Plan de pensiones y 15 días de descanso para los 17.491 vizcaínos que cuidan de un familiar

Plan de pensiones y 15 días de descanso para los 17.491 vizcaínos que cuidan de un familiar

La Diputación presenta un plan que «sitúa a Bizkaia a la vanguardia social europea» y que también incluye un curso de formación homologado

JESÚS J. HERNÁNDEZ

Resulta inevitable. Llegará el día en que nuestras dos manos no serán suficientes. La dependencia está en la hoja de ruta de todos los que gozan de esa suerte extraña de los longevos. Es en ese delicado momento cuando surgen héroes cotidianos, sin capa. Los que limpian donde nadie quiere mirar y curan donde más duele, los que devuelven la dignidad a sus mayores. Sólo en Bizkaia, la Diputación tiene contabilizados a 17.491 personas que han dado ese valiente y silencioso paso al frente con sus familiares.

El diputado general, Unai Rementeria, había convertido en un reto personal la mejora de la situación de estos vizcaínos. «Es de justicia», señaló en la presentación de un ambicioso plan que lleva el lema 'Tú cuidas de las personas, Bizkaia cuida de ti' y que situará al territorio «en la vanguardia social europea». El 'Estatuto de las Personas Cuidadoras', «un compromiso del mandato», está inspirado en la experiencia finlandesa, pero es algo inédito en los países mediterráneos. Con una inversión anual de 3,7 millones de euros, supondrá una revolución de puertas adentro.

Desde el punto de vista económico, contempla un plan de pensiones para los cuidadores menores de 65 años. De forma voluntaria, la Administración vizcaína aportará a este fondo entre 15 y 20 euros al mes, los mismos que tendrá que poner cada beneficiario. La fórmula, similar a una EPSV, entrará en vigor el 1 de enero de 2019. Se trata de reconocer el trabajo abnegado de los cuidadores y «así ayudar a que coticen y ahorren para su jubilación», según el mandatario vizcaíno, que reclamó «al Estado su inclusión en la Seguridad Social».

Radiografía de los cuidadores

61
años es la edad media de los cuidadores en Bizkaia. De los 17.491, hay 10.972 que tienen menos de 65 años. El 35% son varones y el 65% mujeres.
41,55%
son hijos de las personas dependientes. Los cónyuges son el 31,32%, los padres el 16,68%, los hermanos el 3,64% y otros familiares el 6,71%.
63,1%
de los menores de 65 años no trabaja actualmente. El 27,2% sí tiene un empleo remunerado. El 9% de los cuidadores nunca ha cotizado.

El descanso es el segundo pilar de la iniciativa. Un cuidador trabaja 24 horas, todos los días del año. Acude al rescate de «su aita, su ama o su hijo con discapacidad» siempre que escucha su llamada o presiente que hace falta. Seis de cada diez, según las encuestas de Acción Social, no tienen a otra personas que les releve en los momentos de frustración o que alivie su carga permitiéndoles tomar un café o dar un paseo. A partir de ahora, si lo desean, podrán dejar quince días al familiar dependiente en una residencia. Ese mes deberán contribuir económicamente renunciando a la ayuda que les entrega el ente foral, que asciende a 180 euros para el grado I y hasta 520 euros para los grados II y III. A diferencia de los programas de respiro actuales, que son voluntarios, esta medida será obligatoria para todas las residencias, si bien la estancia en uno u otro centro dependerá de las plazas disponibles.

De las demás medidas destaca la creación de la figura del coordinador del caso, un funcionario de referencia para no tener que contar mil veces una historia personal que nunca es fácil. Esto empezará en breve con un plan piloto en la zona de Durango, donde se calcula que hay 1.557 cuidadores. Además, desde septiembre se ofrecerá a este colectivo formación homologada. En 'Zaintza Eskola' aprenderán los principales aspectos de este trabajo, cosas como la ergonomía para evitar lesiones o la gestión de las últimas voluntades. También dispondrán de información de todos los servicios disponibles, desde ayudas para comprar una cama articulada, una grúa o dónde hacerse con una silla de ruedas. Mientras ellos se forman, los dependientes estarán cuidados por profesionales en centros de día. Al acabar, recibirán «un título homologable» que mejorará sus posibilidades de encontrar un puesto de trabajo. Y es que algún día su ayuda no será necesaria. No habrá otra que reconducir su vida.

