«Los profesores tendrían que ser nuestro faro contra el acoso escolar»

«Los profesores tendrían que ser nuestro faro contra el acoso escolar»

843 menores vascos recurrieron en 2018 al teléfono público y gratuito para contar sus problemas

Jesús J. Hernández
JESÚS J. HERNÁNDEZ

Hay un teléfono al que pueden recurrir los menores en apuros. Es el 116111 y allí dan respuesta «a los problemas, inquietudes o dudas que puedan tener nuestros menores o los adultos que les rodean», según explicó este miércoles la consejera de Empleo y Políticas Sociales, Beatriz Artolazabal. 'Zeuk Esan' es completamente confidencial. Las llamadas son gratuitas, anónimas y no dejan rastro en la factura.

Quizá por eso, durante el año pasado, 843 chavales recurrieron a él con 979 consultas, la segunda mayor cifra desde su implantación en Euskadi en 2010. Los seis primeros meses del año mantienen una tónica similar. Hay otros cauces en 'Zeuk Esan', como un blog, las redes sociales –Twitter, Instagram y Facebook–, el canal de Youtube y un buzón electrónico. Alguien podría pensar que esas fórmulas resultan más cercanas a los jóvenes, pero no es así. «Es el teléfono el método principal», apuntó Artolazabal.

¿Por qué llaman? «El número 116111 no es solo un teléfono en el que comunicar una situación de vulnerabilidad o posible desprotección infantil, además tiene vocación de servicio preventivo, de confidente discreto y efectivo ante una situación difícil, un pequeño o gran problema que no saben afrontar», explicó Artolazabal. Al otro lado del teléfono hay siempre un trabajador «con formación en psicología o educación social y experiencia en el trato con personas menores». «Este sistema es de gran utilidad para atender sus preocupaciones, sean los que sean y de todas las edades» ahondó la consejera, que anunció un nuevo logo y una campaña de difusión. El 116111 aparecerá en todas las agendas escolares del próximo curso.

Para conocer qué tipo de casos les llegan la mejor muestra está en su blog. «Mi hija está siendo acosada por otra menor en el colegio. Tiene 13 años. El centro me ha informado de que iban a investigar pero aún no me han dicho nada. La niña está fatal, apenas come, tiene muchas pesadillas y cada día le cuesta más levantarse ¿Qué podemos hacer? ¿Esto es bullying, no? Yo solo quiero ayudar a mi hija y que esto acabe». Es un ejemplo de la temática más frecuente, el acoso escolar. Una víctima de 17 años pide que «el profesorado sea el faro que luce en la niebla, que todos sepamos dónde está la ayuda, una tabla de salvación». Una llamada de atención que aboga por «cortar de raíz los microataques» que preceden abusos más graves. Hay situaciones más cotidianas, como un niño de cuatro años del que se ríe un grupo de mayores y asuntos de enjundia, como las drogas o la pérdida de la autoridad que precede a la violencia filioparental.

«No quiero que mi hijo o hija sufra». Es la frase más recurrente cuando son los progenitores quienes llaman. La adolescencia es una de las etapas más complicadas y requiere «los padres escuchen un 75% del tiempo», según el blog. Nada de sermonear y repetir discurso. «Que os sientan cerca sin invadir su espacio», sugieren. También hay consejos para el verano. «Las vacaciones deben ser el momento en que los chavales rebajan la exigencia y la actividad. Que no madruguen tanto». No se trata de enlazar colonias hasta septiembre, si es posible. Son buenos meses para «darles responsabilidades» en casa. Y, ante la duda, llamar.