Las hijas olvidadas de 'Neskatxa Maite'

Jeni Prieto, Silvia San Miguel, Carmen San Esteban y Blanca Sanz, entrevistadas en el libro, con la autora./
Jeni Prieto, Silvia San Miguel, Carmen San Esteban y Blanca Sanz, entrevistadas en el libro, con la autora.

Hay mujeres relacionadas con la escena musical que han sido en Euskadi pioneras aunque no siempre reconocidas. Cantantes, instrumentistas, profesoras, mánagers, programadoras, fotógrafas, pinchadiscos, periodistas, compositoras, fanzineras, coralistas, disqueras, productoras, fans, txarangueras... Ya es hora de recordarlas

ITSASO ÁLVAREZ

Hay una anécdota sobre la canción de Benito Lertxundi 'Nere herriko neskatxa maite' (amada muchacha de mi pueblo), una tonada plagada de sentimiento, que la periodista Elena López Aguirre recuerda en su último libro. "Cuando él la compuso, no las tenía todas consigo. Pensaba que aquella melodía que le venía continuamente a la cabeza debía de ser de alguien, y por eso preguntaba a todos sus amigos si la conocían, hasta que tuvo que llegar a la gozosa conclusión de que era suya", evoca. A pesar de los años que tiene, muchos aficionados a la música vasca piensan que la del oriotarra sigue siendo la melodía más bonita que se ha compuesto en euskera. Elena López Aguirre, creadora junto con Pedro Espinosa de la editorial Ediciones Aianai, y autora asimismo de algunos libros básicos del periodismo musical vasco, ha elaborado ahora un minucioso trabajo que repasa las apasionantes biografías de mujeres relacionadas con la música en Euskadi y que han sido pioneras, luchadoras y valientes y no siempre reconocidas "para conocer, y en la medida que cada uno quiera, aprender de lo hecho en las últimas décadas de una escena vasca que ha cambiado de manera radical desde los años 60 hasta hoy".

Por las páginas del texto desfilan en alegre kalejira cantantes, instrumentistas, profesoras, mánagers, programadoras, fotógrafas, pinchadiscos, periodistas, compositoras, fanzineras, coralistas, disqueras, productoras, fans, txarangueras... "No son los grandes nombres evidentes de la música vasca. Busqué en ambientes diversos, no sólo del rock o del folk, sino también de la música clásica y contemporánea, de los conservatorios, de las escuelas municipales de música, de las discográficas, de las tiendas de discos, de diferentes edades. Para llegar a 25 mujeres, no hice una selección, hice una elección. Porque de hecho muchas no querían ser entrevistadas, consideraban que no tenían méritos, ¿por qué ellas?, me decían. Descarté de antemano una serie de nombres pensando que no necesitaban más aclaraciones sobre sus carreras, profusamente documentadas en la red, en la prensa o en otros libros. Unas están en activo, pero para otras la música fue un grano en su curriculum y ya no lo están. Pero no me interesaba sólo la música, me interesaba la persona y su trayectoria. Lo que buscaba por encima de todo era el relato de una lucha, no necesariamente de un triunfo. Que hubieran trabajado mucho, que hubieran hecho muchos bolos, que tuvieran muchos kilómetros de furgoneta, muchas horas de enseñanza y estudio en sus meninges. Pienso que todas estas, en mayor o menor medida, lo han hecho. Algunas me han dicho que llevan 50 años en esto pero que sólo tienen ocho cotizados en la Seguridad Social. El menosprecio y el desdén que ha habido y hay hacia los músicos es doloroso, explica Elena López Aguirre.

Entre otros, la escritora recuerda los casos de las bilbaínas Elene Sustatxa y Elena Bezanilla, que fundaron a mediados de los 80 el dúo Tarratada, más conocido como Trikipunk. La primera ha trabajado en los últimos años como profesora de ESO tras licenciarse en Filología Inglesa y ahora su acordeón "coge telarañas". Por su parte, Bezanilla vive más volcada en el teatro y trabaja como militante de base en SOS Racismo. Pero "todas les debemos mucho porque son de esas esforzadas pioneras que abren caminos. Mujeres salvajes, inteligentes, soñadoras, atrevidas, provocadoras, valientes, risueñas, trabajadoras, que articularon lenguajes rabiosamente actuales para que las de entonces, años 70 y 80, nombraran ese mundo nuevo de liberación que desconocíamos". '25 mujeres de la música vasca que no deberíamos olvidar' (Ediciones Aianai, 18 euros) también recupera las vivencias de otra bilbaína, Irantzu Silva, integrante de la orquesta de baile Laket, y de la pianista y compositora Silvia San Miguel, hoy profesora de combos en la escuela Luis Aramburu de Vitoria. Menciona incluso a la excantante y exguitarrista del trío femenino Ortopedia Ocular, Patricia Peñeñori Alfonso, que en la actualidad trabaja en una emisora de radio andaluza, tras dirigir un hotel y trabajar en unas pistas de sky en Andorra.

Y no se olvida de Reyes Torío, fundadora de Dinamita Pa los Pollos junto al guitarrista Roberto Mata. "No tenía ni idea de que aquella majarada suya, que se fue perfilando a golpe de ensayo-fiesta, terminaría por auparse a los primeros puestos de las listas de ventas, en un frenesí de conciertos y popularidad". Torío se convertiría después en una de las pocas pinchadiscos de España a principios de los 80, y en la única productora de su generación a través del prolífico sello Al.leluia Records. Años después, desengañada, abandonó la música, se hizo diseñadora de ropa, llegó a tener tres tiendas en Barcelona, se pasó al mundo de la consultoría y organizó en la Ciudad Condal un concurso estatal de grupos de solo de mujeres, 'Reina', al que se presentaron más de cien bandas. "De estas bandas estupendas que ganaron y que eran chicas jovencitas haciendo cosas maravillosas no ha pasado nada. No estamos mucho mejor en el 2014 que en el 64", reflexiona la propia Reyes Torío en el libro.

Elena López Aguirre ha contactado asimismo con la gasteiztarra Zuriñe Gerenabarrena, autora de la música que sonó en el concierto de inauguración del Museo Guggenheim de Bilbao. Otros momentos culminantes de su carrera han sido los estrenos de 'Izarrari', en memoria de su padre, por la Orquesta Sinfónica de Euskadi, y de 'Haizorratz', a cargo de la Bilbao Orkestra Sinfonikoa, además del estreno de la ópera electrónica 'Despertar a la vida es sueño'. La compositora aporta una interesante reflexión: "Todos deberíamos saber leer y escribir música. Es parte de la alfabetización. Si tú sabes leer, elegirás el estilo; si escuchas atentamente, tienes referencias que te ayudan, que te impulsan, crecerás; pero si desconoces casi todo, te pierdes un montón de cosas". Huyendo del pregunta/respuesta, la autora ofreció a las participantes la posibilidad de corregir los textos, para que quedaran como autorretratos. Cuenta Elena que alguna llegó a borrar hasta la mitad de sus declaraciones; otra incluso terminó negándose a aparecer en el libro.

 

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