«Nos quitamos el correaje y fuimos a salvarle porque flotaba boca abajo»

Haritz y Felipe, orgullosos después del rescate./BORJA AGUDO
Haritz y Felipe, orgullosos después del rescate. / BORJA AGUDO

Dos policías municipales de Barakaldo se lanzan al río Galindo para rescatar a un anciano de 84 años que se ahogaba inconsciente

Ainhoa De las Heras
AINHOA DE LAS HERAS

«Nos han avisado por emisora de forma urgente a todas las patrullas porque había una persona flotando en el río Galindo. Estábamos cerca, en San Vicente, así que tardamos apenas un minuto y medio en llegar». Haritz y Felipe, dos agentes de la Policía Municipal de Barakaldo, nunca habían patrullado juntos antes, pero ha quedado claro que forman un buen equipo. Por necesidades del servicio en estas fechas en las que gran parte de la plantilla se encuentra de vacaciones, ayer cambiaron sus puestos habituales en la Unidad Operativa Especial y la Unidad de Barrio, por otros en Seguridad Ciudadana.

Una persona que se encontraba en la orilla les hizo señas para indicarles dónde se encontraba el hombre, junto al depósito de vehículos, según informó ayer el Ayuntamiento de Barakaldo. «Estaba flotando boca abajo, inconsciente». Se estaba ahogando y cada segundo podía resultar vital. Sin pensarlo dos veces y ni siquiera intercambiar una palabra entre ellos, los dos policías locales, que llevan entre 11 y 15 años de servicio, se lanzaron al rescate.

«Empezó a respirar»

«Nos quitamos el correaje y nos metimos al agua». Sólo se desprendieron del cinturón en el que llevan el arma reglamentaria, los grilletes y la porra. Se metieron al agua incluso con las botas. No había tiempo que perder. «El agua nos llegaba por el pecho y hacíamos pie», recuerda Haritz. «Pesaba bastante, así que entre los dos y con la ayuda de otras personas que se acercaron conseguimos sacarle del agua», explicaban ayer orgullosos después del rescate, justo antes de que tuvieran que salir corriendo de nuevo para intervenir en una pelea. Fue una tarde intensa.

Una vez que el hombre estaba ya tumbado en la orilla, comprobaron que se trataba de un anciano. Posteriormente supieron que tenía 84 años y vivía por la zona, «a unos diez minutos andando de allí». Sospechan que «salió a pasear. Igual se acercó al agua a orinar y le dio un mareo o se resbaló», aventuran. Con los conocimientos básicos de socorrismo que recibieron en la academia y algún curso de reciclaje, los agentes se pusieron a practicarle la reanimación cardiopulmonar. «Después de unos cinco minutos, cuando el hombre ya había sacado todo el agua que había tragado, empezó a respirar y le fue aumentando la temperatura corporal». Estaba vivo.

Compañeros de otras patrullas de la Policía Municipal, de la Ertzaintza e incluso una dotación de los Bomberos se les unieron. Poco después, llegó una UVI móvil, que trasladó al anciano hasta el hospital de Cruces. Los policías tenían intención de interesarse por su estado, aunque en el momento de la entrevista aún no lo sabían.

Haritz practicó también la RCP a la víctima del crimen del Megapark, el 1 de mayo de 2012 en Barakaldo. Entonces tuvo menos suerte y el hombre murió. Había recibido golpes y una patada después de recriminar a un joven que discutiera con su novia.

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