Más mujeres e hijas

Son pocos los requisitos para recibir las ayudas forales: ser mayor de edad, encargarse de la atención de un familiar con el que se mantenga hasta un tercer grado de consanguinidad y acreditar que se convive con él. La Diputación se abre a algunas excepciones para aquellos que, sin esos lazos de proximidad, puedan acreditar una convivencia conjunta de más de 5 años.

El 65% de los 17.491 familiares son mujeres, fundamentalmente hijas de los dependientes, pero también cónyuges y padres. Aunque es habitual que no puedan compatibilizar su misión con un empleo, el 27,2% que lo logra tendrá los mismos derechos. Cuando la fragilidad se hace presente, ocho de cada diez mayores pide continuar en su casa todo el tiempo que sea posible. Es entonces cuando «ellos renuncian a su vida» sin hacer ruido. Todo parece poco.

«Mi padre de 81 años cuida a mi madre con alzhéimer. Es muy duro»

Eva Sánchez posa con su madre, Isabel Acón.
Eva Sánchez posa con su madre, Isabel Acón. / DFB

Cuenta un antiguo niño de Santutxu que este matrimonio regentaba la mejor tienda de chucherías del barrio. Estaba cerca del polideportivo y al otro lado del mostrador nunca faltaba una sonrisa. El gesto sigue ahí, en el rostro de Isabel Acón, pero su mirada hace unos años que comenzó a navegar por aguas lejanas. Tiene 74 años y hace tres que el alzhéimer comenzó a desplegar esa niebla densa alrededor de sus recuerdos. A su lado despierta cada día José Antonio Sánchez, que se casó con ella hace 53 años. Ha cumplido los 81, pero se ve con fuerzas para cuidarla.

«Las cosas se complicaron cuando pasó de grado I a grado II de dependencia», relata su hija Eva, que cruza la calle a diario para estar con ellos. Al principio, su padre se encargaba de ayudarla a asearse y vestirse, pero cuando la enfermedad fue cobrando fuerza «empezó a negarse y a él le costaba mucho esfuerzo». Destinan los 300 euros que perciben de la Diputación a costear una ayuda domiciliaria que les resulta fundamental. «Una mujer, Josefa, viene una hora por las mañanas todos los días laborables». Pero la jornada es larga y tanto ella como sus cuatro hermanos están siempre disponibles para lo que haga falta.

José Antonio arrastra sus dolores de cadera y de rodilla, le han puesto un catéter y a veces su voz ronca deja escapar «un par de gritos» que mezclan el cansancio y el dolor de ver a un ser querido caminando hacia el infinito. «Han estado siempre juntos. Él nunca fue de cuadrilla, hacía todo con su mujer y con sus hijos. Si había que tomar el vermú, allí íbamos todos juntos», recuerda Eva.

La noticia del plan les gusta porque «quitará cargas a los cuidadores». «Todo lo que se pueda hacer, está bien. Es muy duro cuidar a un familiar con alzhéimer. Realmente, es muy duro con cualquier enfermedad. Es verles mayores, que no pueden valerse...», cuenta Eva, que sugiere la creación de grupos para compartir experiencias entre los cuidadores e informarse entre ellos.

El padre recarga fuerzas en estos momentos, justo lo que podrán hacer a partir de ahora miles de vizcaínos que se encargan de un dependiente. «Llevamos a mi madre a la Asociación de Familiares de Alzheimer y estos días han hecho una salida a Peñíscola. Ella ha ido encantada. Siempre cantan y hacen ejercicio», cuenta Eva. Un pulmón ocasional para un octogenario y una familia que está dedicada «las 24 horas» a Isabel.

Cuando vuelva, volverá a disfrutar con quienes mejor entienden su camino de manera natural. «Disfruta con los nietos. Le gusta mucho estar con ellos y todas las semanas pasan tiempo juntos». Y su bisnieta, que le sacará una sonrisa.

 

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