El Correo

Ajuste de memoria en la Euskadi de los últimos 60 años

La historiadora Idoia Estornés Zubizarreta
  • Idoia Estornés pone el retrovisor sobre las vicisitudes sociopolíticas del País Vasco en una época convulsa en el libro 'Cómo pudo pasarnos esto'

Hay un periodo de casi cuarenta años en España, lo que Idoia Estornés denomina 'el tiempo del silencio', en el que hubo mucho ruido, aunque no sea fácil contarlo. La historiadora, columnista y editora, una mujer de los sesenta, ha querido contar de primera mano sus vivencias en una época que marcó el devenir de Euskadi y fracturó muchas biografías. Una época de héroes y traidores, de emociones y desengaños... De 'felipes', 'troskos' y 'eladios'. Y de pistoleros. De la ETA mala y de la ETA 'buena'. "Lo pasado es un pecio esperando su momento", escribe Estornés, que analiza también el papel y la influencia de la religión, de la Iglesia, en aquella generación. La referencia al arribismo del misionero etnocultural es muy reveladora de la doctrina dominante en la época.

El próximo fin de semana firma ejemplares en la Feria del Libro de Bilbao, porque el libro -'Como pudo pasarnos esto' (erein)- ha funcionado muy bien y todavía espera nuevos lectores. Atrapar aquella época en un trabajo literario, aunque sea de 600 páginas, siempre resulta complicado. Dicen algunos teólogos que elevar a los altares a un Papa con un pontificado tan reciente -el de Juan Pablo II- tiene sus riesgos porque siempre salen a flote secretos inconfesables. En Euskadi ha salido ya casi todo, aunque siempre se intenta mirar al pasado moviendo la raya un poquito más. Idoia Estornés casi vacía su memoria al rastrear su pasado, pero su trabajo no es un ajuste de memorias -en plural-, como al que ahora se asiste en la Euskadi postETA.

Es un libro autobiográfico, una descompresión vital e intelectual, en el que se cruzan autocríticas y decepciones, pero que aporta, también, material de primera mano para acercarse a un periodo convulso, intenso. Una época en la que se mezclaba la moral con el patriotismo, la política con la épica, el compromiso con el negocio. Represión sexual, feminismo, revolución sexual, secularización, cultura identitaria...Días de vino y rosas espoleados por el 'Quousque Tandem' de Oteiza, el 'Vasconia' de Krutwig y la música de Ez Dok Amairu de Xabier Lete.

En mayo del 68 los estudiantes de Nanterre y los obreros de la periferia de París arrancaban los adoquines en el Barrio Latino y uno de sus líderes más carismáticos, Cohn Bendit, más conocido como 'Dani el Rojo', arengaba a las masas para indicarles el camino de la Revolución. Jean Paul Sartre y Marcuse quedaban lejos, en la biblioteca de la Sorbona. En Euskadi se estaba a otra cosa y aquella revolución se destiló de otra manera. El viernes 7 de julio de aquél mismo año fue la primera vez que ETA asesinó. Txabi Etxebarrieta mató al guardia civil José Angel Pardines y él mismo moriría después en un control policial. Comenzaba la espiral. Luego la violencia política lo empozoñaría todo. Héroes, heteredoxos, traidores. Desgarros. Escisiones. Silencios. Hartazgo.

El libro es un fresco de la época, a veces amable y con sentido del humor, a veces inquisitivo e implacable. Siempre cargado de intención. Desde la primera parte, en la que cuenta su infancia en Chile, hasta la última en la que evoca la actualización de la Enciclopedia Auñamendi, una iniciativa cultural digna de elogio, y sus relaciones familiares en las que transpira mucho cariño. Con frases punzantes que dan para pensar: "Los vascos vivimos zarandeados por nosotros mismos y por nuestros difuntos", escribe en un momento.

