«Saqué la pistola para ayudar a una chica a la que estaban dando una paliza»

Mitxel pide que se revise la cámara de seguridad para probar que ayudaba a una chica./Pedro Urresti
Mitxel pide que se revise la cámara de seguridad para probar que ayudaba a una chica. / Pedro Urresti

El vecino de Bilbao que salió a la calle con un arma de fogueo después de que le robaran se enfrenta a una sanción administrativa

David S. Olabarri
DAVID S. OLABARRI

«Yo sólo quería que los que me habían robado no se escaparan. No pensaba sacar la pistola, pero luego vi la paliza que le estaban dando a esa chica y tuve que actuar». Mitxel V., vecino de Bilbao de 69 años, justifica de esta manera lo que ocurrió hace unas semanas en la calle José María Olabarri, en la parte de atrás de la estación de Abando. Unos incidentes que terminaron cuando la Ertzaintza redujo y esposó a este maquinista jubilado ante la sospecha de que podía estar portando un arma real. «Lo peor es que era yo el que estaba esperando a que llegase la Policía. Los vecinos no podemos más con esta situación», afirma.

Mitxel V. se puso en contacto con este periódico con motivo de la publicación el jueves del reportaje en el que se hacía referencia a las quejas de los vecinos de esta céntrica calle de la capital vizcaína, que denuncian la degradación que está sufriendo la plaza, sobre todo en el último año y medio. Según dicen, la zona en la que viven se ha convertido en un punto de encuentro para jóvenes en riesgo de exclusión que vienen en tren desde distintos puntos de Bizkaia y en el que se registran robos, asaltos y peleas con «demasiada» frecuencia.

«Sólo les dije 'quietos ahí'. De pronto apareció la Ertzaintza. Me tiraron y me pisaron en el suelo» Mitxel - vecino de Bilbao

En la información se hacía referencia al incidente que protagonizó Mitxel el pasado 19 de julio, un suceso que muchos vecinos de la calle José María Olabarri relacionan con el «hastío» y el «miedo» que muchos de ellos sufren por los continuos altercados que se producen en la zona. Este jubilado afirma que no tenía intención de esgrimir la pistola de fogueo, que sólo lo hizo cuando vio a cuatro jóvenes dar una paliza a una adolescente. «Sólo les dije 'quietos ahí'. Y empezaron a correr. De pronto aparecieron cuatro patrullas de la Ertzaintza, que me tumbaron, me esposaron y me pisaron hasta que comprobaron que el arma no era real y que yo les había llamado antes. Luego me pidieron disculpas. Pero desde entonces tengo unas costillas hundidas», dice.

'Regate de Ronaldinho'

Todo empezó -afirma- cuando le robaron su teléfono móvil. Fue un grupo de «menores extranjeros no acompañados», que le hicieron una variante de lo que se denomina el 'regate de Ronaldinho'. Un chico se le acercó para pedirle un cigarro. Él le dijo que 'no' y este se lo quitó de la boca y empezó a correr. Otro de los chicos se le acercó entonces y trató de calmarle. «Hasta me ofreció un cigarro. Pero cuando llegué a casa me di cuenta de que me había robado el teléfono», relata. Mitxel volvió a la calle y llamó a la Ertzaintza. Aquel incidente se saldó con la detención de un chico, pero no era ninguno de los que le había robado.

Dos días después, su pareja le avisó de que los jóvenes que se habían llevado su móvil estaban otra vez en la plaza. Fue entonces cuando subió a casa y bajó con la pistola. Dice que llamó a la Ertzaintza y que fue a buscar al guarda de la estación. Pero que se vio en la obligación de sacar el arma cuando vio que estaban agrediendo a una chica.

Los agentes le requisaron la pistola. Ahora se enfrenta a una sanción que, en función de las circunstancias, podría superar los 600 euros. Mitxel pide que se revisen las cámaras de seguridad de la estación para que se pueda comprobar que él sólo quería ayudar. «No fue un día de furia. Nunca había sacado la pistola, pero es que no quería que los que me habían robado se escapasen».