El Correo

'Ni-nis': una generación perdida en la resaca de la crisis

Un joven navega por internet desde la cama de su habitación.
Un joven navega por internet desde la cama de su habitación. / Reuters
  • Más de un 25% de jóvenes españoles ni estudia ni trabaja, según la OCDE. La extraordinaria dimensión de ese colectivo, con serias dificultades para reengancharse al mercado laboral, ha encendido todas las alarmas

Tirado en ese sofá de quinta mano de la lonja, echando una partida en bucle al Fifa, para después zapear entre 'chonis', garrulos y viceversa y repeticiones de series de vecinos. Una vuelta por el barrio, una birra (otra) y más lonja hasta hacer tiempo para la hora de dormir y esperar entre las sábanas de unos Simpsons descoloridos a que el ruido de la aspiradora o ese grito materno con soniquete de reproche le despierte. Para empezar otro día idéntico al anterior. Y otro más. Y otro más. Con levísimas variaciones, así vive uno de cada cuatro chicos de entre 15 y 29 años en España, el país que más chavales que ni estudian ni trabajan (los denominados 'ni-nis') concentra de toda la Unión Europea. Es lo que se desprende del último informe de la OCDE, ese organismo que parece empeñado en sacarle los colores al país cada cierto tiempo. No es para menos. Los datos son demoledores: cruzando las cifras de población del Instituto Nacional de Estadística (INE) a enero de 2014 de ese grupo de edad (7.262.645) con las estimaciones del informe, resultan un total de 1.873.036 almas que reciben el día, cada día, sin nada que hacer.

'Ni-nis': una generación perdida en la resaca de la crisis

En concreto, el estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico apunta que el 25,64% de los jóvenes españoles que superan los 15 años y no llegan a los 30 ni estudian ni trabajan. Es una cifra superior a la que ofrecían recientes informes. como el presentado por Asempleo y Analistas Financieros Internacionales (AFI) a comienzos de julio, que cifraba en 697.073 los 'ni-nis' españoles. En ese caso se dejaba fuera a los mayores de 25 años y el documento concluía que Euskadi es la comunidad con menos 'ni-nis' de España.

La legión de 'ni-nis' sobre la que ha puesto el acento la OCDE amenaza con convertirse en una generación perdida. Un colectivo de personas desanimadas, sin empleo y con una preparación académica tan limitada -y tan inferior a la que exigen las empresas para contratar personal- que le resultará especialmente difícil conseguirlo incluso cuando la economía enfile, por fin, la recuperación tantas veces anunciada. Son hijos de la crisis que pagan ahora la factura de su amarga resaca. En muchos casos abandonaron los estudios en pleno 'boom' de la burbuja inmobiliaria, atraídos por los miles y miles de puestos de trabajo -y en ventajosas condiciones- que ofrecía un país a quien tuviera dos manos para colocar ladrillos o hacer cemento. Cuando se derrumbó la construcción, se vieron condenados al paro y, dada su precariedad formativa, en los últimos puestos de la fila para acceder a un mercado laboral cada vez más exigente.

En comparación con el resto de los 34 países que componen la OCDE, los resultados todavía son más alarmantes. Sólo Turquía, con el 25,79%, soporta un mayor número de jóvenes sin obligaciones laborales ni académicas.

El gran problema que observan los expertos es que un gran número de 'ni-nis' (un 19%) se encuentran en el paro frente a una minoría que no hace nada por cambiar su situación. Es decir, la abrumadora mayoría quiere trabajar, buscan trabajo, pero no tiene forma de conseguirlo. Y se ven abocados a una situación de apatía que va camino de enquistarse en sus vidas. Son víctimas del abandono prematuro de los estudios para seguir los cantos de sirena de trabajos bien remunerados en pleno 'boom' de la construcción, sí. Pero no todos responden a este perfil tipo. Según la OCDE cada vez se están colando más universitarios en esta situación. Una buena parte de la generación mejor preparada de la historia de España no tiene la necesidad de quitarse el pijama en todo el día, como si estuviera padeciendo los efectos de la gran resaca de la crisis de forma permanente.

Currantes e "hijos de papá"

En las últimas décadas las familias han estrujado hasta el último céntimo para asumir las, cada vez más, elevadas tasas universitarias y todo el ingente gasto que supone mandar a la prole a la Universidad. Pero el esfuerzo no se veía como un gasto más, se trataba de toda una inversión de futuro. Merecía la pena. Pero las cosas han cambiado. "Muchos jóvenes en España tratan de tener más estudios para protegerse del desempleo, pero estos no les garantizan esta protección", reconocía Dirk Van Damme, uno de los responsables del estudio, durante la presentación del informe esta semana en Madrid. Una licenciatura ya no es la llave que abre un puesto laboral de calidad. De hecho, según las cifras del estudio, la tasa de paro de adultos españoles con estudios superiores (tanto universitarios como de Formación Profesional de grado superior) alcanza el 14%, lo que supone el triple de la media de la OCDE.

Javier Elzo, catedrático emérito de Sociología de la Universidad de Deusto, autor de diversos estudios relacionados con la juventud, distingue entre dos categorías de 'ni-nis' muy diferentes. Existe un numeroso grupo, de "unos 800.000" jóvenes, nutrido por aquellos "que salieron del sistema educativo antes de tiempo y no se han reciclado", explica. Este es, a su juicio, el colectivo el más "problemático", ya que es el que más complicado lo tiene para volver a subirse a la rueda del empleo. En una situación muy distinta se encontrarían aquellos que, en palabras del sociólogo, "viven a la sopa boba". "Son hijos de papá, no necesariamente de clase alta, que no hacen nada", apunta.

"Es muy serio que exista un grupo de la población tan importante no haya podido adquirir el hábito de buscarse la vida", reflexiona Elzo. "Hay que meter en el ADN de esos jóvenes que su trabajo es encontrar trabajo y seguir formándose", explica. Sin embargo, aunque reconoce el "impacto negativo" que para una sociedad conlleva cargar a sus espaldas una elevada tasa de jóvenes que pasan los 'lunes al sol' de forma permanente, su preocupación se centra en un perfil muy distinto. "Más grave es el caso del que tiene de 45 a 50 años, con familia a su cargo, al que le acaban de cerrar la empresa…. Ese sí tiene una difícil reconversión", apunta.