Los radares vizcaínos imponen una multa cada menos de cinco minutos

Un motociclista circula junto al radar de Derio, el que más infracciones registra al cabo del año. /jordi alemany
Un motociclista circula junto al radar de Derio, el que más infracciones registra al cabo del año. / jordi alemany

Las infracciones por exceso de velocidad se han elevado un 12,3% en un solo año pese al drástico descenso de muertos en carretera

XABIER GARMENDIA

Son solo 4 minutos y 55 segundos. Si lo aplicamos a la vida cotidiana, apenas da tiempo a que el agua de la cazuela entre en ebullición, a ver unos quince anuncios de publicidad en la televisión o a realizar un trayecto en metro desde San Mamés hasta el Casco Viejo. En definitiva, muy poco. Pero en ese mismo lapso, los radares de tráfico multan de media a un conductor en las carreteras vizcaínas. Los cinemómetros registraron el año pasado 106.727 casos de exceso de velocidad, lo que supone un incremento del 12,3% respecto al ejercicio anterior. La tendencia al alza es sorprendente si se contrasta con otras estadísticas al volante; sobre todo, con el saldo de fallecidos, que descendió drásticamente de 21 a 8.

La red viaria vizcaína cuenta con un total de 34 radares fijos, más de la mitad de ellos en la A-8. Sin embargo, la máquina que más multas impone al cabo del año no está en esa vía, sino en la N-633, es decir, la que sirve como acceso al aeropuerto de Loiu. En concreto, está situado en el kilómetro 10,2 sentido Bilbao, a la altura del seminario de Derio. «No significa necesariamente que sea el que más sanciona en proporción porque habría que tener en cuenta el número de vehículos que transita por cada vía», precisan fuentes del Departamento de Tráfico del Gobierno vasco. Solamente esta máquina tramitó un total de 16.410 denuncias durante el año pasado; de media, una cada media hora aproximadamente.

Aunque el ascenso del número de multas es considerable en un solo año, los expertos del sector no creen que se deba específicamente a prácticas más temerarias por parte de los conductores. «Existen muchos otros factores que se deben tener en cuenta. Por ejemplo, la colocación y el límite de velocidad de cada uno de esos radares», explica Mario García, responsable de Comunicación del Real Automóvil Club Vasco Navarro (RACVN). También entran en juego las campañas que realizan tanto las autoridades como otras organizaciones del sector. «Cuando hay una, la persona reacciona inmediatamente por miedo a la sanción, pero cuando ya se pasa esa alerta coyuntural, se olvida hasta que vemos el 'flashazo' por el retrovisor», asegura.

Cambio del perfil joven

Según los estudios del propio RACVN, el perfil del conductor temerario ya está dejando de responder a ese «hombre joven con un coche deportivo». De hecho, han advertido que las nuevas generaciones están incluso más interesadas en tener un buen teléfono móvil que un buen vehículo. «Tampoco hay una diferencia crucial en términos de género. Ni las mujeres son más torpes ni los hombres más agresivos. Lo cierto es que hay tantos perfiles como conductores», resume García. Lo que está claro, y así lo subrayan en Tráfico, es que los radares «no discriminan en función de género, edad o tipo de vehículo. Son máquinas».

En cualquier caso, no todos los excesos de velocidad captados por los cinemómetros son homogéneos. Influye fundamentalmente el límite establecido y lo que se sobrepasa. «La proporción matemática es la misma si vas a 45 en una zona de 30 que si lo haces a 180 en una de 120. El porcentaje es exactamente igual, pero, claro, no estamos hablando de casos comparables. Quien va a 180 no es porque se le haya escapado el pie sin querer», ejemplifica García. Además, argumenta que hay determinadas zonas en las que la intuición del conductor puede fallar y acarrear multas. «Hay uno en San Sebastián, en una recta grande de dos carriles, que está limitado a 40 porque cerca hay un hospital. Si no conoces ese detalle, inconscientemente seguro que te vas a pasar», dice.

Hay que ser más cuidadosos, argumenta, porque todo apunta a que en el futuro habrá más radares. «Es muy posible que su uso se generalice aún más. Sus costes de instalación se amortizan muy rápido y van a ir a menos, por lo que será más fácil todavía. Hay que dejar de pensar eso de que 'a mí no me van a pillar'», zanja.

Las cifras

106.727
denuncias tramitaron los 34 cinemómetros fijos que hay en toda la red viaria vizcaína.
5,8
millones de euros recaudó Tráfico gracias a esas sanciones. 44 de cada 100, con radares móviles.

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