El papel y la influencia de la Iglesia

Un aspecto que llama la atención a lo largo de toda la obra es la severa crítica contra la Iglesia y contra la educación religiosa en una época en la que el peso ideológico de la Iglesia católica era muy fuerte y muy influyente. Arremete en muchas ocasiones contra el nacionalcatolicismo, contra el entente de la jerarquía con los ganadores de la Guerra Civil, pero, también, contra una casta autóctona, el clero vasco, que se manifiesta en distintos escenarios. La editorial Trea acaba de publicar un libro en su colección Piedras Angulares, 'Otra Iglesia', en el que nueve historiadores rescatan las biografías de diez clérigos españoles que no se alinearon con la sublevación ni con el régimen de Franco. Hubo excepciones.

También en Euskadi hubo un clero disidente durante la Guerra Civil y durante el franquismo. Un clero que bebió en la Teología de la Liberación, que adaptó su compromiso con Euskadi como tierra de misión. La época de Herri Gaztedi y la "absolutización religiosa". Religiosos y excuras que se convirtieron en los grandes ideólogos de partidos y sindicatos. Cuando Idoia Estornés habla de la devastación física y moral causada por la desgraciada "guerra de liberación" y de las otras víctimas, la escritora se pregunta: "¿Por qué surgió en Vasconia, un mundo de idealistas primero, y de caínes después, y no en otras Españas, tanto o más humilladas y ofendidas, con o sin lengua propia, maltrechas y pisoteadas por la autocracia?". La autora cree que parte no despreciable de ese muro de silencio tuvo que ver con lo que se suele denominar la 'Iglesia vasca'.

Y ahí entra a saco. "A partir del 79 los obispos vasconavarros pudieron hacer rancho aparte en la Conferencia Episcopal Española, encontrar una estrategia propia, que les permitiera recuperar su situación de dominio, algo difuminada en el decenio precedente. Su masa de maniobra fue el resucitado nacionalismo del PNV, más confesional y practicante que casi ningún otro electorado de España. Su tierra de promisión: el MLNV, conjunto de organizaciones políticas y sociales generadas, desde los 60, en torno a ETA y su capital político-histórico. El MLNV fue el hijo pródigo a recuperar, imbuido aún de mentalidad eclesial (dogma, intransigencia, milagro, sacrificio, antiregalismo), fácil de reconocer a través de liturgias populistas 'en vernáculo'". Luego se refiere a los "evangelizadores etnopolíticos", a los misioneros etnoculturales, algunos de los cuales bajaron de los riscos del santuario de Arantzazu, a todo un "tentacular movimiento seglar, politizado".

Estornés abunda también en el compromiso con el euskera, las ikastolas y las editoriales que surgieron al calor de un mercado que prometía, enchufadas al dinero público. "La lengua se había convertido en un negocio, en el único negocio", rememora la escritora sobre el momento en el que descubrió de manera desagradable lo que denomina el "patriotismo alimenticio". Ya no había nada sagrado, ni siquiera el euskera. "Nada podía parar a las huestes de Arantzazu, alentadas por el MLNV, sostenidas por la diocesana Federación de ikastolas y el espectro más etnicista del PNV".

Por supuesto, el libro aborda muchos episodios y ofrece la evolución que ha experimentado su autora, hija de una familia nacionalista que marcha al exilio en Chile, donde ella ve su primera luz. El regreso se produce en 1958, primero en Navarra, "el Macondo de la familia", y luego en Gipuzkoa, a mediados de los sesenta. En Euskadi desarrolla una intensa vida sociocultural, muy comprometida con el país, una militancia sindical-política (ELA Berri), feminista y una fértil actividad en la Enciclopedia Auñamendi. Luego llegan los desgarros y las decepciones. El itinerario vital y público no tiene voluntad compendiadora, está cargado de matices. "El libro es fruto de un rastreo retrospectivo y de un cruce de voces destinado a dotarlo de perspectivas y contrastes". Lo ha escrito la autora. El pasado siempre vuelve. 'J’attendrai toujours ton retour'. Un libro que merece la pena leer.