El Correo

"Con 300 euros de sueldo eres un privilegiado"

Ramón posa ante el edificio de la Fiscalía General en el centro de Pristina.
Ramón posa ante el edificio de la Fiscalía General en el centro de Pristina. / E. C.
  • Ramón Palomino. Asesor del Consejo de Fiscales de Kosovo

  • "Aquí no puedes subir al coche y plantarte donde quieras", asegura este vizcaíno que participa en una misión civil de la UE por la integración del país balcánico

Imagínate que coges el coche para conducir kilómetros y llegas a un punto que no te dejan pasar. Una frontera. Es lo que les ocurre a los habitantes de Kosovo que, salvo a cuatro países fronterizos -Albania, Turquía, Macedonia y Montenegro-, al resto de lugares tienen que ir en avión. Y coger más de uno. Hasta tres coge Ramón Palomino cada vez que regresa a Bilbao a ver a su familia. Cada cuatros semanas, una intenta volver a casa para estar cerca de su mujer y sus dos hijos. Lleva año y medio en los Balcanes como asesor del Consejo de Fiscales de Kosovo. Un territorio en disputa.

Su vida siempre ha estado marcada por la Justicia. Eso sí antes de arrancar su andadura profesional, cursó tercero de BUP en Virginia. Un año que fue decisivo para conseguir un inglés fluido, un idioma que le ha sido vital en su nueva etapa en el extranjero. A su regreso de EE UU, este vizcaíno se matriculó para cursar la carrera de Derecho. Su primera experiencia profesional fue montar un despacho de abogacía junto a una amiga, tarea a la que dedicó 4 años.

Aunque no tenía especial interés, Palomino solicitó en unas listas para fiscal en Santander y San Sebastián. Fue seleccionado y «lo que empezó para unos meses se prolongó a un año», recuerda. Probó la otra cara de la Justicia. Con una gran experiencia en Derecho Penal, cubrió la sustitución como secretario judicial en el Registro Civil entre Bilbao, Gernika, Azpeitia y Vitoria. Cuatro años más que posicionaron muy bien su currículo. Había tocado todos los palos de la Administración de Justicia.

Y su última incursión profesional en Euskadi fue como asesor técnico del Gobierno vasco en temas de organización judicial. Una vida laboral y personal que dio un giro radical hace año y medio. «Quería coger experiencia internacional y me llegó la oportunidad de ir a los Balcanes. Por casualidad, una conocida me habló de la misión EULEX en Kosovo, para apoyar su camino hacia una mayor integración europea en el ámbito del Estado de Derecho». La solicitó, pasó la entrevista y en cuanto hubo una vacante fue trasladado a Pristina.

Aterrizó un domingo 23 de junio, «nunca olvidaré ese día», apostilla. Llegó de noche sin conocer a nadie y al día siguiente ya se incorporó a su puesto de trabajo. «Lo desconocido genera miedo. El hecho de dejar la familia atrás y venir solo hay que pasarlo». La mayoría de sus compañeros tienen experiencia internacional, pero para este vasco era su primera vez. «Nunca había tenido que buscar un piso como ha ocurrido aquí. Me empezaron a aconsejar que tuviera depósito de agua y generador eléctrico, porque en invierno suele haber cortes».

En la primera mudanza no acertó, pero a la segunda fue la vencida y ya está más adaptado en su nueva casa. En su día a día laboral, lleva a cabo las funciones asignadas al asesor del Consejo de Fiscales de Kosovo. Entre sus obligaciones está ir de un lado para otro porque asesora a un consejo de nueve miembros, uno de ellos el fiscal general. También se relaciona con organismos internacionales, la embajada americana... «Tengo infinidad de reuniones para tratar reglamentos, leyes... La misión tiene como objetivo fortalecer el Estado de Derecho en un país en conflicto, y acompañarles en los pasos que deben dar para acceder a la Unión Europea», explica.

«La religión marca la etnia»

La experiencia profesional está siendo «única» para Palomino, pero «el coste personal es muy alto porque echo mucho de menos a mi familia». Pero no todo el mundo tiene la opción de formar parte de la mayor misión civil de la UE, así como influir con sus decisiones en el futuro de los kosovares. Un territorio en discordia que se divide en Mitrovica, el norte de Kosovo. Por ahí pasa el río Ibar, que parte la ciudad en dos: la zona serbia al norte y la albanesa al sur. «En el sur sólo quedan pequeños enclaves serbios, que son como una carretera que lleva a un sitio de repente».

Para que se entienda todos se sienten kosovares, pero una parte son de etnia albanesa y la otra, serbia. «No es un conflicto religioso, pero la religión marca la etnia». Y la relación entre ambos «no existe». La guerra aún pesa en el pueblo kosovar a pesar de haber pasado 15 años, «porque todo el mundo conoce a alguien que murió o desapareció entonces». Quedan rescoldos de ese conflicto bélico porque Kosovo se está haciendo poco a poco. Uno de los objetivos de EULEX es el proceso de liberación de visados. «No puedes coger el coche y plantarte donde quieras, aquí las fronteras son algo natural».

Los jóvenes kosovares no lo tienen fácil para salir fuera y la tasa de paro en su país duplica la de España. «Saber dos idiomas para ellos supone un trabajo en un restaurante. Un extranjero es un privilegiado, porque el sueldo medio es de 300 euros». Una nómina lejos de cubrir ciertas necesidades, más en Pristina, «una burbuja» ya que en ella se concentra un mayor porcentaje de extranjeros, y el nivel de vida está adaptado a ellos. «Un café en el centro ronda el euro, la gasolina está a 1,20 el litro y la cesta de la compra no es mucho más barata que en España».

En el país -como ocurre en el resto de los Balcanes- los sueldos son bajos, las infraestructuras deficientes y la diáspora muy grande. «Todo el mundo tiene un familiar que manda dinero y regresa a casa de vacaciones». De hecho, en verano crece la población de kosovares con coches alemanes y matrículas suizas. En verano los concesionarios y las compañías de móviles lanzan campañas especiales para la diáspora.

Unos hábitos que chocan con la realidad que vivía hace apenas año y medio Palomino. Y que volverá a recuperar dentro de seis meses. Al menos eso espera. «Siempre pienso en volver. Todas las misiones tienen un principio y un final. Eso sí, el aprendizaje es brutal».