es que es una forma de autoengaño para sobrellevar el dolor y sufrimiento de la actividad y, sobre todo, en las circunstancias en las que se ejerce: bajo coacción, presión e incluso aguantando maltrato de los clientes".

La calle, según los estudios oficiales presentados ante la comisión especial del Congreso de los Diputados, es el lugar en el que las relaciones son más visibles. Pero ¿qué tipo de clientes tienen los clubes y cuáles los pisos? "Es el mismo perfil: la diferencia más significativa es que quien acude a pisos suele ir de forma individual y busca con gran celo cierta discreción y quien acude a clubes suele ir en grupo y no está tan preocupado por ser discreto. Las características del putero español respecto a otros es más bien una cuestión cuantitativa, porque acudir a la prostitución es más habitual que la media europea".

Por si alguno tiene curiosidad, las mujeres que tratan con ellos dicen que su actitud o los servicios que solicitan no se diferencian de lo que piden los alemanes o los franceses. Vamos, que es cuestión de cantidad.

El libro 'El putero español' es el fruto de la investigación financiada por el Instituto de la Mujer y se ha publicado en la editorial Catarata. Sus autoras insisten en que se quieren abrir el debate, terminar con la legalización del proxenetismo que solo beneficia a las mafias y mirar al cliente, abrir la reflexión sobre este hecho.

"Queremos señalar que vivimos en una cultura afectivo sexual anémica y con muchas carencias, con una educación sexual inexistente y una socialización erótica solo basada en la pornografía, por lo que el resultado es este consumo masivo de prostitución, hasta entre la población más joven, educada supuestamente de forma no sexista, pero que también participa en este consumo".

Otro objetivo: "Queremos invitar a que las personas observen la contradicción que este fenómeno produce entre el dramatismo con que las mujeres viven su situación y el ocio y banalidad con que lo viven los clientes".

 

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