El Puente Colgante, una salud de hierro en su 125 aniversario

Radiante. El Puente Colgante, instantes después del encendido de la iluminación que estrenó en el año 2000 después de tres años de rehabilitación. /Noelia Martínez
Radiante. El Puente Colgante, instantes después del encendido de la iluminación que estrenó en el año 2000 después de tres años de rehabilitación. / Noelia Martínez

La emblemática estructura soplara velas el próximo día 28. Fue el primero del mundo en ser construido con una estructura móvil suspendida en el aire

DAVID PUNGIN

Más de un siglo después de su inauguración, el Puente Bizkaia, conocido popularmente como Puente Colgante, sigue presidiendo la entrada a la Ría de Bilbao como un mastodonte de hierro desnudo. El próximo día 28 cumplirá 125 años y Portugalete y Getxo lo celebrarán como si fuese el cumpleaños de un vecino ilustre.

La obra fue concebida por el arquitecto vizcaíno Alberto de Palacio a finales de los años 80 del siglo XIX. El autor se había propuesto idear una manera de unir las dos márgenes de la ría sin entorpecer o imposibilitar el paso de la navegación fluvial. Poco más de un lustro después, las autoridades portugalujas, en una misa solemne celebrada a bordo de la barquilla, inauguraban el primer puente trasbordador de la historia.

Pero la idea original de crear una pasarela por la que se deslizase de un lado a otro una estructura suspendida en el aire no fue del arquitecto vizcaíno. Alfedo Pérez Trimiño, investigador histórico con tres libros escritos sobre el Puente Colgante, aclara que ya en la Edad Media existía algún boceto para un trabajo parecido hecho de madera. «Además, veinte años antes de la consecución del proyecto de Palacio, se habían publicado dos diseños para erigir construcciones similares en Nueva York y en Middlesbrough», concluye.

Un reflejo de la historia

El Puente Bizkaia es una obra que aúna valor arquitectónico y funcionalidad. Esa conjunción no hubiese sido posible si Palacio, más artista que técnico, no hubiese contado con alguien que le pusiese los pies en el suelo. Esa persona fue Ferdinand Arnodin, un constructor de cables y puentes francés que con el tiempo logró el título honorífico de ingeniero. Las discusiones entre ambos eran habituales y, probablemente, fueron una de las causas por las que el proyecto tardó tres años en completarse en lugar de uno, que era lo que habían previsto. También triplicó su precio: de 300.000 pesetas presupuestadas terminó costando un millón.

La historia de Portugalete y Las Arenas podría contarse a través de las distintas obras de remodelación que se han realizado en el puente. Al principio, cuando se erigió, la margen derecha era una tierra sin edificar, casi una playa vacía. La burguesía vasca comenzó a trasladarse a esa orilla poco después de la construcción de la pasarela, como si esta fuese un símbolo de esos movimientos. Por aquel entonces, el motor que empujaba la barquilla era de vapor y estaba dirigido por un operario. «Veinte años después, la irrupción de la corriente eléctrica en la zona posibilitó que se cambiase por otro que utilizaba las dos energías», cuenta Javier Goitia, asesor técnico del trasbordador.

1. Grabado de la ría, navegable, hace un siglo. 2. Primer día de una nueva barquilla en 1964 . 3. El viaducto, destruido durante la guerra.

Con el estallido de la Guerra Civil llegó también el del puente. Los fascistas italianos intentaron bombardearlo, pero fracasaron. En cambio, un grupo de ingenieros del ejército republicano consiguió volarlo en junio de 1937 y el traveseño cayó. Las únicas que quedaron intactas fueron las dos torres. Irónicamente, Palacio murió en Las Arenas en 1939, poco después de que finalizase la contienda, y sus restos tuvieron que ser trasladados en una gabarra hasta Portugalete, donde descansan todavía hoy sin distinción alguna. El trasbordador volvió a estar operativo en 1941, cuando renació, de la mano del arquitecto José Luís Aracil, con el nombre 'Puente de José Antonio', en honor a Primo de Rivera. Pronto quedó en desuso.

Cuando la concesión del servicio cambió de manos, en los años 90, la plataforma sufrió una remodelación que la llevaría a compaginar sus usos tradicionales con las visitas de los turistas. Con el paso del tiempo se instalaron ascensores panorámicos y una nueva pasarela peatonal, por la que es mucho más fácil y seguro transitar. El antiguo motor dejó paso a uno digital que funciona de forma automática.

Del negro al rojo

Los últimos grandes cambios se realizaron en 2011. El más perceptible es el del color del puente, que del negro industrial que lo había vestido desde su creación pasó a enfundarse el 'Vena Roja Somorrostro', el tono óxidado del hierro, símbolo de la industrialización en Euskadi.

1. Travesía de la gabarra del Athletic en 1984. 2. Fue el primer puente del mundo con una plataforma suspendida. 3. El 'Sestao Knutsen' tuvo que retirar sus antenas para pasar.

Pero el reconocimiento internacional le llegó un poco antes. En 2006 la UNESCO le concedió el título de Patrimonio de la Humanidad. Fue el primer monumento vasco en conseguirlo. Trimiño, que participó en la redacción de los documentos que se enviaron a la institución supranacional para que tuviese en cuenta la candidatura, asegura que la importancia de la obra a nivel mundial ya fue transcendental en su época: «Después del de Portugalete, se construyeron más de 20 puentes en todo el mundo a su imagen y semejanza».

Hoy en día, 500 vehículos y 12.000 vecinos cruzan a diario la ría subidos al trasbordador y más de 100.000 turistas lo visitan anualmente. Su hierro sintetiza buena parte de la historia de Euskadi y la importancia de su materialización le asegura un lugar en la memoria arquitectónica del mundo por 125 años más, al menos.

En su contexto

1893
El 28 de julio de ese año se inaugura el Puente Colgante. Una semana después, la Infanta Isabel de Borbón acude a Portugalete y cruza la ría, entusiasmada, 6 veces seguidas.
400.000 remaches
El puente consta de cuatro torres de 61 metros de altura, un travesaño horizontal de 160 metros y casi un centenar de cables de sustentación y anclaje que mantienen toda la estructura. Como ejemplo de su complejidad, necesitó 400.000 remaches en su construcción.
La guerra
En junio de 1937 el ejército republicano voló el travesaño superior para dificultar el avance de las tropas franquistas. En 1941 fue reconstruido mediante una compleja operación de ingeniería, construyendo el nuevo travesaño desde el centro hacia las torres laterales.
5
son las barquillas que ha tenido el Puente Colgante. La última data de 1998, funciona de modo ininterrumpido todo el año y puede transportar a doscientas personas y seis vehículos.
Patrimonio mundial
En 2006 el viaducto se convirtió en el primer monumento de Euskadi calificado como Patrimonio de la Humanidad. Recibió el título de la UNESCO y fue también el primer monumento industrial de España que obtuvo este reconocimiento. A partir de ahí ha sumado distintos galardones, como el Premio Archival España de rehabilitación.
La vuelta al planeta
El puente se estrenó para transportar a medio millón de pasajeros que cruzaban anualmente la ría en botes de remo. Hoy es usado por más de 4 millones de personas y la distancia recorrida por la barcaza en estos 125 años cubriría más de treinta vueltas al planeta.

 

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