«Siempre hemos sido los malos de la película»

Vicente Fernández muestra las fotos que tenía en la oficina de Zorrozaurre./Pedro Urresti
Vicente Fernández muestra las fotos que tenía en la oficina de Zorrozaurre. / Pedro Urresti

Vicente Fernández, jefe del cuero de grúas de Bilbao, lleva más de 25 años al pie del cañón

S. LLAMAS

Vicente Fernández, el jefe del cuerpo de grúas de Bilbao con más de un cuarto de siglo de trayectoria a sus espaldas, tiene una pared con fotografías y recortes de prensa en su oficina. Allí cuelgan los recuerdos más estrambóticos de su profesión, como la instantánea de un gigantesco Hummer, el mismo vehículo que utiliza el Ejército, trasladado hace unos cuatro años. «Tardamos dos horas en cogerlo y el propietario, que era un fotógrafo argentino de National Geographic, nos contaba que había estado por toda Europa y nunca habían sido de llevárselo. Le dijimos que es que somos de Bilbao», rememora con una sonrisa.

No ha sido la única 'hazaña' del cuerpo. También retiraron «una caravana gigantesca de unos hippies nómadas» gracias al trabajo conjunto de varios gruistas. «Tuvo que escoltarnos la Policía Municipal por lo largo que era el vehículo», advierte. Entre sus fotografías figura un coche de competición retirado durante la World Series del 2005 «que se pegó un leñazo en la Gran Vía» y hasta dos burros que en 2010 aparecieron sueltos por San Adrián. Entonces los trasladaron hasta una finca cercana al matadero mientras se identificaba a sus dueños. Les llevaron atados con una cuerda en la parte trasera circulando, literalmente, a paso de burra.

«Nosotros siempre hemos sido los malos de la película. Dentro del organigrama del Ayuntamiento somos los que estamos tocándole el bolsillo al contribuyente», lamenta Fernández. Al margen de las sanciones, el traslado al depósito le cuesta al propietario 120 euros; 60 el desenganche si aún no lo han llegado a mover.

«Mismo trato»

En su carrera le ha tocado lidiar con vehículos que han aparecido en mitad de los jardines del parque de Etxebarria o en la fuente de Zabalburu. También con las antiguas alarmas que acompañaban sus viajes con toques de bocina durante todo el trayecto hasta el depósito. Él también tuvo que apechugar con el traslado al depósito actual en Zorrozaurre, desde las instalaciones anteriores en Uribitarte. Eso sí, su filosofía no cambia. Ya sea un Tesla de 240.000 euros o un viejo Seat 127, «a todos se les da el mismo trato». «Todo coche se cuida», promete.