«Siempre pensé que la OTA es un robo, pero ahora entiendo lo necesario que es en Bilbao»

«Siempre pensé que la OTA es un robo, pero ahora entiendo lo necesario que es en Bilbao»
JORDI ALEMANY

La OTA retoma su servicio tras un mes de estacionamiento gratuito en Bilbao

XABIER GARMENDIA

A la espera de que la vuelta al cole dé el arreón definitivo, el primer día laborable de septiembre trajo ayer consigo el regreso de cierta normalidad a Bilbao. Aunque algunos bares, tiendas y oficinas siguen sin funcionar a pleno rendimiento, las fechas sí se dejaron notar a pie de calle; concretamente, al bajar el bordillo de la acera. Tras un mes sin servicio de OTA, quienes ayer aparcaron en la vía pública debieron rascarse un poco el bolsillo, aunque encontraron sitio con mayor rapidez. La medida del Ayuntamiento, que perseguía darle un empujón al comercio en plena temporada estival, acabó con sensaciones encontradas entre los usuarios: hay quienes agradecen no haber tenido que pagar durante unas semanas, pero la mayoría cuestiona la idea e incluso acusan al Consistorio de «provocar el caos».

Para residentes como Alberto Martínez, la iniciativa veraniega ha cambiado su concepción sobre el pago por estacionar en la calle. «Siempre había pensado que era un robo, pero ahora he entendido lo necesario que es. No hay derecho a que se genere un problema tan innecesario a la ligera», critica. En su opinión, el Ayuntamiento está poniendo cada vez más palos en las ruedas de los conductores para «expulsarlos» de la ciudad: «Quieren que aquí no quede ni un coche. En vez de peatonalizar calles y poner aceras de 9 metros, deberían dejar de hacerles la vida imposible a los conductores». En una línea similar se pronuncia Ainhoa Ortiz de Zárate, una vitoriana que se desplaza a diario a la capital vizcaína en coche y no se ha librado de trabajar en agosto. «Ha sido un descontrol. Varios días he tenido que meterme en un aparcamiento porque no podía esperar más. Quien se piense que entrar a un parking en Bilbao en agosto es lógico, que se lo haga mirar», zanja.

Entre los que trabajan moviéndose de aquí para allá hacen otro balance. Comerciales como Pedro Martínez se congratulan de haberse ahorrado «unos cuantos duros». Aunque ha estado de vacaciones la mayor parte del mes, afirma no haber observado tal embrollo de coches: «Entiendo que el que vive en el portal número 10 quiera aparcar como muy lejos en el 8, pero todo no puede ser. No ha sido para tanto». De hecho, para este vecino de Castro Urdiales, la medida ha sido todo un reclamo para visitar Bilbao durante las fiestas. «Hubo un día que estaba aquí y decidí quedarme a comer con mi familia porque no había que pagar la OTA. Esa decisión, que puede parecer una tontería, hizo que nos gastáramos 30 euros en un restaurante, así que es obvio que el efecto es positivo», explica.

En cambio, no todos los comerciantes avalan esa tesis. Para la mayoría de establecimientos consultados, la decisión, aunque «interesante», no se ha traducido en beneficios significativos. «Si ha habido más gente es porque han venido más turistas, no por la OTA», justifica Ana Álvarez, camarera del bar La Roca en la calle Ercilla, justo enfrente de una hilera de coches estacionados.

Un tema de conversación

Durante el mes, el asunto ha generado numerosas conversaciones en las barras de los bares. José Manuel Pérez, encargado del Soka, en Ajuriaguerra, cuenta que la medida ha sido especialmente bien recibida entre los visitantes: «Llegaban muchos que se sorprendían porque al final estamos acostumbrados a pagar por todos». Sin embargo, según dice, la mayoría de los vecinos reclamaba que el Ayuntamiento les devuelva la parte proporcional del pago de sus tarjetas de residente.

Las quejas de los usuarios también han llegado a los oídos de los propios vigilantes. «He vuelto hoy -por ayer- y se nota que la gente está muy quemada», afirma una trabajadora que controla las calles de Abando. Bajo su punto de vista, la decisión «no cumple con la función básica de la OTA, que es la rotación de vehículos. Si tú quitas el pago, permites que un coche esté en el mismo sitio durante todo el tiempo que quiera, así que es contraproducente. Creo que el Ayuntamiento se lo pensará mejor», explica. Por el momento, el Consistorio recopila datos para estudiar su efectividad y decidir si repite o no la medida el año que viene.

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